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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Detroit

… sueños rotos en un escenario vacío

En las películas corales, cada espectador tiene un personaje con el que se identifica o el que le ayuda a conectar y entender la historia. En Detroit de Kathryn Bigelow, Larry (Algee Smith) puede ser el punto de partida para exponer las claves de dicha película. Es joven, con ilusiones, y con un camino claro: triunfar en la música con su grupo The Dramatics. Una noche está a punto de alcanzar su sueño, de cantar en un gran escenario, y de que les fiche la discográfica Motown. 25 de julio de 1967, la fecha en que su vida puede dar un vuelco. Cuando está a punto de salir a actuar, se suspende el evento por los disturbios raciales de Detroit, la ciudad es un polvorín. Finalmente, canta él solo en una sala fantasma, sin público, y ve cómo su sueño se desvanece. Lo que no sabe es que en unas horas, el sueño se transformará en su peor pesadilla. Él es uno de los jóvenes que vivirá el dramático incidente del Motel Algiers. Un grupo de policías cree que desde dicho motel se oculta un francotirador y torturan durante la noche a doce jóvenes, diez muchachos negros y dos chicas blancas. Al final del motel saldrán tres cadáveres… y, también, un Larry que ya no quiere que su música la escuchen o la bailen los blancos, que abandona el grupo, que tiene dolor en la mirada, que ve cómo no hay justicia para lo que pasó aquella noche y que busca refugio, finalmente, en el coro de una iglesia. Pero sin dejar nunca de cantar.

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Verano 1993 (Estiu 1993) de Carla Simón

Verano 1993

Miradas de la infancia

Verano 1993 tiene una mirada especial: la de una niña de 6 años, Frida. Una niña que precisamente en ese verano de 1993 tiene que enfrentarse a muchas cosas que no son fáciles: a la muerte de su madre; a entender qué es exactamente lo que ha pasado; a asimilar que no la verá más, ni podrá hablar con ella; a dejar su ciudad, Barcelona; a la vida en un pueblo; a ver a sus tíos y a su pequeña prima como su nueva familia; a conseguir nuevos amigos; a encontrar su lugar en su nuevo mundo… Y Carla Simón consigue una mirada que toca y trastoca, una mirada impregnada de verdad. Pues es una mirada empapada de memoria y recuerdos. Simón rescata la niña que fue y crea una película de sensaciones. Y, sí, nos metemos en el universo de Frida.

Y es el primer largometraje de Carla Simón, otro nombre a añadir a esa lista de cineastas, muchas de ellas de Cataluña, que están ofreciendo un mapa cinematográfico especial con voces de mujer. Al ver Verano 1993, me vino a la cabeza enseguida, sin poder evitarlo, François Truffaut, y sobre todo dos de sus películas: Los 400 golpes y La piel dura. Por dos motivos: Como Truffaut, Carla Simón se expresa y cuenta con la cámara sus sensaciones, recuerdos y pinceladas de la infancia. La cámara es un apéndice de su forma de expresarse, de su memoria, de la forma de entender el mundo… No escribe diarios…, filma películas. Y como en La piel dura, Carla Simón dibuja niños reales y habla de que la infancia puede ser un periodo duro…, es como si dijera en alto a sus protagonistas niñas las palabras del profesor Richet: “La vida no es fácil, es dura, y es importante que aprendáis a endureceros para que podáis enfrentaros a ella, ojo, endureceros no ser insensibles”.

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Su mejor historia

… en la sala de cine

La señora Miniver, película americana de 1942, de William Wyler contaba la historia de los Miniver una familia británica que trataba de sobrevivir día a día, sin desfallecer, a los bombardeos alemanes. La señora Miniver intentaba mantener el hogar y la unidad familiar, pero también esperaba el regreso de su esposo y su hijo del frente de batalla. Cuando la gente veía La señora Miniver en las pantallas de cine, no se sabía todavía cómo iba a terminar la Segunda Guerra Mundial, pero había una identificación con la familia Miniver y con su esperanza y resistencia. Y en el seno de esta película: una reflexión compleja sobre el cine como instrumento de propaganda, pero también como arma para mantener la esperanza en los espectadores. La complejidad viene de que es un cine pensado, dirigido y con un mensaje que transmitir, pero también hace reflexionar sobre qué resortes hacen penetrar en el corazón y la cabeza del espectador y convertir la visión de la película en un momento catártico. Entre los guionistas de esta película había una mujer, Claudine West.

En el mismo año, en Gran Bretaña, el dramaturgo Noel Coward (y de co director un principiante David Lean) narró el hundimiento de un barco británico y los recuerdos íntimos de los supervivientes. Sangre, sudor y lágrimas (In which we serve) fue una película de corte propagandístico importante en aquel momento. Y al año siguiente el peculiar binomio Michael Powell y Emeric Pressburger creó una hermosa y compleja película, pero dentro de esta corriente de películas (para elevar la moral del pueblo británico en tiempos de guerra), Vida y muerte del coronel Blimp donde contaban la historia de Blimp, un anciano en plena Segunda Guerra Mundial, que recordaba toda su vida entre guerras. Eran tiempos donde los británicos necesitaban ir al cine en sus ciudades y pueblos bombardeados y encontrar motivos para seguir adelante. En ese año 1942 una guionista galesa, Diana Morgan, formaba parte del equipo de profesionales que pusieron en pie otra película propagandística de calidad, Went the Day Well?, del director Alberto Cavalcanti. La película adaptaba una obra de Graham Greene y transcurría en una aldea británica. Y precisamente esta guionista de los Estudios Ealing sirve de fuente de inspiración para crear a Catrin Cole, la protagonista de Su mejor historia, de la directora danesa Lone Scherfig.

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Chavela

Chavela, el desgarro como arte…

Hay personas como Chavela, con voz desgarrada, capaz de cantar al dolor que te rompe las entrañas. Entonar con su voz rota a la soledad, al desamor, al abandono, a la pena, a la desesperación… y a la luz de la luna. Hay personas como Chavela que con su personalidad llena de luces y sombras sobrevuela siempre entre la leyenda y la realidad. Las directoras Catherine Gund y Daresha Kyi dejan un retrato de la cantante y escarban entre las verdades y mentiras que rodean el propio relato oral de Chavela Vargas, que se construyó una identidad a través de los golpes que propina la vida. Chavela escondía a Isabel Vargas Lizano, aquella niña herida que nació en Costa Rica, pero se empapó de México… De un México de cantinas y cabarets, de tequilas y pistolas…, se convirtió en la mujer más dura… y también en la más frágil. Así el documental Chavela recoge el espíritu de una voz ronca que estallaba en dolor y convertía una canción en un ritual íntimo y bello.

Ojalá que te vaya bonito,

ojalá que se acaben tus penas,

que te digan que yo ya no existo ,

que conozcas personas más buenas…

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María (y los demás)

Reunión familiar. Soledad en compañía

Una nueva generación de directoras de cine españolas está ofreciendo una mirada especial. Y normalmente sus protagonistas son mujeres entre los 20 y más de 30, de una clase media alta. Películas cotidianas, íntimas, de miradas y actos, con corrientes subterráneas, generacionales. Ahí está Mar Coll con Tres días con la familia o Queremos lo mejor para ella. También Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen con Las amigas de Ágata. Por otra parte Elena Trapé que estrena Las distancias, después de su ópera prima, Blog. O una de las protagonistas de Las amigas de Ágata, Elena Martín que pronto tendrá en cartelera Júlia ist. Si bien como espectadora, las que he podido ver me han parecido propuestas cinematográficas interesantes, con la protagonista que he conectado más o que, quizá, he comprendido hasta el último momento ha sido María, de la ópera prima de Nely Reguera, María (y los demás).

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Tres mujeres patológicas emocionales protagonistas de tres películas que adquieren su personalidad por los magníficos personajes que desempeñan tres actrices que se arriesgan, hasta el límite: Joan Crawford, Catherine Frot y Isabelle Huppert. Y además tres películas que tienen mucho que analizar tanto en la forma como en el contenido. Tres mujeres encerradas en sus personalidades… y donde las casas adquieren un protagonismo importante. Son sus refugios, tanto para lo bueno como para lo malo…

La envidiosa (Harriet Craig, 1950) de Vincent Sherman

La envidiosa

Joan Crawford es la Harriet Craig del título. Y no la importa crear un personaje desagradable y antipático, pero además conseguir entenderla y compadecer su soledad. Más que envidiosa (título poco afortunado), Harriet es una personalidad femenina compleja que busca con brazo de hierro una seguridad férrea en el hogar conyugal. Dominar el hogar, la casa, que todo esté impoluto, ordenado, milimétricamente colocado y ella perfecta… en cada instante. Que ese hogar no lo visite nadie que ella no controle. Y un marido que trabaje, que llegue a casa, que esté tranquilito y que no necesite nada más que una esposa perfecta. Todo bajo control, que nada se resquebraje. Y si algo atenta contra esa seguridad, ella será capaz de la manipulación y la mentira, de todo lo que sea necesario.

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La estación de las mujeres

Cuatro mujeres circulan por una carretera desierta en un motocarro imposible decorado con alas de mariposa. Sonríen y se sienten libres de ataduras. Y esta es la imagen icónica que deja La estación de las mujeres de la realizadora hindú Leena Yadav. Cuatro mujeres en la India rural con vidas muy perras, que, sin embargo, no dejan de buscar una posible salida o huida de un mundo con unas reglas que no han pedido. Así el resultado es una película que transita con tino y equilibrio entre un melodrama desatado, una película de denuncia y una película-medicina, donde finalmente prevalecen unas reflexiones sobre la situación de la mujer (en este caso concreto en la India rural, pero habla de cosas que pueden encontrarse todavía, por desgracia, en todas las sociedades) y lo necesario que siguen siendo tanto la lucha como la transgresión para impedir no solo comportamientos violentos, sino la perpetuidad de un sistema que desprecia y somete a las mujeres. Y el equilibrio no era fácil, Leena Yadav (que también es co-guionista) logra trascender el tópico y, a través de una correcta y clásica dirección, consigue momentos auténticos con sus cuatro protagonistas. Es decir consigue que no sea una historia plana, sino que plantee temas complejos, y también dejar una puerta abierta para las protagonistas.

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Las amigas de Ágata

Las amigas de Ágata esconde una historia bonita, se trata de uno de esos proyectos con energía positiva en el que todo confluye para una trayectoria brillante e inesperada. La película es un trabajo de fin de carrera de cuatro alumnas de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona…, que de pronto empieza a tomar vida (cuando hay profesores que intuyen y apuestan y críticos que acogen y programan), de tal manera que termina presentándose a varios festivales con buena acogida de crítica y público… hasta que consigue ser estrenada en salas de cine. Y el sueño continua. Las amigas de Ágata es una película a cuatro manos (dirección, guion y fotografía), low cost, con cuatro nuevos rostros (cuatro jóvenes actrices que debutan en la pantalla de cine en el largometraje: Elena Martin, Carla Linares, Marta Cañas, Victòria Serra)… y que logra atrapar un momento auténtico. Las amigas de Ágata habla de amistad.

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1.- Feliz descubrimiento: Ana Mariscal, directora

Segundo López

Y sigo agradeciendo los descubrimientos que me está permitiendo Historia de nuestro cine. Llevaba años detrás de poder ver alguna película de la actriz Ana Mariscal como directora y el otro día me senté frente al televisor para disfrutar de Segundo López, aventurero urbano. Y bien empleado está el verbo disfrutar. La directora presenta un Madrid de los 50 que no se solía mostrar en años de dictadura (la imagen que se quería transmitir era una muy diferente… pero el cine no callaba, a pesar de los pesares). Sus protagonistas viven en el margen (como se mostraba en otras películas de esos años como la maravillosa Mi tío Jacinto de Ladislao Vajda o Surcos de José Antonio Nieves Conde). Así entre la melancolía, unas gotas de sonrisa y espolvoreado con un toque poético, Mariscal nos cuenta las andanzas de un hombre humilde, sin grandes ambiciones, y con afición al alcohol de Cáceres, que con el dinero de una herencia se marcha a Madrid. Allí se aventura por las calles del Madrid oculto y va siempre en compañía de su “secretario”, un niño de la calle, Chirri. Los dos viven en una habitación (y más tarde en la calle)… y su vecina de cuarto, es una joven enferma, desencantada de la vida, que reposa en la cama haciendo flores de papel y acompañada siempre de un pequeño gato. Si bien se pueden apreciar huellas del neorrealismo italiano, también Mariscal empapa su narración de peculiaridades de la tradición literaria española (no falta la picaresca, aires quijotescos, oficios de supervivencia del Madrid de posguerra, ambientes reconocibles…) y también puede verse una huella chaplinesca en sus personajes, ese Segundo y Chirri, dos sin hogar paseando de espaldas, y con mucha dignidad, con sus chisteras…

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loespigadores

Los espigadores y la espigadora es un interesante ensayo cinematográfico en primera persona. La directora Agnès Varda toma su cámara digital y con ella “escribe” una reflexión personal. La cineasta francesa, que rodó sus primeras películas en plena Nueva Ola, parte de la definición de espigar y espigador… y a partir de ahí comienza su viaje. Nos dice que en los diccionarios y libros que consulta sobre dicha labor suele aparecer uno de los cuadros de Millet, Las espigadoras. Durante todo el documental este cuadro estará presente, pero también otro de una espigadora altiva, bella y orgullosa de Jules Breton (junto al cual la propia directora posa como tal, creando una interesante metáfora) y cerrará su ensayo fílmico con un precioso cuadro: Las espigadoras huyendo de la tormenta de Edmond Hedouin. Así entremedias de estas creaciones artísticas, elabora un meditado ensayo que habla sobre aquellos que recogen lo que se derrocha en las sociedades que nadan en la abundancia, dando un nuevo sentido a la figura del espigador (una labor que se veía o se sentía en desuso). Ver ahora este documental también supone encontrarnos con una Varda visionaria, pues su cámara recoge ya a muchas personas que espigan antes de que estallara la crisis, y muchas imágenes que filma serían y son más habituales desde el 2007. Lo que convierte a Los espigadores y la espigadora en una premonición.

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