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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Tarzán en Acapulco

Una familia de leyenda… y su grito de identidad

Johnny Weissmuller es una figura trágica que está unida, sin embargo, a recuerdos felices de mi infancia. Recuerdos de un cuarto de estar, una pantalla blanca, un proyector de 16 mm y un abuelo que nos traía todos los domingos películas de alquiler. Y la serie de películas de Tarzán era protagonista de muchos de esos días. Y me recuerdo de niña pasándomelo bomba con Tarzán, Jane, Boy y Chita y tapándome los ojos cuando temibles tribus africanas atrapaban a los expedicionarios protagonistas y a sus pobres ayudantes en un continente de decorados… y los crucificaban en esas palmeras cruzadas, y cortaban las cuerdas para que murieran despedazados. ¡Me parecía un horror! Luego algo más mayor leí sobre la propia vida de Weissmuller y como visitó centros psiquiátricos donde seguía dando su famoso grito de identidad, de rey de la jungla… y me pareció toda una tragedia. Y ahora ese recuerdo y Weissmuller vuelve de nuevo a mi cabeza con Tarzán en Acapulco, donde Marcos Ordóñéz construye una novela a partir de una triste realidad: la muerte de Weissmuller en Acapulco.

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karoo

Karoo es una novela póstuma de un guionista de cine y ha sido toda una sorpresa para la que escribe estas líneas. Steve Tesich crea un personaje que navega por un humor cínico, desencantado y negro para contar una tragedia que congela la sonrisa. Karoo es la Odisea interior de un personaje que camina hacia una redención imposible pero que no se da por vencido.

Saul Karoo es un reescritor de guiones (y a veces también vuelve a montar películas) en Hollywood. Sabe que a lo largo de su carrera ha ‘destrozado’ buenas obras cinematográficas y con otras ha hecho lo que ha podido… Él es millonario, alcohólico, mentiroso compulsivo y su vida emocional y personal es un auténtico desastre. Tiene unos cincuenta años, un hijo adoptivo al que no puede evitar hacer daño y una mujer de la que se está separando. Un productor al cual odia le hace un encargo: tiene que volver a montar entera una película de un prestigioso director que se está muriendo. Karoo sabe que es una obra maestra… pero mientras la está viendo escucha la risa de un personaje secundario, una camarera… Y entonces un recuerdo regresa a su mente. Ahí arranca esta novela que engancha desde las primeras páginas y que cuya trama es mejor no desvelar… pero está ¡tan bien contada!

… Saul Karoo es el narrador pero una cosa es lo que él nos va contando… y otra es la historia ‘oculta’ que el lector va descubriendo entre líneas. Y esa doble lectura es desgarradora y ahí se va construyendo una tragedia humana y personal que abofetea. Tras la risa, la bofetada. La sonrisa se va congelando. La dimensión que van alcanzando todos los personajes, que en esa doble mirada, se van humanizando dolorosamente (como le ocurre al propio Karoo) convierten la lectura de la novela en una buena experiencia. El lector descubre cómo ante un personaje con un humor cínico, a veces cruel, se va desvelando otra historia que te hace emocionarte y llegar a una catarsis desoladora donde nos enfrentamos a una soledad y un desarraigo brutal, a una búsqueda de un sentido de la vida con angustia… y a unas páginas finales que te dejan mudo porque te rompen. Porque Karoo además es un  ‘canto de sirena’ al acto doloroso y maravilloso de la creación, del arte de contar historias, de entender la vida, de cómo actuamos, de cómo amamos y nos relacionamos.

Y se nota cómo Steve Tesich sabía construir personajes, crear historias y cómo conocía el mundo del cine, de Hollywood, del que también ofrece un retrato entre divertido y amargo en Karoo… Tesich ganó un Oscar al mejor guion en 1979 con una película de Peter Yates, ahora olvidada (yo no la he visto), El relevo. Otro de sus guiones fue el El mundo según Garp, una adaptación de la novela de John Irving. Y dejó una novela que te sumerge en el arte de crear buenas historias con buenos personajes, historias que llevan a la cartarsis, que te hacen sentir…

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