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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Hombres errantes

… el trío está servido

Sí, la vida del rodeo es dura. Esa América profunda y polvorienta de tipos duros y mujeres fuertes bajo unos códigos patriarcales y conservadores. El rodeo, que genera una vida errante de perdedores que no encuentran arraigo. A veces, porque se convencen de que no lo quieren y otras porque están atrapados en una espiral donde es difícil encontrar una salida. Hombres que ganan dinero y lo pierden, que destrozan sus cuerpos y sus mentes. Mujeres que esperan y que son las más realistas, que tratan de asentarse y de que ellos sienten la cabeza…, que envejecen antes de tiempo por el cuidado continuo y el poco reconocimiento. Ellos se sienten hombres libres. Pero es distinto ser errante, que ser libre. Y de eso se da cuenta demasiado tarde Jeff McCloud, una vieja gloria del rodeo, con el cuerpo demasiado castigado y sin un céntimo… aunque ha tenido muchos en sus manos. Pero no se queja, arrastra su cuerpo de vaquero perdedor… y nunca pierde la esperanza de un hogar, porque como dice, a veces lo echa de menos. Y si McCloud tiene la mirada de Robert Mitchum…, estamos atrapados ante un perdedor de los de quitarse el sombrero.

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Viaje de ida

Un brindis…

Viaje de ida o la despedida de un hombre y una mujer que pronto se convertirán en sombras, en fantasmas de lo que fueron. Un barco que parte de Hong Kong hasta San Francisco, con parada en Honolulu. Ella, con una enfermedad sin cura. Él, condenado a muerte. Pero los dos crean un espacio íntimo donde estar e imaginar, donde no saben nada el uno del otro, solo que se han encontrado, que se aman y que siempre estarán juntos… puede que celebren el fin de año en México. Los dos se conocieron por unas copas de cristal y apenas una hora después la cámara se acerca a una barra y a dos copas rotas, como el ritual que siempre hacían los amantes. Pero en esa hora ha transcurrido toda una historia de amor fou, más allá de la muerte.

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Confidencias de mujer

Intimidad tras el biombo…

Durante los años sesenta se empiezan a buscar en Hollywood argumentos osados. Por una parte está a punto de gestarse un cambio generacional entre directores y actores (y los de la vieja escuela tratan de adaptarse a los nuevos tiempos); por otra, el sistema de estudios está en las últimas. Además por la competencia de la televisión y la crisis de la industria se están intentando buscar nuevas maneras de atraer al público a las salas de cine. Tampoco tiene ya sentido mantener el código Hays, así que temas prohibidos vuelven a la palestra y van encontrando su camino para sortear esa obsoleta censura que da sus últimos coletazos. También los grandes estudios siguen en alerta ante el éxito de posibles best sellers para llevarlos inmediatamente a la pantalla de cine (como todavía se sigue haciendo). Por aquellos años Irving Wallace era un autor muy conocido y acababa de escribir una novela, The Chapman report, sobre un tema llamativo: un doctor realiza un estudio sobre la sexualidad femenina y necesita voluntarias para llevarlo a cabo (todavía coleaba en la puritana y conservadora sociedad americana los estudios, por ejemplo, del doctor Kinsey). Y, claro, en la América de principios de los 60 (a punto de la revolución de la mujer y la sexualidad) todavía podía resultar un tema escabroso y escandaloso.

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Empiezo el año cinéfilo con alegría desbordante… Cómo me ha gustado la nueva película de Ozon

Frantz

Una joven alemana, Anna, se dirige al cementerio en su pequeña ciudad. Y una vez allí, ve con extrañeza que hay flores frescas en una tumba que ella visita cada día, y no son las suyas. Así empieza la delicada y bella historia que cuenta François Ozon. Después nos enteramos de que Anna vive con los padres de su novio, Frantz, y que este ha fallecido recientemente en la Primera Guerra Mundial. Y que esas flores pertenecen a un misterioso y joven francés, Adrien… Cuando este se encuentra con la familia, un tsúnami emocional golpeará a todos los personajes. Y Ozon bebe de una película que ya rodó Ernst Lubitsch en 1932, Remordimientos (The Broken Lullaby, muy pronto también en este blog…). Pero Ozon no trata de alcanzar ni de imitar el toque Lubitsch, sino que él busca su particular forma de llevarla de nuevo a la pantalla. La historia está contada prácticamente desde la mirada de Anna, pero en toda la película vuela el personaje ausente, Frantz. Así el realizador francés no solo deja un relato cinematográfico que habla sobre las heridas de la guerra, sobre la sinrazón de enviar a hombres a morir, sino que además aborda una historia compleja sobre la búsqueda del perdón y la dificultad de concederlo.

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A Bet, la chica del parasol blanco. Ella me puso tras la pista de esta película

En algún lugar del tiempo

Hay películas que nacen y con el tiempo se va desarrollando una mitología alrededor de ellas. Películas que, de pronto, generan una legión de seguidores que conectan con lo que cuentan y cómo lo cuentan. En su momento incluso pudieron ser un fracaso de público y crítica. Tampoco hay que buscar que sean totalmente perfectas, o demasiado complejas u obras maestras, sino que tienen un algo que las convierte en inolvidables. Es difícil de explicar. Una de esas películas es En algún lugar del tiempo. Empieza con una frase: “Vuelve a mí”. Y estas palabras las pronuncia una anciana a un joven dramaturgo, mientras esta le entrega un precioso y antiguo reloj de bolsillo. Es el año 1972, Richard Collier acaba de triunfar con el estreno de una obra y le espera un futuro brillante. Está de celebración con la novia, sus amigos, y admiradores… De pronto en la penumbra vemos a una anciana que empieza a avanzar hacia el dramaturgo que está de espaldas… Y casi no se percibe, pero es como si realmente el tiempo se parara. El joven se da la vuelta, ella pronuncia sus palabras, se miran, ella le da el reloj… y hace una salida de escena, como si de una obra se tratara. Ya no hay vuelta atrás. Volvemos con Richard ocho años después de este acontecimiento… y es un dramaturgo con crisis existencial y creativa…

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El último magnate

Las tres últimas películas de Kazan mostraban cómo era un director que tomaba riesgos en su carrera cinematográfica y avanzaba tratando de buscar otros caminos. Fue un director que arriesgó hasta el final. Así llevó adelante a finales de los sesenta, una película que desarrollaba un proyecto muy personal, la adaptación de su propia novela, El compromiso. Así con dos estrellas como Kirk Douglas y Deborah Kerr, y una joven promesa, Faye Dunaway, Elia Kazan habla sobre el éxito social y laboral y el fracaso emocional y personal de un hombre. Y sigue así con uno de los grandes temas de su carrera cinematográfica. La presentación de antihéroes que se equivocan, que son influenciados por los designios familiares, que se enfrentan a dilemas morales, que triunfan y fracasan, que terminan solos… (temas que también dominaban su vida personal). En 1972 realizó una película totalmente independiente, Los visitantes, y apenas distribuida con una compleja y crítica visión sobre la guerra de Vietnam, expresando las secuelas psíquicas en toda una generación de jóvenes americanos. Era un proyecto en común con uno de sus hijos, Chris Kazan. Una película que mostraba ese camino abierto de encarar y mostrar otra forma de contar…, además de continuar con un cine de temas comprometidos. Y su última película fue una superproducción nada complaciente que adaptaba la novela inacabada de F. Scott Fitzgerald sobre el Hollywood de los años 30 centrándose en un trágico y joven productor (inspirado lejanamente en Irving Thalberg). Llevó a la pantalla El último magnate. Ahí nos dejó una película que mostraba las luces y las sombras del Hollywood clásico (otra forma de contar metafóricamente, pero desde un punto de vista trágico, lo que han hecho hace nada los hermanos Coen con el Hollywood de los cincuenta en la estupenda Ave, César), y que demostraba cómo Elia Kazan sabía rodar y contar cinematográficamente una historia. Y que eso era lo que realmente amaba en su vida…, como dice el protagonista Monroe Stahr (Robert de Niro): “Esto es cine”.

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eltiempodelosamantes

El tiempo de los amantes o retrato de una dama al borde del precipicio. Y es que el director francés Jérôme Bonnell pega su cámara junto a su protagonista Alix (Emmanuelle Devos) y ya no la abandona en aproximadamente unas 24 horas intensas. Alix vive uno de esos días en que una persona se siente en un momento de catarsis donde o bien se tira a la aventura y abandona todo lo vivido o trata de restablecer de nuevo el equilibrio. Y todo es contado con una delicadeza y una sensibilidad que conmueve, que toca.

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A veces me entra un ataque nostálgico y trato de localizar películas que en mi adolescencia y juventud se me quedaron en la mente, me marcaron por algún motivo, y que no he vuelto a verlas (ni en emisión de televisión) desde que fui a la sala de cine en aquellos años. Y las veo con ojos de hoy. Algunas me siguen funcionando como las dos de las que voy a hablar a continuación. Además ambas tratan también el tema de la juventud. Como propina una película sobre jóvenes muy actual pero que se me escapó en la sala de cine y que me ha tocado de alguna manera una de mis fibras sensibles…, Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower, 2012) de Stephen Chbosky.

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Ristra de estrenos veraniegos… y la cartelera ha sido algo descafeinada (seguro que me he perdido tesoros que no he podido abarcar). He visto bastantes películas pero ninguna redonda. He tenido que buscar las chispas. No he vibrado ante ninguna de las que he visto. Pero en todas…, algo se vislumbraba. Estas son las chispas. Animales de compañía que significan mucho más, familias desestructuradas que se estructuran, soledades, amores tardíos, segundas oportunidades, supervivencia, miedos profundos, muerte, luz al final del túnel, actores que iluminan o llenan la pantalla, directores que siguen su estela… Y de propina dos antecedentes.

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elhombremosca

Reloj: relojes de pulsera, relojes de torres, relojes de bolsillo, relojes de cuco, relojes despertador, relojes electrónico, relojes de arena, relojes de sol, relojes de péndulo… artilugios para medir el tiempo, para marcar horas, minutos, segundos… e imprescindible atrezzo que aparece en películas y a veces tiene papel protagonista, otros un momento importante o simple decoración ambiental… Repasemos algunos relojes cinematográficos imprescindibles.

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