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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Me regalé la víspera de mi cumpleaños, el sábado por la noche, el visionado de La puerta del cielo en la edición de blu ray. Había sido uno de mis regalos de Navidades, pero no había encontrado el momento de verla entera, sin cortes. Me sirvió para darme cuenta de que la seguía amando…

La puerta del cielo

Ella y James, un amor libre

Razón número 1: … incluso las sombras

Hay toda una leyenda y unas cuantas certezas detrás de La puerta del cielo… Se puede bucear por la historia tras las cámaras en varias fuentes. Desde el documental que aporta los extras del blu ray, Final Cut: cómo se hizo y se deshizo La puerta del cielo. Hasta la descripción del tormentoso rodaje que proporciona Moteros tranquilos, toros salvajes de Peter Biskind. O también los datos que proporciona sobre el rodaje Juan Tejero en el primer volumen de ¡Este rodaje es la guerra!

La puerta del cielo se señala como el ocaso de lo que supuso el Nuevo cine americano o Nuevo Hollywood. Una segunda etapa dorada de Hollywood donde el director se convirtió en autor y estrella, donde se apostó por el cine más como arte que en su faceta de entretenimiento e industria. Su fracaso de público y crítica también marcó la caída de los grandes estudios de la época dorada (lo pasó realmente mal y fue crítica la situación en que se quedó United Artists). Por otra parte, tiñó de director maldito a Michael Cimino que había sido encumbrado con El cazador y hundido con La puerta del cielo… y nunca volvió a levantar totalmente la cabeza. La cantidad de celuloide filmado y una obra final de cinco horas hizo que ante el terror de la hecatombe el propio director cortara y cortara…, así exhibió en los cines una versión de 148 minutos. Ahora la del blu ray es bastante más extensa, sin llegar a las cinco horas. Estos cortes y montajes hace que el espectador tenga que hacer un esfuerzo intelectual para reconstruir la historia… para soñarla. Para entender relaciones y personajes.

Así se convierte en apasionante el análisis entre bambalinas de la película. Y entender qué supuso realmente y que pasó para que se percibiese como una película mala y descabellada… Pero lo que se vislumbra finalmente es una de las obras imperfectas e inacabadas más hermosas. La puerta del cielo es melancólica, incómoda, nostálgica, romántica y tremendamente triste.

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Tres mujeres patológicas emocionales protagonistas de tres películas que adquieren su personalidad por los magníficos personajes que desempeñan tres actrices que se arriesgan, hasta el límite: Joan Crawford, Catherine Frot y Isabelle Huppert. Y además tres películas que tienen mucho que analizar tanto en la forma como en el contenido. Tres mujeres encerradas en sus personalidades… y donde las casas adquieren un protagonismo importante. Son sus refugios, tanto para lo bueno como para lo malo…

La envidiosa (Harriet Craig, 1950) de Vincent Sherman

La envidiosa

Joan Crawford es la Harriet Craig del título. Y no la importa crear un personaje desagradable y antipático, pero además conseguir entenderla y compadecer su soledad. Más que envidiosa (título poco afortunado), Harriet es una personalidad femenina compleja que busca con brazo de hierro una seguridad férrea en el hogar conyugal. Dominar el hogar, la casa, que todo esté impoluto, ordenado, milimétricamente colocado y ella perfecta… en cada instante. Que ese hogar no lo visite nadie que ella no controle. Y un marido que trabaje, que llegue a casa, que esté tranquilito y que no necesite nada más que una esposa perfecta. Todo bajo control, que nada se resquebraje. Y si algo atenta contra esa seguridad, ella será capaz de la manipulación y la mentira, de todo lo que sea necesario.

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enotropais

En otro país ha sido mi primera incursión en el cine del director y guionista coreano Hong Sang-soo y también la primera vez que una obra de este cineasta se ha estrenado en salas de cine en este país. Algunos espectadores además de conocerle por su paso en festivales nacionales, quizá hayan disfrutado de un cofre de dvds con cinco de sus películas editadas también aquí (Noche y día, Mujer en la playa, Un cuento de cine, La puerta de la vuelta, La mujer es el futuro del hombre), no es mi caso. La sorpresa ha sido muy grata. Un aliciente para ver más películas suyas. En otro país me pareció no sólo una película fresca y libre sino también tremendamente divertida y entrañable. O por lo menos yo no paré de reírme. Hacía tiempo que no me sentía tan bien en una sala de cine. Y bajo su aparente sencillez esconde una estructura y construcción más compleja de lo que parece.

No es fácil contar el argumento. Una madre y una hija huyen de las deudas que ha provocado un familiar cercano… ante la angustia la hija, que es una estudiante de cine, se sienta a escribir un cortometraje. En ese cortometraje hay una mujer extranjera, francesa, que visita la playa de Mohang y que se hospeda en un pequeño y acogedor edificio. Esta mujer busca un pequeño faro, se encuentra con un amable socorrista (que por las noches trabaja en el hotel encendiendo las brasas de las barbacoas y que vive en una tienda de campaña al lado del mar), tiene importancia en la historia un paraguas o una botella de soju y es atendida siempre con dulzura por la hija de los dueños del sitio donde se hospeda. Ese cortometraje se repite tres veces con tres mujeres extranjeras que se llaman Anne. Cada una distinta pero que se cruzará con los mismos personajes, objetos, paisajes, situaciones, anécdotas… y alguna que otra variación (como un nuevo personaje o una nueva situación). La mujer extranjera tiene el rostro de Isabelle Huppert pero con distinta vestimenta: primero viste de azul, después de rojo y más allá un vestido negro con motas verdes. Primero es una directora francesa de éxito, después es una mujer que va al encuentro de su amante coreano y por último es una mujer abandonada por su marido que se ha ido con una coreana.

Y en estas tres variaciones Isabelle Huppert disfruta de lo lindo (como los demás actores coreanos) y crea tres personajes diferentes. Y ya sólo por verla a ella merece la pena. Parece que no pasa nada y pasa de todo. Parece que no se habla de nada y se habla de todo. Ríes pero también sientes cierta melancolía… porque sus personajes ficticios están atrapados en un paraje solitario y sufren. Como dice uno de los personajes va a filmar ahí una película y va a tratar descubrir de dónde viene el sufrimiento. En las tres historias se habla de mujeres, hombres, celos, sexo, abandonos, amantes, borracheras, la posibilidad de una historia, se pierden objetos y se encuentran, se piden y se dan besos, se canta una canción, se escribe una carta e incluso se sueña que viene el amado o se habla con una cabra.

Otra de las peculiaridades de la película es mostrar a la perfección la sensación de ser una extranjera en un país con un idioma muy distinto y una cultura diferente. Las conversaciones, malentendidos, sonrisas y situaciones extrañas que se producen. Pero también la sensación de poder buscar un faro pequeño, pasear, encontrarse con un amable socorrista, hablar con un monje… y sentirse de alguna manera totalmente libre.

Una película sencilla y compleja a la vez donde el director y guionista rompe con la narrativa cinematográfica habitual (y juega a la ficción dentro de la ficción) pero además se siente el conocimiento y el amor de este creador coreano hacia el cine de la Nouvelle Vague y algunos de sus directores. Yo me senté y disfruté como espectadora ante una imagen icónica de una Isabelle Huppert de espaldas andando con un paraguas azul… sea vestida de azul, de rojo o de negro con motas verdes.

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