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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Negación

Negación es una película que plantea varios temas interesantes. Es una película solo correcta en lo formal (aunque bien resuelta), pero es su contenido lo que da valor a esta propuesta cinematográfica (además de contar con una serie de actores con carisma que construyen sus personajes y les proporcionan matices: Tom Wilkinson, Timothy Spall, Rachel Weisz y Andrew Scott). Lo primero, da importancia a la Historia y a lo difícil que resulta ser un buen historiador. Da valor a esas profesiones, como filósofo o historiador, que cada vez se quieren relegar más o despojarlas de su importancia y utilidad (no hay más que ver cómo sufren estas asignaturas en los planes de estudios… junto a la literatura, las lenguas ¿muertas?… etcétera). Segundo, expresa para qué sirve el debate, inteligente y bien construido, con bases serias… Si no es así el debate no se convierte en algo constructivo, sino en algo inútil (y es una postura válida el silencio ante ciertas personas). Tercero, el empleo de algunas personas de los medios de comunicación como escenario de vodévil (y por otra parte cómo ese uso está establecido también por los distintos formatos) y cómo los mensajes lanzados pueden hacer mucho daño en la construcción de un discurso. Cuarto, un punto complejo y polémico: devolver la confianza de ciertas profesiones donde las malas prácticas de algunos se generalizan a toda la profesión y a todos los que se dedican a ello (dígase: abogados, periodistas, políticos, profesores… y un largo etcétera). Es decir, la política se puede hacer bien; se puede actuar bien en los tribunales; se puede hacer buen periodismo… y ahora mismo hay buenos profesionales intentándolo día a día aunque las estructuras creadas lo pongan muy difícil o se encuentren con todo tipo de obstáculos. Denigrar continuamente estas profesiones o no confiar en que puedan llevarse correctamente no es bueno para la sociedad. El secreto también está en conseguir formar, con las estructuras adecuadas, a buenos profesionales, y en dar a conocer buenas prácticas reales (igual que se conocen las malas). Y quinto, y quizá lo más interesante (sobre lo que realmente trata la película), el tratamiento de la libertad de expresión: una cosa es expresarse libremente y otra muy distinta es mentir para dar validez a lo que se piensa…

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Esas otras voces en la guerra que muestran los daños y horrores de esas contiendas a las que arrastran a los seres humanos políticas e ideologías que no construyen, sino que derrumban, destruyen y matan. Y dos películas que tratan los estragos de la Segunda Guerra Mundial desde otra perspectiva, otras miradas, otras voces…

Juegos prohibidos (Jeux interdits, 1952) de René Clément

Juegos Prohibidos

Atrapar el universo de la infancia no es tarea fácil. Pero, de pronto, hay realizadores que con un lazo lo atrapan y cuentan una historia con una mirada de ese niño que nunca nos abandona. Así ocurre con René Clément y sus Juegos prohibidos. Con una sensibilidad especial se introduce en el mundo de dos niños, Paulette y Michel, y muestra cómo la muerte se ha instalado en su día a día, en su cotidianidad. Así el realizador francés deja una película durísima pero de una belleza especial.

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elhijodesaul

En 2007 el director húngaro László Nemes realizó el cortometraje Türelem (With a little patience. Cortometraje que he podido descubrir y ver a través de la Red gracias a la referencia que realiza Carlos F. Heredero en su crítica sobre la película en la revista Caimán del mes de enero), y ahí ya estaba la semilla de cómo rodar, cómo contar, El hijo de Saúl. En este cortometraje, en el que no hace falta la palabra, el joven director trabaja con el formato cuadrado, sin apenas profundidad de campo, y rodando en plano secuencia. La cámara acompaña el deambular de la protagonista. Una joven oficinista, burócrata, que se encuentra en un bosque donde un hombre le hace entrega de un objeto; ella vuelve a una oficina perfectamente organizada y aséptica y mientras realiza mecánicamente su trabajo no deja de mirar el obsequio, un bonito broche. En la oficina los demás trabajan, se oye una ópera que está poniendo un compañero en un gramófono, y de pronto se acerca a una ventana abierta que da a parar a ese bosque… y el plano secuencia se rompe para filmar lo que allí ocurre: los sonderkommandos dirigen, bajo la mirada de los SS, a un grupo de judíos para que se desvistan… antes de su exterminación inminente… La oficinista cierra la ventana y antes cruza la mirada con un oficial, que es sin duda el hombre que le ha hecho el obsequio. Brutal.

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phoenix

Nota: Si todavía no la has visto, no leas este post pues desvelo partes de la trama. Y esta película es para verla sin saber absolutamente nada.

… Desde el principio surgen las tristes notas de Speak low, una canción que dota de una circularidad perfecta a Phoenix del alemán Christian Petzold. Las notas tristes de los créditos nos devuelven a una mujer sin rostro y esa misma mujer, reconstruida, recuperará la voz en un final, hermoso y triste por igual, que esconde un reconocimiento que abre una puerta (a la vez que la cierra). Un reconocimiento que rompe y rasga, que dota de todo su significado el periplo de Nelly, la protagonista (Nina Hoss)…, un reconocimiento que remueve al que mira. La sensación es algo así como ese reconocimiento de la florista, en un pasado reciente: ciega, cuando toca el rostro del sin hogar, que sonríe triste al ser “descubierto” por el ser amado en Luces de la ciudad.

Solo que en Phoenix hay unas gotas de cine negro en color y raudales de desencanto. Solo que en Phoenix es la historia imposible de recuperar un amor fantasma del pasado para poder vivir y enfrentarse a un presente insoportable. Solo que Phoenix es una película sobre cómo reconstruir una identidad arrebatada brutalmente. Solo que Phoenix es cómo ocultar un pasado que avergüenza, bien por sentimiento de culpa, por el silencio o por ser partícipe…

Nelly regresa sin rostro de Auschwitz… y lo único que la ha mantenido viva es seguir enamorada del tiempo que vivió con Johnny (Ronald Zehrfeld), su marido. Ella era cantante. Él, pianista. Nelly le busca, necesita ser reconocida… aunque su amiga Lene (Nina Kunzendorf) le recomienda que empiece desde cero (irse ambas a Palestina), incluso un cirujano le dice que casi es mejor reconstruirse un rostro nuevo… Hay sombras de traición sobre Johnny… que Nelly se niega ni siquiera a escuchar. Solo quiere ser la Nelly de antes del campo de concentración, ser ella misma. Y un día andando, en busca de su marido, por un Berlín en ruinas entra en un cabaret, su nombre brilla en luces de neón como una aparición entre tanta desolación, Phoenix…, allí recibirá otro mazazo a su identidad rota cuando su propio marido, Johnny, no la reconoce. Y en ese instante una triste película de cine negro, a lo Robert Siodmak, sobre un amor imposible nacerá en cada fotograma… que recogerá ecos de Vértigo pero mucho más desoladores y tristes.

La pista sobre Robert Siodmak la aporta el propio director cuando en varias entrevistas le preguntan por sus referentes cinematográficos y no duda en nombrar a este realizador alemán, que después sería el creador de un cine negro especial en Hollywood. Un cine de luces y sombras en sus personajes y de amores trágicos, obsesivos e imposibles rozando el amor fou en ambientes en ruinas, con brumas de pesadilla. Así en Phoenix hay huellas de Luz en el alma y de la desolación y el desencanto que campan en Forajidos o El abrazo de la muerte… Christian Petzold atrapa para su historia la atmósfera que creaba su compatriota en estas películas de blanco y negro.

Los ecos de Vértigo están en el aire… Porque lo que Nelly trata es de resurgir de su pasado para poder de nuevo reconstruirse. Reconocerse. No quebrarse. No romperse definitivamente. Nelly quiere resurgir de entre los muertos. Aunque a ella misma le cuesta someterse al juego que propone su esposo, que no la reconoce pero sí intuye un parecido a una esposa que él da por muerta (pero no quiere saber ni cómo ni dónde ni por qué…, de esta manera se protege de la culpa y el remordimiento), que también quiere que regrese una Nelly sin traumas, que todos la reconozcan (que nadie guarde sentimiento de culpa)… Y quiere que todas la reconozcan por un motivo poco romántico, muy poco romántico. Ella misma es consciente de lo inverosímil que es bajar de un tren perfectamente maquillada, con un traje rojo y unos zapatos parisinos… Todos, por distintos motivos, quieren ahuyentar el horror, borrar la huella…

Nelly quiere recuperar lo perdido, ser aquella Nelly profundamente enamorada… hasta que otro hecho traumático la hace descubrir que no puede seguir viviendo esta ficción, que tiene que ponerle un final… Lo trágico es que a veces ambos, ella y él, sienten irremediables ganas de hundirse en la ficción que están creando para huir cada uno de sus pesadillas… Las miradas lo dicen todo. La llegada de un tren con una sombra del pasado y el encuentro serán perfectos… porque nada les gustaría más que ese pasado próximo no hubiese irrumpido en su historia… pero sobre todo Nelly sabe, en ese momento, que ya es demasiado tarde… y entiende que no puede recuperar algo que ya no existe (y quizá ni siquiera existió).

Phoenix haría una buena sesión doble con Ida del polaco Pawel Pawlikowski porque las dos en cierto sentido hablan de identidad y de cómo un pasado rompe y desgarra, de lo difícil que es enfrentarse al presente. Porque las dos muestran rostros de mujeres que, cada cual a su manera, tratan de reconstruirse (Ida y Wanda/Nelly y Lene). Y como a veces los más fuertes esconden un daño que les quiebra definitivamente y cómo los aparentemente más débiles consiguen, finalmente, reconstruirse por extraños caminos. Y porque las dos películas se plantean diferentes formas de cómo representar o acercarse al horror del Holocausto y a las secuelas posteriores.

La canción de Kurt Weill, que envuelve su banda sonora, avanza a través de la historia de Nelly. Y si las primeras notas las oímos en la absoluta oscuridad, con una mujer sin rostro… Nelly termina cantándola a la luz del día sintiéndose de nuevo, otra vez, ella y sin necesidad de ocultar su identidad y su pasado… pero ya es demasiado tarde, amor. Me has reconocido pero ya es demasiado tarde…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

laprofesoradehistoria

Esta película francesa logra que salgas de la sala con unas inmensas ganas de debatir y reflexionar. Así que su directora Marie-Castille Mention-Schaar (primer trabajo que veo de ella) logra una buena propuesta cinematográfica para hablar de la importancia de la historia como asignatura. Así queda un testimonio sobre la importancia de la escuela pública, de los buenos maestros con vocación y lo fundamental que es impartir asignaturas como historia desde una filosofía acertada: la historia no solo se aprende, no solo consiste en coger apuntes y memorizar fechas…, la historia se comprende, se entiende, se debate, se discute…, la historia enriquece al individuo, abre los ojos, recupera la memoria, hace reflexionar… ¿Qué herencia deja la historia? ¿Quién recoge esa herencia? ¿Cómo se transmite? ¿Cómo se aplica? ¿Quién la aplica?… Los adolescentes plurales, pertenecientes a una sociedad compleja y multicultural, son los herederos de la historia (… me resulta muy interesante la metáfora del título original de la película).

La profesora de historia parte de una situación real: los alumnos de una clase conflictiva y difícil de un instituto (Liceo Léon Blum) se presentan, animados por su profesora de historia, al concurso nacional de la Resistencia y la Deportación cuyo tema es: Niños y adolescentes en los campos de concentración nazis. Este trabajo colectivo repercute en la vida de los alumnos.

La película plantea un montón de temas interesantes y complejos… y quizá se deja llevar al final por una narrativa clásica hollywoodiense (digamos que tira por el camino más fácil) pero aun así no lastra la interesante propuesta cinematográfica. Por otra parte la directora toma en algunos momentos interesantes y efectivas decisiones para la puesta en escena de lo que quiere contar. El mismo punto de partida y la génesis de esta película llama la atención: uno de los alumnos que participó realmente en este concurso se puso en contacto con la propia directora, después de haber visto su primera película, con un esbozo de guion sobre ese acontecimiento de su vida. A ella le gustó esa historia y lo que le contó ese alumno… Y se puso en marcha el proyecto. No solo contactaron con la profesora sino que además el alumno, Ahmed Dramé, además de ser un importante asesor, actuó en la película como uno de los protagonistas, Malik.

La película arranca con una escena potente en la que muestra un conflicto en los pasillos del centro educativo y sitúa perfectamente lo que se nos va a contar. Una chica musulmana va con su madre, ambas con el velo, a recoger el certificado de selectividad. Por una parte tanto la jefa de estudios como el director les niegan el certificado y la entrada al centro porque llevan el velo… y se están saltando el principio de laicidad del instituto. Por otra parte la adolescente explica que ha respetado durante todos sus años de alumna ese principio y que ahora tan solo viene a por el certificado, y que ellos no están respetando su libertad de expresión, su derecho a ponerse el velo, su identidad… Así la película desde el principio plantea cómo las cuestiones no son ni blancas ni negras, cómo es difícil el diálogo, el punto de encuentro, y la posibilidad de enfrentar dos puntos de vista sobre una cuestión… Y nos sitúa en el centro educativo y en su universo multicultural. Esos pasillos, espacios educativos y aulas vacías, que enfoca la cámara varias veces… están habitados por unos individuos que se mueven en él: cuerpo docente, alumnos y padres, que dan un significado especial a este espacio y a lo que ocurre en él.

Después nos muestra el primer día de clase de una profesora de historia con años de experiencia y mucha vocación con unos alumnos conflictivos y difíciles. La profesora tiene el rostro de Ariane Ascaride (actriz habitual de las películas de su compañero Robert Guediguian). Y es la que se propone atrapar la atención de los alumnos y creer en ellos desde el primer día. Anne Gueguen, la profesora, no es derrotista y no piensa que sus alumnos no llegarán a nada, cada año es un reto que toma siempre con energía. Así que ese año trata de enganchar a esa compleja clase, presentándoles al concurso y haciendo un trabajo colectivo de recuperación de la memoria. Pero les deja ver que no solo es importante la forma que den a ese trabajo, sino que deben dotarlo de contenido, un contenido que sea una reflexión continua. Y el caso es que logra engancharles. Las fuentes a las que acuden son diversas: los libros, una visita a un museo sobre el genocidio, fotografías, los cómics, las películas… y el escuchar el testimonio de un superviviente. Esta es otra de las interesantes decisiones de Marie-Castille Mention-Schaar, introduce en la ficción el testimonio real del recientemente fallecido Léon Zyguel. Este hombre acude a esa clase ficticia y derrama sus palabras y su experiencia.

Marie-Castille Mention-Schaar esboza temas muy complejos pero los deja en un esbozo y finalmente se decanta por una narración de superación y premio al esfuerzo. Entre los esbozos está la presencia de un alumno, el único que abandona el concurso, que claramente se ve su implicación en el extremismo religioso lo que le impide involucrarse en un proyecto que va a remover (y reflexionar sobre) sus recién adquiridas creencias. Y otros interesantes esbozos se encuentran en los planteamientos y conflictos que viven cada día los alumnos de la clase de la profesora de historia, pero solo se ve la punta de esos conflictos. Por otra parte, sin embargo, sí que se empapa de cómo plantear una asignatura como la historia y sí que encuentra el sentido de esta clase en los institutos y universidades. La directora maneja un contenido interesante, complejo e inteligente… pero no encuentra la forma potente (tan solo en momentos concretos) para mostrarlo con fuerza.

La profesora de historia es, sin embargo, una interesante propuesta cinematográfica para después realizar una intensa sobremesa en una terracita…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Hace setenta años que el ejército soviético entró en el campo de concentración de Auschwitz y se topó con el horror: un campo diseñado para el exterminio de seres humanos.

En estos momentos coinciden en la cartelera dos películas alrededor de la Segunda Guerra Mundial que tocan diferentes aspectos: la primera se centra en la figura del matemático Alan Turing y la segunda narra la historia de un joven fiscal alemán, Johann Erdmann, que en 1958 en Frankfurt se topa con una historia y unos documentos sobre Auschwitz totalmente desconocidos para él…

Las dos nos plantean distintas miradas, momentos y perspectivas para afrontar y conocer detalles de la Segunda Guerra Mundial y ambas centran parte de su trama en los años cincuenta, cuando aún el final de la guerra estaba muy cerca. Una es de nacionalidad británica y la otra alemana. Las dos se sirven de una narrativa cinematográfica clásica y correcta pero ambas narran historias que atrapan y plantean temas y reflexiones necesarias.

Descifrando Enigma (The imitation game, 2014) de Morten Tyldum

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El director noruego Morten Tyldum pone en pie un biopic con las luces y sombras de un personaje atractivo, el matemático Alan Turing. Tyldum cuenta con un reparto acertado, una estructura cinematográfica efectiva y un personaje femenino desconocido, Joan Clerk, fuerte y tremendamente atractivo que aporta luz a la historia.

Como todo biopic muestra una mirada y un punto de vista, elude algunas partes de la historia del biografiado, hace hincapié en otras, ficcionaliza algunos aspectos, deja entrever ciertos puntos interesantes pero, al final, Descifrando Enigma logra despertar interés hacia la personalidad que retrata, Alan Turing.

El matemático tiene el rostro y la voz del actor británico Benedict Cumberbatch y en la película se estructura su vida en tres momentos cruciales que se entrecruzan a lo largo del metraje: su detención en 1952 por parte de la Policía donde se le condenaría por su homosexualidad. Su estancia en la escuela donde se haría amigo de un alumno más mayor que él, Christopher. Una amistad que le marcaría para siempre. Y por último (y el tramo más extendido) su trabajo, junto a otros compañeros (entre ellos una única mujer, Joan Clerk), para meterse en las entrañas de Enigma, una máquina con la que los alemanes creaban códigos con mensajes estratégicos para el curso de la guerra.

Varios son los elementos que me han atrapado de la trama. Primero cómo se sirve de la figura de Joan Clerk (Keira Knightley), más desconocida todavía que Turing y por lo tanto un buen vehículo para ficcionalizar, para tocar distintos aspectos de la personalidad de Turing y mostrar su cara más vulnerable y cercana. Así la película dibuja una interesante relación entre ambos donde los dos conectan y sus mentes se unen. Ambos tienen dificultades para salir a luz y poder desarrollar sus inteligencias: ella, por ser mujer en los años cincuenta y él por ser homosexual, además de otros aspectos de su personalidad que le hacen diferente como su dificultad en establecer relaciones emocionales con las personas, en los mismos años. Pero logran unirse. Ella sirve también como catalizadora para mostrar a un Turing destrozado e impedido para seguir trabajando con su inteligencia por la intrasigencia del momento.

Segundo, y quizá lo menos tocado –pero sí apuntado– por ser lo más espinoso, los tejemanejes durante la guerra entre los aliados, los intereses políticos y estratégicos, los trabajos de espías internacionales… que terminan además minando las relaciones de confianza que se establecen entre los jóvenes que se implican en el proyecto de descifrar Enigma. El máximo representante de este tramo es el personaje en la sombra de Mark Strong. Y unido a este punto el tercero, las implicaciones morales y las decisiones que se toman en una guerra desde la estrategia ‘jugando’ con la vida de los combatientes y civiles como si fueran las fichas de un tablero de ajedrez. Así en la película reflejan este hecho en un momento crucial: una vez descubierto el mecanismo de Enigma, todos se vuelven conscientes en un instante escalofriante de que no pueden evitar la destrucción de un objetivo militar (y las muertes que esto conlleva) pues dejarían al descubierto que han descifrado los códigos y su trabajo no serviría para absolutamente nada…

Y cuarto como a Turing no le sirve de nada su brillante inteligencia matemática para luchar contra la intransigencia de una sociedad. Los aliados acabaron con el horror nazi pero no con sus propias actitudes intransigentes y represivas que juzgan a un individuo por su sexualidad. Así a Turing le condenan o bien a la cárcel o al sometimiento de una castración química… y todo esto pudo con una mente privilegiada.

La conspiración del silencio (Im labyrinth des schweigens, 2014) de Giulio Ricciarelli

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La conspiración del silencio es el primer largometraje del director de origen italiano pero afincado en Alemania Giulio Ricciarelli y encara una historia potente desde una narrativa cinematográfica clásica. A través de un tono frío y austero pero donde deja asomar las emociones contenidas, una cuidada ambientación, y unos actores con carisma (entre ellos el joven alemán Alexander Fehling) aborda cómo se llevó a cabo el proceso de Frankfurt-Auschwitz que duró de 1963 a 1965. Es decir, refleja las bambalinas del proceso, cómo se pudo llevar a cabo. Este proceso supuso la detención de veintidós nazis que participaron en el horror de Auschwitz y diecisiete de ellos terminaron siendo condenados. La importancia de este juicio es que fueron los propios alemanes los que tomaron las riendas y trataron de terminar con el silencio de lo que ocurrió realmente en la Segunda Guerra Mundial y tomar responsabilidades sobre su actuación. Fueron los alemanes los que quisieron escuchar a las víctimas.

Durante el Gobierno de Adenauer, mientras se trabajaba por la reconstrucción de Alemania y su recuperación, también se impuso el silencio y el olvido. Tras los juicios de Nuremberg, que fueron realizados por los aliados, cayó el silencio y la falta de memoria. Se pretendía ese olvido para construir y avanzar, mientras por las calles, muchas víctimas heridas, amordazadas por la indiferencia, y muchos responsables nazis impunes ocupando puestos de poder u olvidando sus responsabilidades o sus horribles asesinatos. Así estos juicios durante los años sesenta fueron el primer paso para terminar con el silencio y muchos jóvenes alemanes se enfrentaron con su historia pasada.

La película La conspiración del silencio toma a un joven fiscal que vive en la ignorancia cómoda del pasado, Johann Erdmann, y cómo se enfrenta al pasado de su país al hacerse cargo de la investigación para llevar a cabo el proceso de Frankfurt. Johann Erdmann vive todo un proceso (de la ignorancia al conocimiento, a la desilusión y desesperación, a la herida de descubrir su propio pasado y el peso de su herencia, hasta continuar en la lucha) y se hunde en el laberinto y desesperación hasta que asume ese pasado y sobre todo, finalmente, se da cuenta de la importancia de que ese proceso se lleve adelante.

Hay un momento escalofriante y es el descubrimiento del joven Johann Erdmann en la embajada estadounidense de todo el archivo existente sobre Auschwitz porque los nazis dejaron absolutamente todo escrito con un lenguaje burocrático y frío. Cree que se llevará tan solo unas carpetas y de pronto le muestran todo un laberinto enorme de estanterías y documentación. También plantea y deja ver muchos movimientos estratégicos e intereses para que se pueda llevar a cabo la investigación, así el joven fiscal se obsesiona con el doctor Mengele y llega un momento en que quiere centrar su investigación en él, de tal modo, que pueda conseguir su detención. Se topará, sin embargo, con otros obstáculos con los que no contaba y que minan todavía más su temple…

La conspiración del silencios sigue planteando cuestiones, que no solo no pueden caer en olvido sino que es necesario continuar reflexionando.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

sobibor

Una manada de gansos grazna a un volumen altísimo provocando un ruido ensordecedor…, sería una imagen idílica y ruidosa a la vez si no fuera por el contexto. Esta imagen aparece en el documental de Claude Lanzmann, Sobibor, 14 de octubre 1943, 16 horas mientras un superviviente, Yehuda Lerner, relata cómo los nazis criaban estas manadas de gansos para que con sus graznidos no pudieran escucharse los gritos de las víctimas… cuando realmente se daban cuenta de que entraban en Sobibor para morir en cámaras gas… Algo que ya les habían advertido durante el viaje en tren pero que no habían creído. Para todos era imposible. Nadie podía creer tal brutalidad.

Después de la proyección del documental (dentro del ciclo Una mirada a la oscuridad en La Casa Encendida), hubo un coloquio con Carla Uriarte, psicóloga clínica y social, responsable de apoyo psicosocial a los equipos de Médicos sin Fronteras en contextos de riesgo en Yemen, Somalia, Kenia, Sudán del Sur, Palestina, Colombia, que aportó matices y miradas para enriquecer el visionado del documental.

Carla Uriarte, a través de su mirada, dio con las tres claves del documental:

1.- La importancia de la narración oral. Claude Lanzmann retoma una entrevista que realizó a un superviviente en 1979 para su documental Shoah (1985). Se trata de Yehuda Lerner, que narra el único levantamiento con éxito en un campo de concentración. El título del documental es el lugar, la fecha y la hora exacta en la que se produjo. Lanzmann reproduce esa entrevista y el primer plano de Yehuda domina el documental. Sus ojos azules pequeños y su sonrisa mientras nos cuenta una historia estremecedora.

Carla Uriarte explicó que una de las herramientas para trabajar con las víctimas en las zonas de conflicto es su relato, su narración de los hechos, cómo cuentan lo sucedido, qué cuentan, cómo lo expresan, el lenguaje verbal y no verbal… Yehuda Lerner es la palabra viva, la memoria recuperada. Participó en un hecho que le permite dar un sentido a lo que le ocurrió, a qué, cómo y por qué lo hizo. Su narración atrapa al oyente, al espectador.

Durante la entrevista podemos ver sus gestos y un poso de orgullo de haber participado en este levantamiento, haber tenido éxito y de alguna manera haber podido ‘hacer justicia’ a todas las víctimas exterminadas en Sobibor. En el levantamiento mataron a dieciséis oficiales alemanes. Con hachas. Yehuda Lerner era prácticamente un adolescente y recuerda cómo tras el levantamiento salió corriendo campo a través y del agotamiento cayó dormido bajo las estrellas… Ahí termina su relato.

2.- La creación del ‘otro’. En un momento de su relato, Lerner dice que no perdían nada. Les habían despojado de su dignidad, de sus identidades y eran hacinados y tratados peor que animales salvajes. Preferían morir en el levantamiento, que en una cámara de gas. En este genocidio y en todos los que ahora mismo se están produciendo: ¿cómo es posible que unas personas lleguen a despojar a otras de toda humanidad hasta tal punto de no sentir ningún reparo ni mala conciencia en la exterminación? ¿Cómo es posible que unos ejecuten esta exterminación y otros ciudadanos de bien miren hacia otro lado?… y aquí no ha pasado nada.

En el momento que se crea al ‘otro’. Al que es distinto a ti y se le va despojando de toda humanidad hasta que se logra justificar el ‘peligro de su presencia’. Es un mecanismo psicológico que no ha dejado de funcionar. El ‘otro’ se convierte en un ente impersonal que o bien permite mirar a otro lado y también el deshumanizarlo hasta el punto de sin mala conciencia proceder a métodos tan brutales y radicales como la solución final…

Este mecanismo es escalofriante porque nunca se sabe en qué momento y en qué lado puede estar uno. Es tan fácil se víctima como convertirse en verdugo.

3.- La importancia de los testimonios para el aprendizaje de la historia y la construcción de otro presente. Así, desgraciadamente, viendo este documental u otros que son testimonios de conflictos escalofriantes… aprendemos de la historia y podemos leer muchas veces lo que ocurre en el presente. Así Carla Uriarte explicó, como psicóloga, cómo la había impactado descubrir el paralelismo entre el horror y el sufrimiento narrado por las víctimas del holocausto judío y el de las víctimas de Palestina. O también, cómo para entender esa creación tan dañina de ‘nosotros y los otros’, no hay más que mirar el tratamiento y narración actual de lo que está ocurriendo en la valla de Melilla. Los ‘otros’ son los inmigrantes.

Claves para viajar a las entrañas del documental

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Claude Lanzmann presenta de una manera desnuda y sencilla un documental impactante. Empieza con una fotografía en blanco y negro donde varios mandos nazis con las manos en alto están frente a las tumbas de los alemanes fallecidos en Sobibor. Después un primer plano de Yehuda Lerner al que preguntan si había matado alguna vez y su negación. Luego un texto del propio Lanzmann explicando el sentido de su documental y de dónde procede esa entrevista. Y a continuación el relato oral de Lerner (su rostro en primer plano y también plano medio) a veces intercalando, como en Shoah, los espacios reales donde ocurrieron los hechos pero en la actualidad. Cuando termina la narración de un Lerner dormido bajo las estrellas… Lanzmann da un mazazo al espectador y lee y muestra las listas de personas exterminadas en Sobibor. Listas elaboradas donde se dice la procedencia de los trenes, el número de personas que iban en ellos y las fechas en que entraron en el campo de concentración.

Lanzmann ofrece otra mirada del Holocausto. Desde la resistencia, la rebelión y las ansias de vivir. Ofrece el testimonio de que sí hubo levantamientos e intentos de acabar con una situación inhumana. El mismo Lerner explica que las propias víctimas de los campos no podían creer que fuera verdad el horror y la barbarie a la que iban a ser sometidos y en parte así se puede explicar que no hubiera más huidas en masa o rebeliones en cadena. Por otra parte, era tal la deshumanización, el aislamiento y el sometimiento que hacía casi imposible las fuerzas para la rebelión armada…

Como curiosidad añadir que el mismo año de este documental, Tim Blake Nelson dirige una película de ficción. La zona gris, donde recrea de manera brutal otro levantamiento, pero esta vez fallido, en Auschwitz, el 7 de octubre de 1944. Un levantamiento protagonizado por los sonderkommandos judíos, los prisioneros que trabajaban en las cámaras de gas y los hornos crematorios.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

ida

Ida es una película sobria tremendamente hermosa. Nada le sobra, nada le falta. A su belleza formal a la hora de contar una historia, se une la propia historia… potente. Dos personajes femeninos, la identidad, la memoria y el peso de la Historia sobre ellas. Cada fotograma destila la composición perfecta de una obra artística. Pawel Pawlikowski cuida cada segundo, cada instante de la puesta en escena y del lenguaje cinematográfico, creando una obra redonda. Polonia, años sesenta, empapada del saxo de John Coltrane y unas notas triste de Bach. Años grises, de blanco y negro, donde los personajes se mueven en un formato cuadrado que da fuerza y relevancia a las figuras femeninas sobre los espacios en los que transcurre su ‘viaje’ vital de descubrimientos… Donde unos ojos y una lágrima que recorre la mitad de un rostro o un paisaje nevado y una figura que camina cobran una fuerza que desarma al espectador.

Anna (Agata Trzebuchowska) es una novicia a punto de hacerse monja, de recibir los votos. Ella es huérfana y siempre ha estado entre las paredes de un convento. Tiene dieciocho años y su mundo siempre ha estado unido a lo espiritual y trascendente. No conoce nada más. La madre superiora le da un aviso inesperado. Su tía, que nunca ha querido conocerla, ahora sí desea verla. Y la recomienda que vaya a visitarla antes de tomar los votos. Así, con una pequeña maleta y su hábito, Anna conoce a su tía Wanda (Agata Kulesza), una mujer aparentemente dura y fuerte. De golpe, la primera información que le suelta Wanda… descoloca el mundo de Anna. “Así que eres una monja judía” y “te llamas Ida”. Así, a lo bruto, Ida… decide encontrar dónde están enterrados los suyos, es la única manera que tiene de expresar que quiere buscar sus raíces. Y en este viaje, le acompaña Wanda… la vulnerable y contradictoria mujer aparentemente fuerte y de hierro.

idaII

Un viaje que altera a ambas que siempre han estado, de distinta manera, privadas de su identidad. Cada una asumirá como puede las consecuencias del encuentro con su memoria, con sus raíces, con sus recuerdos, con su pasado… Con las viejas fotografías que construyen unas vidas sesgadas. A Ida le privan de su identidad, de sus orígenes. Wanda, para combatir el dolor, oculta su identidad y se entrega al Estado socialista polaco. Ella se transforma en Wanda la Roja, una mujer fría que no tiembla en condenar a muerte a todo aquel que no comulgue con las ideas estalinistas… Ida trata de recomponerse, Wanda se sigue fracturando…

Ida descubre con Wanda que existe algo más en la vida que los muros de un convento. Que existen las contradicciones, los placeres, los sacrificios, la culpa… Y vislumbra a lo que renuncia… sobre todo cuando conoce una posibilidad de futuro con un saxofonista (“¿Y luego? La vida, lo normal”… pero es que ni Ida ni Wanda tuvieron posibilidad de una vida normal…). Y Wanda descubre con Ida su alma fracturada, sus heridas apenas ocultadas, su vulnerabilidad, su culpa y caída al abismo, el dolor por la pérdida de lo que más amaba…

IdaIII

Pawel Pawlikowski, director polaco que durante años ha trabajado en Gran Bretaña (y que ha realizado trabajos documentales, televisión… aborda su quinto largometraje y su primera película en Polonia), regresa a su tierra natal con una obra cinematográfica de una belleza tranquila, de ritmo pausado, de planos fijos… donde una joven novicia restaura una estatua de Cristo, una mujer quebrada apura un licor en una mesa de una taberna, solitaria; o una joven de dieciocho años —que quiere sentirse deseada— se prueba unos tacones y un traje negro y se envuelve en una cortina transparente…

Ida es una película que ha hecho que vuelva a nombrarse el cine polaco… y quizá sea el principio de una vuelta del cine de este país al circuito internacional. Pawel Pawlikowski ha despertado la curiosidad sobre qué es lo que está pasando en la cinematografía polaca en la actualidad. Así el realizador puede dar continuidad a nombres como Andrzej Wajda, recorriendo los rostros de Andrzej Zulawski y Roman Polanski y meciéndose en Krzysztof Kieslowski, reconociendo a Agnieszka Holland y desembocando en él mismo y otros compañeros de generación. Me viene a la cabeza una película polaca de los años ochenta nostálgica y tremendamente hermosa que durante años tuve grabada en un vhs… Yesterday de Radoslaw Piwowarski… y la nombro porque como Ida también reflejaba unos años sesenta en Polonia. Unos jóvenes que trataban de buscar salidas al blanco y negro en que estaban inmersas sus vidas a través de los Beatles y la música.

… De momento, recuerdo a una novicia en una sala de fiesta, ahora vacía, escuchando a un saxofonista que toca a Coltrane… O a Wanda colocando fotografías en una mesa, reconstruyendo su pasado y recordando el hermoso pelo pelirrojo de su hermana que ahora esconde tras la toca su sobrina. O esa misma mujer poniendo en su tocadiscos la música de Bach mientras la luz entra por su ventana…

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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Razón número 1: ¿No lo ves, Sophie? Nos estamos muriendo

… El joven Stingo no olvida Brooklyn. Tenía 22 años y quería ser escritor. Dejaba su mundo sureño y se iba a conquistar mundo… digo aprendizaje. Así durante el viaje él mismo informa a todos que no tiene experiencias ni con el amor ni la muerte. Ni con Eros ni Tanatos. Es el verano de 1948 y todo va a ser un descubrimiento.

A sus vecinos primero los conoce a través de una nota y parecen encantadores. Firman Sophie y Nathan. Le dan la bienvenida con un libro de poemas de Walt Whitman. Después llega la tormenta. Observa desde su habitación una discusión violenta en las escaleras… en la que su vecino huye enfadado y sólo le salen por su boca palabras crueles. Y Sophie se queda sola. Desolada. Después la mujer con rostro triste y una serie de números en el brazo le baja la cena… Y Stingo se queda con su cara grabada en la memoria.

Cuando le va a dejar la bandeja de la cena, la ve a través de la puerta semidormida y oye que alguien ha entrado… es Nathan. Stingo se oculta. Y entonces ve cómo Nathan la abraza y la besa y ella le devuelve los abrazos y los besos… y oye cómo desesperado dice: “¿No lo ves, Sophie? Nos estamos muriendo”.

Y ahí empieza todo. Ahí comienza la escuela de Stingo. Su relación con Eros y Tanatos.

Razón número 2: La casa rosa

La historia donde Stingo, Sophie y Nathan estrechan los lazos de su amistad y relación transcurre en la casa rosa, una casa de huéspedes. Ahí han creado su mundo especial Sophie y Nathan… y acogen a Stingo.

Así conocemos la habitación de Stingo, la de Sophie, la de Nathan… y vivimos momentos con ellos. Instantes alegres y otros trágicos. Una persiana que se baja. Un piano que suena. Una lámpara que se mueve. Gritos o una pareja haciendo el amor. O tres amigos riéndose… Una llamada de teléfono.

Parece que en esa casa donde se encierran los tres sólo pueden ocurrir cosas especiales… La casa rosa es un refugio. Ahí parece que se detiene el tiempo y el mundo. Ahí los tres son especiales…

Razón número 3: Mentiras y salvación

Sophie miente. Nathan miente. Ambos tratan de salvarse. Mienten para no morir. Crean un mundo que les aferre a la vida. De pronto sienten la necesidad de compartir esas mentiras, esos excesos con el joven escritor sureño, un creador. El joven creador sureño que no sabe nada de Eros y Tanatos.

Pronto sin embargo descubre las grietas porque a veces el mundo ideal de Sophie y Nathan se resquebraja, se cae a pedazos. Vienen los gritos, el alcohol, las drogas… los recuerdos, las confesiones. Son dos animales heridos…

Stingo va rompiendo el cascarón, en el exterior (fuera de las paredes de la casa rosa) le cuentan cosas de sus amigos, descubre las mentiras y ve cómo el mundo de sus amigos (aquel mundo que les aferra a la vida) se desmorona en mil pedazos. Pero él ya está enamorado de Sophie y ama a su amigo Nathan…

Descubre a dos personas excepcionales y maravillosas que él admira. Ella es polaca, católica y sobrevivió a un campo de concentración. Él es judío y científico. Ella no cree ya en nada solo en su relación con Nathan… dice mentiras y mentiras para poder modelarse cada día, para lidiar el dolor. Él miente para no enfrentarse a su locura…

Razón número 4: Trío

Y es que Alan J. Pakula crea una película de sensibilidad extrema y nos mete de lleno en un trío donde hay amistad y amor… pero también es poderosa la presencia de la muerte, el dolor, la destrucción y la locura.

El punto de vista que toma es el de un narrador que desde su madurez mira al joven de 22 años que fue. Así es un relato cinematográfico en el cual convive la memoria y la nostalgia. La sensibilidad y la ternura. La recreación de tiempos felices y a la vez dolorosos.

Pakula se empapa de la novela de William Styron y atrapa su esencia… Y además deja tres rostros para el recuerdo. La recreación excepcional de Sophie por parte una Meryl Streep que se crea y se apodera de un personaje complejo. Nathan, hombre sensible, culto, romántico, buen amigo, con don de gentes… alguien al que se admira, un líder… pero como dice su hermano, loco de remate. Una locura que le va minando a él y a los que están a su alrededor. Nathan tiene el rostro de Kevin Kline en su debut en el cine… y ya no se fue de la pantalla. Y la mirada y sonrisa amable de Stingo con la cara de un genial Peter McNicol que borda su papel de joven escritor sureño que va descubriendo a Eros y Tanatos…

Y este trío protagoniza momentos maravillosos como un paseo nocturno por el puente de Brooklyn donde brindan con champán por el futuro literario de Stingo… Unos momentos que dejan imágenes difíciles de olvidar como su paso por el parque de atracciones de Coney Island… donde ya Nestor Almendros hace de las suyas (o esas imágenes bellísimas en las habitaciones de la casa rosa). Ahí los tres amigos se miran en los espejos deformantes… o les vemos dando vueltas sin parar, atrapados.

Razón número 5: Creación y memoria

Y es que Pakula nos ofrece un relato cinematográfico potente donde ‘juega’ con el poder de la creación y la memoria. La decisión de Sophie es la novela de un hombre maduro que recuerda sus jóvenes años. Una recreación de un momento de su vida.

La admiración que siente el joven sureño por una pareja, sus vecinos…, Sophie y Nathan que también crean y lidian con la memoria. Sus vecinos son creadores de un mundo mágico e ideal en la casa rosa para luchar contra recuerdos complejos y dolorosos. La culpa va minando a Sophie. Por sus raíces, por el padre que amaba y odiaba, por una decisión en concreto (pero son tantas las decisiones que tiene que tomar), por el desmoronamiento de sus creencias, por su supervivencia… por aguantar el dolor por estar viva. Y Nathan siente que cada día que pasa se vuelve más loco y se agarra a la cordura. Al mundo que crea con y para Sophie donde es un hombre protector y salvador, un gran científico…

Los personajes y el propio relato cinematográfico (así como la novela) son una radiografía sobre la creación (de historias, de recuerdos, de mundos íntimos…) y los efectos de la memoria.

Razón número 6: Teclados

Ya nos lo cuenta Sophie en una escena. Hay dos teclados importantes en el relato cinematográfico. Esos teclados tienen que ver con el pasado de la protagonista. En su casa, durante su infancia, oía dos teclados. El del piano, su madre lo tocaba. Y el de la máquina de escribir, su padre era un profesor universitario de Derecho y tecleaba sus artículos.

Ahora en la casa rosa vuelve a contar con los dos teclados. Abajo está Stingo en su habitación creando una novela con tintes autobiográficos. Sobre la memoria y el recuerdo. Un niño de 12 años que pierde a su madre. Arriba, Nathan le regaló a Sophie por su cumpleaños un piano… y a veces lo toca para ella.

Pakula escribió él mismo en su teclado el guión de esta historia. Él trabajó la adaptación al cine de la novela de Styron. Y algo que se queda en el recuerdo es la música (no sólo las piezas de música clásica) sino la elegante y nostálgica creación musical de Marvin Hamlisch.

Razón número 7: Locura

¿Y sólo está la locura de Nathan en la película? Él es un esquizofrénico paranóico que trata de construirse un mundo ideal y cuerdo.

¿Y cómo puede reconstruirse una mujer como Sophie? ¿Cómo puede hacer para no caer en el abismo de la locura y el alcohol? ¿Cómo aferrarse a la cordura? ¿Cómo arrastrar la culpa? ¿Cómo olvidar?

Cómo soportar el dolor.

Qué hacer cuando la vida hace daño.

Cuando la locura te arrastra al abismo…

Y luego está ese otro tipo de locura que da mucho más miedo. La que arrastraron los SS que estaban al mando de los campos de concentración. Hombres que borraban sus sentimientos. Se volvían sádicos y violentos. Ejecutaban órdenes sin pensar, con la mente en blanco. Sin sentir. Muchos bebían para poder realizar actos impensables. Otros daban rienda suelta al sadismo. Y como en la película, algunos arrastraban horribles dolores de cabeza o se les quitaban las ganas de comer. ¿Cómo pudieron también borrarse la memoria? ¿Seguir viviendo con lo que hicieron cada día? ¿Cómo podían justificar sus acciones?

Razón número 8: Poema de Emily Dickinson

Ya lo he escrito alguna vez en el blog. Porque rescato escenas de cine donde los personajes leen poemas. Y La decisión de Sophie tiene su poema. Uno de Emily Dickinson. Y tiene que ver con un objeto que se encuentra en la casa rosa… con una cama. El lecho donde Nathan y Sophie se aman con pasión. Es un poema íntimo, que describe una cama… Primero lo leen Nathan y Sophie cuando empiezan a conocerse. Y lo leen encima del colchón, abrazados. Después se lo dedica Stingo, que llora, cuando ellos yacen en la cama y ya no pueden leerlo más.

Haz amplia esta cama,
haz esta cama con prudencia;
espera en ella el postrer juicio,
sereno y excelente.

Que sea recto su colchón
y redonda sea su almohada,
que ningún rayo dorado de sol
llegue jamás, a perturbarla.

Razón número 9: Una carta

Y adoro también las cartas en las películas. Sophie escribe una de despedida a Stingo… que sueña con llevarla a una granja sureña y convertirla en su amor, en la madre de sus hijos… Ella le regala una noche de entrega y pasión. Le despide diciéndole que es un gran amante y que está segura de que encontrará a la mujer que le haga feliz. Pero ella lo siente, tiene que regresar con Nathan, no puede imaginarle solo. Tiene que irse con él, sea cuales sean las consecuencias… Entre líneas le dice que están rotos, quebrados. Le dice que ha sido muy importante conocerle. Pero es una despedida de Eros y Tanatos.

Razón número 10: Decisiones

La vida se va construyendo muchas veces a base de decisiones. Y algunas destrozan. Así vamos asistiendo a las decisiones de Sophie, de Nathan y de Stingo. Decisiones que les construyen y les destruyen. Cada momento, es una decisión. Y las decisiones les llevan a caminos muy diferentes. Lo malo de Sophie es que la obligan a tomar decisiones que nunca imaginó que tuviera que tomar… Y una decisión obligada es la que definitivamente la enemista con la vida y la hace arrastrar la culpa para siempre.

Primo Levy describió en algunas de sus obras (Los hundidos y los salvados o Si esto es un hombre) el sentimiento de culpa que arrastraban muchos supervivientes al Holocausto por el mero hecho de estar vivos…

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