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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Las Inocentes

Hay una escena muy breve que simboliza el momento histórico que se refleja en Las inocentes. Final de la Segunda Guerra Mundial, Polonia. La nieve cubre todo el paisaje y unos niños de la calle juguetean revoltosos y con alegría encima de un ataúd. La vida y la muerte, el fin y la velada posibilidad de futuro.

La directora Anne Fontaine narra cinematográficamente uno de los muchos horrores de la guerra… y en ese mundo oscuro y cruel deja otra huella: una ayudante de medicina de la Cruz Roja francesa con educación comunista, una monja polaca y un doctor judío, todos con heridas y mucho desencanto a cuestas, terminarán unidos para buscar una salida a una situación complicada. Fontaine se inspira en las vivencias de la doctora Madeleine Pauliac (1912-1946). Y esas vivencias de las que parte recogen cómo atendió a las monjas de un convento polaco que habían sido sistemáticamente violadas por miembros del Ejército Rojo. Además varias de ellas no solo arrastraban traumas psicológicos, sino que además se habían quedado embarazadas.

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El sitio de Viena. Huellas de Fritz Lang, de Carlos Losilla (Notorius ediciones)

Secreto tras la puerta

A veces caen libros en tus manos con los que te llevas gratas sorpresas. Esta vez estaba buscando información sobre Fritz Lang (y en concreto de una de sus películas, Las tres luces), y consultando en el ordenador los libros sobre este director que tenían en mi biblioteca pública más cercana… me topé con este título: El sitio de Viena. Huellas de Fritz Lang. Cuando vi el nombre de su autor me dije: “Mira, este libro me lo llevo a casa”. De Carlos Losilla leo mensualmente sus críticas de cine en Caimán y me gusta cómo desentraña las películas. Así que no lo dudo y una vez en mi casa con él, lo disfruto.

Porque El sitio de Viena es un análisis laberíntico lleno de pasillos, senderos, caminos y carreteras alrededor de Fritz Lang. Más bien de lo que significa Fritz Lang y su cine… y las huellas de una Europa que se cae en pedazos. Buscar raíces y huellas. Y esas raíces y huellas se buscan tanto en las entrañas de sus películas como en los datos biográficos que se han ido recopilando de Lang… En la documentación, en los libros que se escribieron sobre él tanto en su vida como posteriormente, en las distintas interpretaciones de su obra tanto la de la etapa alemana como de la americana, en sus testimonios, entrevistas, en sus fotografías, incluso en sus apariciones cinematográficas (… en El desprecio de Jean-Luc Godard)… Huellas que se encuentran también en las incógnitas de su vida, en sus contradicciones, en el papel de las mujeres de su vida…, en sus misterios. En la figura privada y en la figura pública…, ¿cuál es la real?¿Hay un Fritz Lang inventado, creado?

Pero sorprendentemente El sitio de Viena no es solo sobre el director… sino sobre la cultura europea y su declive hasta la actualidad. Qué es lo que el bagaje cultural puso en las espaldas del cine Lang. Cuáles fueron sus influencias. Qué acontecimientos históricos arrastraba. Cuál era la complejidad que reflejaba. Qué otros nombres del pasado y del futuro giran alrededor de Lang y su obra.

Y El sitio de Viena sigue siendo un laberinto porque también es una especie de autobiografía sobre el propio Carlos Losilla que habla de sus recuerdos, de su infancia y de su presente, de su trayectoria profesional, y de la cultura que iba absorbiendo, donde también entraban los secretos tras las puertas del cine de Lang.

Entonces el libro se convierte en la historia de una investigación donde no faltan los misterios, las coincidencias, las historias paralelas, los lazos inesperados o los azares del destino. El encuentro con eruditos, la resolución de enigmas, el transcurrir de anécdotas que le llevan siempre a Lang y a su cine con un fondo complejo como el de cada una de sus películas. Donde el propio libro es un enigma a descubrir lleno de intrigantes fotogramas-palabras y donde el lector no puede evitar pasar una página y otra para ver dónde le conduce la siguiente… hasta el final. El sitio de Viena es un viaje apasionante.

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Este es un regalo (un decálogo cinéfilo) y un deseo de unas felices fiestas, que además van a dar paso a un nuevo año, 2017, donde la vida sigue… y quizá, solo quizá (adoro este adverbio), pueda ser un poco más hermosa. Por lo menos ahí seguirán las películas…

Paterson

1. Hacer del día a día un poema cotidiano

Y esto es posible tal y como demuestra el Paterson de la película de Jim Jarmusch (que a su vez crea un poema visual urbano). Un conductor de autobús que vive su día a día y rutina, pero con una mirada muy especial. Lo cotidiano se convierte en verso. Cada gesto tiene su variación, y significado. Tiene un cuaderno secreto donde extrae poesía de una caja de cerillas, de un recuerdo de infancia, del sonido del agua cuando cae de una cascada o del amor que siente hacia su compañera de vida, Laura.

2. Extraer la belleza… de un mundo cada vez más hostil

Parry, el sin hogar, protagonista de El rey pescador vive rodeado de hostilidades. Un mundo duro, que no solo no lo mira o lo rechaza, sino que lo deja continuamente al margen con su locura. Sin embargo, él se empeña día a día en extraer la belleza. Un día paseando con su amada (una tímida editora de novelas baratas) en su primera cita, Parry coge un alambre del suelo (chatarra, basura)… y con sus manos nerviosas le regala una preciosa y pequeña silla. O en un manicomio o en una sala de urgencias donde solo hay desolación, él reúne a todos, con grandes dosis de energía y entusiasmo, para que canten I like New York in june, how about you?

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Pre code RKO

Antes de que entrara en vigor el código Hays o el código de censura en 1934 (su redacción fue en 1930), Hollywood mantuvo un combate férreo entre seguir las medidas de la censura o continuar rodando libremente: sin necesidad de ser políticamente correctos o mostrando un abanico amplio de dilemas morales, sociales, políticos… Así durante este periodo, conocido como pre code, se rodaron películas que reflejaban que todavía el sexo y la dropodependencia no eran temas tabú o que una escena violenta o un desnudo podía enseñarse en la pantalla blanca. Además era un periodo fructífero y experimental en Hollywood: acababa de llegar el cine sonoro y por lo tanto el lenguaje cinematográfico y la puesta en escena estaba en pleno proceso de evolución hacia una nueva época, que dejaba atrás la perfección alcanzada con el cine silente. La incorporación del sonido ampliaba las posibilidades para el séptimo arte, pero también abría un periodo de adaptación y de aprendizaje de las oportunidades que ofrecían el sonido y la imagen juntos. Por otra parte, el público tenía hambre de cine, un hambre que aumentó ostensiblemente con el crack del 29. El cine era una posibilidad de ocio, que no era muy cara y que el público, de momento, se podía permitir… y permitía que ese mismo público pudiera evadirse en la sala de cine de la oscura y aciaga realidad o, por otra parte, sentirse reflejado e identificado y crear otros héroes anónimos o ánimos para la lucha.

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Nashville

Para cuando el bello cantante folk Tom Frank (Keith Carradine) deleita con la canción I’m easy y todas las mujeres con las que ha estado y que están presentes en el local creen que es una canción escrita para ellas, Robert Altman ya ha hipnotizado a los espectadores con esta sátira coral (era un director totalmente dotado para los relatos cinematográficos corales) sobre la América de los setenta. Así como el cantante expresa en notas musicales que él es una persona fácil… pero somos conscientes de que no es así, de que Tom no es una persona fácil, lo mismo pasa con Nashville, que puede parecer una película musical de los setenta sobre la capital de la música country y, sin embargo, es un rico, crítico y complejo tapiz político y social sobre la América de los setenta.

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Solo para hombres

Descubrir al Fernando Fernán Gómez, director de cine. El programa de La 2 Historia de nuestro cine está ejerciendo una buenísima labor de divulgación. De esta manera se están programando y emitiendo películas, algunas muy difíciles de acceder a ellas, de cine español. Y se están completando filmografías muy interesantes. Como por ejemplo la de Fernando Fernán Gómez. Últimamente he podido ver tres de sus películas como director que nunca había visto, y me han deparado buenas sorpresas.

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Ave, César

Los hermanos Coen en Ave, César, con mucho desencanto e ironía respecto a la vida, terminan reflexionando sobre la naturaleza del cine como John L. Sullivan (Joel McCrea) después de un largo viaje de descenso a los infiernos y es que el cine, la fe en el cine, tiene su razón de ser porque en momentos determinados de una vida llena de complicaciones, un valle de lágrimas y sufrimiento, puede hacer volar, soñar, reír… Así los Coen, como Woody Allen en La Rosa púrpura del Cairo o en Hannah y su hermanas, encuentran cierto sentido en la vida gracias al cine, a la proyección…, tal y como ya había dejado constancia en pantalla Preston Sturges en Los viajes de Sullivan.

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Sufragistas (Suffragette, 2015) de Sarah Gavron

sufragistas

La directora Sarah Gavron trata de exponer el movimiento sufragista a través de la historia de una lavandera trabajadora y explotada, Maud Watts (Carey Mulligan), y su despertar o conciencia como mujer con deberes pero también derechos (que durante toda su vida han brillado por su ausencia), entre ellos, el del voto, para de esta manera poder también aspirar a un cambio de su situación en el futuro. Así parte de un personaje de ficción para codearla con personajes y acontecimientos históricos verídicos que tratan de exponer la complejidad del movimiento. Y digamos que con una obra cinematográfica visualmente clásica y correcta y con una galería de actrices femeninas carismáticas (Carey Mulligan, Helena Bonham Carter, Anne Marie Duff…), la directora pone en marcha una introducción válida para empezar a indagar en este grupo de mujeres que lucho por conseguir el voto.

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paulina

El director Santiago Mitre parte de una película ya realizada, es decir, Paulina es un remake de La patota de Daniel Tinayre en el año 1960. Pero lo que hace el director argentino es cambiar el posicionamiento desde el que la protagonista, llamada Paulina, decide actuar ante un acto violento que da un giro a su vida. La Paulina (Mirtha Legrand) de Tinayre se mueve por motivos distintos que la Paulina (Dolores Fonzi) de Mitre. La patota (que así se llama el original y también el remake pero aquí se ha preferido emplear el nombre de la protagonista como título) es un término lunfardo que se refiere a una pandilla de muchachos marginales o que realizan actos vandálicos y estos muchachos son los que motivan el dilema moral, el conflicto. Paulina no es una película cómoda en su planteamiento porque para el espectador no es fácil posicionarse con ninguno de los protagonistas de esta historia.

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En Silver city, cuando se refieren al investigador con rostro de Danny Huston y su pasado como periodista…, explican que él no quería solo informar, sino que quería cambiar el estado de las cosas con sus reportajes. Transformar. Diez años después, en Matar al mensajero, en el discurso final de un desencantado periodista (esta vez el rostro es de Jeremy Renner) mientras recoge un irónico premio…, él dice lo mismo, no quiere solo informar, quiere cambiar. Transformar, contribuir. Silver city y Matar al mensajero no son películas redondas pero sí permiten una buena reflexión sobre la sana bisagra que puede llegar a ser un buen periodismo independiente (algo que es casi misión imposible) para destapar tejemanejes ocultos que hacen el mundo más oscuro e injusto. Un periodismo que sirva realmente para abrir los ojos, para motivar el cambio, para hacer reflexionar, debatir… pero este no es un camino fácil ni de rosas. Es un camino complejo de transitar y el que lo transita puede arrastrar una vida de perdedor desencantado… pero es aquel que descubre y mira.

Matar al mensajero (Kill the messenger, 2014) de Michael Cuesta

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Matar al mensajero cuenta la historia del periodista Gary Webb, que trabaja para un diario local, San Jose Mercury News, que realiza un reportaje de investigación en el que pone en conexión dos puntos que deberían estar muy distanciados: la CIA que está detrás de la Contra en Nicaragua y la distribución de crack en las comunidades negras en los suburbios estadounidenses. Gary Webb encontró evidencias de que la CIA estaba detrás del negocio de la droga pues le era útil para financiar a la Contra…

Así la película cuenta la peripecia de Gary Webb y su caída. Cómo se convierte en un héroe por haber destapado la caja de los truenos y cómo le tiran al arroyo, con informaciones y rumores perjudiciales sobre su persona y su trabajo como periodista, para que no siga indagando. Es decir, para hacer callar a ese mensajero que trae unas palabras incómodas, que remueven.

Michael Cuesta presenta de manera fría y distante la investigación periodística (de pronto todo encaja, todo es redondo) y la posterior caída (de pronto nada encaja, nada es redondo) no consiguiendo la implicación del espectador pero sí acierta en la forma de reflejar la intimidad del periodista, facilitando una construcción más completa del personaje. El director trata de conseguir el tono de aquellas películas de los años setenta frías pero a la vez impactantes como películas de acción e intriga como Todos los hombres del presidente pero se queda a medias. No obstante, es un buen recurso terminar con la irónica ceremonia del premio al mejor trabajo de investigación, cuando todo el gremio sabe que están hundiendo a Webb (y él mismo también es consciente), y que la última imagen sea el mismo Webb subiendo en soledad una escalera mecánica…

Silver city (Silver city, 2004) de John Sayles

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Todo empieza con la campaña de un gobernador conservador que está grabando una idílica propaganda sobre el medioambiente al pie de un lago en una localidad de Colorado… y de pronto aparece un cadáver. El jefe de campaña contrata un detective (un antiguo periodista) porque cree que detrás de este descubrimiento, pueden estar los enemigos políticos del nuevo candidato. Durante la investigación, el detective, que actúa más como periodista independiente (así se va desnudando poco a poco su verdadera pasión… aunque le sitúe siempre en un plano de perdedor), descubre los tejemanejes y corrupciones del poder entre políticos, grandes empresarios, la policía, los constructores, los abogados…, de todos los estamentos de la sociedad, donde lo que menos importa es esclarecer la identidad del cadáver y por qué se encontraba en el lago.

John Sayles opta en su manera de contar y estructurar la película y en la manera de presentar a sus personajes por un tono irónico que denuncia. Ante una campaña de un gobernador con dos dedos de frente, se suben al carro del poder todos aquellos que quieren seguir enriqueciéndose y haciendo de las suyas, llevándose lo que sea necesario por delante. Los que pierden siguen siendo los mismos, representados en ese cadáver en el río. Después están los medios de comunicación que o bien son comprados por los grandes magnates y por los que ostenta el poder, luego su papel es meramente figurativo, o los que buscan el meollo de la cuestión que trabajan como clandestinos en una página web. Entre medias el desencantado investigador-periodista que se comunica con los dos mundos del periodismo: a través de su ex novia –en realidad, la mujer de su vida– y su mejor amigo redactor jefe de la web clandestina.

El universo de Silver city es complejo y confuso pero termina de manera potente con esa imagen de un enorme lago en un idílico paisaje en el que empiezan a flotar cadáveres de peces…, ahí bajo el agua están las corrientes ocultas, las turbulencias y basuras que destrozan el bucólico paisaje.

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