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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

La librería (The Bookshop, 2017) de Isabel Coixet

La librería

En la librería, entre páginas.

Si hay una constante que podría unir todo el cine de Isabel Coixet es la búsqueda de arquitecturas especiales para contar sus historias. La plataforma petrolífera de La vida secreta de las palabras, el mercado o el hotel en Mapa de los sonidos de Tokio, la cueva y las estructuras vacías de Ayer no termina nunca, el iglú o la cabaña en Nadie quiere la noche… y, ahora, una librería con encanto. Y además juega con una metáfora absolutamente maravillosa, que ya engancha a todo amante de la literatura, los libros como casas… Los libros como refugio. Y en la película La librería, el libro es una reliquia que se toca, se siente, se disfruta… Y qué sitio alberga libros: un recinto que ya es reducto para románticos y solitarios, la librería, pero la librería con encanto con librera entregada que ama lo que ofrece. E Isabel Coixet ya ha mostrado su culto por el libro, si aquí adapta al cine la novela de Penelope Fitzgerald, La librería; no podemos olvidar su incursión en los escenarios teatrales en 2004 con la adaptación al teatro de una maravillosa novela epistolar sobre una librería y libros…, 84 Charing Cross Road.

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Vampiros aislados, fuera del sistema, viviendo en lugares fantasmas como Detroit o en ciudades donde se funde lo moderno y lo antiguo como Tánger. Vampiros que arrastran siglos de historia a sus espaldas, y eso pesa mucho. Que están cansados, que ya no entienden el mundo en el que viven, el mundo zombi. Viven al margen y solo se relacionan con los seres humanos cuando necesitan sangre incontaminada, 0 negativo a ser posible, por favor. Ahora, consiguen esa sangre en el mercado negro. Deshacerse de un cadáver ensangrentado es ahora demasiado aparatoso y no quieren llamar la atención sobre su existencia (antes podían beber y matar a su víctima, o beber y transformarla… otro vampiro solitario). La experiencia a través de los siglos les ha hecho eruditos, y también pesimistas. Tratan de buscar sentido a su longeva vida. Solo los amantes sobreviven y si además tienen una pasión o varias, mejor. A Adán (Tom Hiddleston) le puede sacar de su depresión existencial y sus impulsos suicidas, una canción hermosa. La música. O también es un amante de la ciencia. A Eva (Tilda Swinton) ponle un libro en las manos o déjala disfrutar de la naturaleza, de los pequeños detalles de la vida, del baile… y te dará cientos de motivos para seguir viviendo aunque sea fuera del sistema. Aunque vivan en el anonimato, casi como fantasmas. Y se regodeen en sus recuerdos pasados. Pero sobre todo, Adán y Eva, Eva y Adán, llevan siglos casados… y siempre se han amado.

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Adán y Eva, habitantes de la noche, se dejan acompañar tan solo de algunos humanos que les abastecen de sangre o que son guardianes de sus secretos. Y también se relacionan con otros vampiros. Por ejemplo el mejor amigo de Eva es ni más ni menos que Christopher Marlowe (John Hurt) y también le trae algún quebradero de cabeza (más a su amor, Adán), su díscola hermana Ava (Mia Wasikowska)… que no respeta nada y actúa como vampira sin complejos y sin escrúpulos. Se rodean de sus pasiones, son buenos coleccionistas, así a Adán le ha dado ahora por las guitarras eléctricas y siente devoción por los discos de vinilo; y Eva tiene una colección de libros… así en cada viaje realiza una selección de títulos. A Eva le gusta mucho bailar. Si algo les distingue en su vestuario respecto a los zombis son siempre sus guantes… Sibaritas como son, no solo juegan al ajedrez, son manitas con los circuitos eléctricos o son unos contadores de historias muy especiales sino que también beben la sangre en elegantes petacas, copas de cristal e incluso elaboran jugosos helados. Como tienen todo el tiempo por delante, Eva vive en Tánger y Adán en Detroit. Pero un día Eva llama a su Adán (emplean las nuevas tecnologías) y nota su depresión y decide viajar hasta Detroit para estar con su amado. Ella le cuenta a Marlowe que siempre ha sido así pero que se agudizó su melancolía desde sus veladas con los románticos, Lord Byron, Mary Shelley, Percy Bysshe Shelley… Adán es extremadamente sensible y depresivo.

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Dos acontecimientos les harán salir de su apatía respecto su inmortalidad y preferir seguir amándose (como siempre lo han hecho) porque solo los amantes sobreviven a morir lentamente (sobre todo cuando se les complica la consecución de la sangre en el mercado negro)… Por un lado su tranquila y monótona vida en Detroit se trastoca con la llegada de Ava, su comportamiento los convierte en fugitivos, de nuevo. Y por otro ver muy de cerca cómo se apaga lentamente la vida de un buen amigo…, saber que su historia tiene un final, que no son inmortales, solo viven mucho más que los demás.

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Jim Jarmusch recrea un mundo aislado y fantasmal para sus vampiros tanto en sus hogares como en esa ciudad decadente que es Detroit o esas callejuelas laberínticas que conforman Tánger. Y es detallista, minucioso, cuidadoso… Esa pared de antepasados de Adán es una belleza. Son los representantes de un arte que los mantiene vivos. Artistas que en cierto modo estuvieron también fuera del sistema. Ellos mismos, los vampiros, son creadores… pero como viven en el anonimato, han ‘dejado’ sus grandes obras a hombres que han adquirido nombre, fama y eternidad. Hacen continuas alusiones y guiños (Marlowe escribió las obras más famosas de Shakespeare, Adán compuso un adagio para Schubert). Lo más increíble es que Jarmusch, autor también (amante de la música y la literatura, grandes protagonistas en la vida de los vampiros), deja una obra cinematográfica que es absolutamente moderna y antigua a la vez. Y esa mezcla es explosiva, sugerente, hipnótica…, genial.

Y es que los románticos vampiros con guantes de Jim Jarmusch, personajes libres de su ya particular y personal filmografía, son solitarios, depresivos, fuera del sistema… pero aman la vida y el arte. Y además hay algo que no pierden, un elegante sentido del humor.

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