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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Negación

Negación es una película que plantea varios temas interesantes. Es una película solo correcta en lo formal (aunque bien resuelta), pero es su contenido lo que da valor a esta propuesta cinematográfica (además de contar con una serie de actores con carisma que construyen sus personajes y les proporcionan matices: Tom Wilkinson, Timothy Spall, Rachel Weisz y Andrew Scott). Lo primero, da importancia a la Historia y a lo difícil que resulta ser un buen historiador. Da valor a esas profesiones, como filósofo o historiador, que cada vez se quieren relegar más o despojarlas de su importancia y utilidad (no hay más que ver cómo sufren estas asignaturas en los planes de estudios… junto a la literatura, las lenguas ¿muertas?… etcétera). Segundo, expresa para qué sirve el debate, inteligente y bien construido, con bases serias… Si no es así el debate no se convierte en algo constructivo, sino en algo inútil (y es una postura válida el silencio ante ciertas personas). Tercero, el empleo de algunas personas de los medios de comunicación como escenario de vodévil (y por otra parte cómo ese uso está establecido también por los distintos formatos) y cómo los mensajes lanzados pueden hacer mucho daño en la construcción de un discurso. Cuarto, un punto complejo y polémico: devolver la confianza de ciertas profesiones donde las malas prácticas de algunos se generalizan a toda la profesión y a todos los que se dedican a ello (dígase: abogados, periodistas, políticos, profesores… y un largo etcétera). Es decir, la política se puede hacer bien; se puede actuar bien en los tribunales; se puede hacer buen periodismo… y ahora mismo hay buenos profesionales intentándolo día a día aunque las estructuras creadas lo pongan muy difícil o se encuentren con todo tipo de obstáculos. Denigrar continuamente estas profesiones o no confiar en que puedan llevarse correctamente no es bueno para la sociedad. El secreto también está en conseguir formar, con las estructuras adecuadas, a buenos profesionales, y en dar a conocer buenas prácticas reales (igual que se conocen las malas). Y quinto, y quizá lo más interesante (sobre lo que realmente trata la película), el tratamiento de la libertad de expresión: una cosa es expresarse libremente y otra muy distinta es mentir para dar validez a lo que se piensa…

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juegodepespias

… Si algunos edificios o paredes pudiesen hablar… Y esta frase que tanto hemos escuchado cobra todo su sentido cuando en el documental Juego de espías la cámara viaja por un enorme edificio vacío pero escenario en tiempos pasados (y cercanos) de muchas historias. Y ese edificio es la Estación Internacional de Canfranc (Huesca), una estación de ferrocarril fantasma casi en la frontera de Francia.

Juego de espías se centra en una de esas historias donde fueron muchos los protagonistas. De las imágenes de la estación en la actualidad e infografías pasamos a fotografías de distintas épocas hasta llegar a 1940, y poco a poco, con la tensión de un thriller surge la narración de un acontecimiento: el nacimiento de una red de espías en la que operaban hombres y mujeres aragoneses, vascos y franceses para facilitar al Servicio de Inteligencia británica información crucial —sobre los movimientos de las tropas nazis y sobre las mercancías que entraban y salían— para el curso de la Segunda Guerra Mundial. Mujeres y hombres que trabajaron en el anonimato más absoluto poniendo en riesgo sus vidas y la de sus familias por la causa de los aliados y para luchar contra el nazismo. Mujeres y hombres de diferentes ideologías políticas, creencias y profesiones que hacían llegar tras una compleja red de comunicación la información. Y todo esto en un país neutral que vivía además una dura posguerra y una dictadura férrea.

El documental reconstruye un periodo de la historia desconocido y sepultado (que ahora a través de la literatura, de libros de historia, de series de televisión o de documentales como éste se está dando a conocer más)… y es puro periodismo de investigación. En busca de testigos y familiares, de testimonios, de documentación… terminamos oyendo hablar a las paredes. Así el periodista aragonés Ramón J. Campo, especialista en Canfranc, parte de sus investigaciones (que ha recogido en varios libros como El oro de Canfranc o La estación espía) para desenterrar una historia apasionante.

El realizador Germán Roda emplea varios recursos visuales además de las entrevistas a testigos, antiguos espías (donde nos encontramos, entre otros, a una entrañable abuela llamada Lola, que cuenta los hechos con una naturalidad que desarma o la dulzura de Simone que era una niña que junto a sus padres formaban parte de la red), familiares (como Emilio Astier, el nieto de uno de los espías que trata de reconstruir la vida de su abuelo y nos dice que entre la memoria y el olvido, él elige la memoria),  y especialistas que crean un relato ágil (y abren el apetito al espectador interesado dejándole con ganas de más…). A las fotografías de época e infografías se intercala además animación que recrea las acciones y actuaciones de los espías. La animación recuerda a esos dibujos que se realizaban en los juicios para reflejar las sesiones. Y es que precisamente parte de la información de este ‘juego de espías’ y que confirma la existencia de esta red es el sumario de un juicio en plena dictadura… viejos papeles que hablan… sobre una red de espías que fue desmantelada y cómo fueron detenidos y encarcelados varios de sus integrantes…

Volvemos a la estación internacional de Canfranc e imaginamos lo que pudieron vivir los protagonistas de esta historia desenterrada. Rescatamos las voces de las paredes. Pensamos en esos viajes en tren a San Sebastián, Zaragoza o Madrid o esos encuentros en viejas cafeterías o en calles bulliciosas para intercambiar mensajes… Hombres y mujeres que aun viviendo la más dura de las posguerras y una dictadura se convirtieron en espías para luchar contra el nazismo.

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