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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

La vida lliure (La vida lliure, 2017) de Marc Recha

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El arte de contar historias… Marc Recha necesita pocos ingredientes para construir una película de aventuras. Un rincón hermoso de Menorca, dos niños con imaginación desbordante y mucho tiempo, su rudo tío (un hombre sencillo, de campo, pero con toda la sabiduría rural), la ausencia de la madre (en tierras lejanas), un misterioso barco anclado y sus visitantes, el encuentro de un tesoro… y Rom, un hombre maduro y solitario. La película, como un libro abierto en el que se van pasando las páginas con gozo, nos sitúa en una historia tardía, del pasado, a finales de la Primera Guerra Mundial, y con la virulencia de la gripe española siempre presente. La mirada inocente de unos niños, sus juegos… y un deseo: reunirse con la madre en Argel. Y mientras, el paso del tiempo, el misterio, la vida de los pequeños en compañía de Rom y del tío (como dos extraños antagonistas). Una sinfonía de rostros con historias (desde los niños, Mariona Gomila y Macià Arguimbau, a Sergi López convertido en el orondo Rom, como si fuera un viejo pirata). Sí, puro cine de aventuras sin artificio alguno.

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Para Isis

El ojo de la aguja

Dos amantes trágicos en la isla de las tormentas

La isla de las tormentas es el título de la novela de Ken Follet que adapta Richard Marquand en la película El ojo de la aguja. Y es curioso porque los dos títulos hacen justicia a esta cinta. El primero, el de la novela, más simbólico, describe perfectamente la naturaleza emocional de la película y su parte de historia de amor desatada con aires de melodrama exaltado… El segundo, El ojo de la aguja, más incisivo nos describe la frialdad y racionalidad del mundo de los espías en la Segunda Guerra Mundial. La película funciona a la perfección porque alcanza el equilibrio justo entre esas dos perspectivas: entre la película de espías y el romanticismo desesperado. El ojo de la aguja va preparando la incisión perfecta, como si Marquand tuviera el estilete del protagonista, para llegar al clímax final con las dosis suficientes de ritmo, emoción y tensión.

Pero hay otros elementos que hacen no solo que funcione El ojo de la aguja, sino que la película permanezca en el recuerdo y sea además una película sumamente entretenida. Por una parte el personaje del espía nazi, el malo de la función, aquel que se apoda El aguja (porque su arma más eficaz es un estilete), pues curiosamente el espectador lo conoce como un frío, solitario, inteligente y calculador asesino para convertirse, de pronto, en un hombre enamorado y atrapado en una guerra que no le deja alcanzar la felicidad. El aguja se transforma en el héroe romántico por excelencia. Su talón de Aquiles será una mujer aislada y también atrapada en una isla que arrastra unas trágicas circunstancias personales, pero que no dudará en convertirse en sujeto activo de una historia que la tenía al margen…, aunque la suponga de nuevo la soledad. Estos personajes tienen el rostro de dos actores con carisma y mucha química: Donald Sutherland y  Kate Nelligan, una secundaria de carácter en uno de sus pocos personajes protagónicos.

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