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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Los niños

… con ganas de salir de la escuela, de conocer otros mundos.

Los niños es un título irónico para presentarnos a un grupo de personas con Síndrome de Down con más de 40 años… Y Maite Alberdi de nuevo refleja una historia triste, pero bajo una mirada sensible empapada de humor. La realizadora chilena posee un universo visual especial, una firma, como ya ha mostrado en documentales anteriores. Para reflejar la vejez, la memoria, la amistad, las ausencias y muchos otros temas subterráneos, seguía a un grupo de amigas (una de ellas la abuela de Alberdi) que no abandonaba el ritual de reunirse mes a mes, año tras año, a tomar el té. Esto ocurría en su documental La once. También realizó el retrato de una mujer que iba perdiendo cada vez más los recuerdos de su vida en una residencia de ancianos chilena; a Josebe en Ya no soy de aquí solo le quedaba la certeza de que era de Rentería y de que hablaba el euskera de su alma, pero era un espacio mítico en su mente, el de su infancia y juventud… ahora vivía continuamente el día de la marmota. Lo demás estaba borrado. Y en Los niños presenta un grupo de personas con Síndrome de Down que llevan más de cuarenta años en un colegio y como cualquier grupo establecen relaciones de amistad y enemistad, de amor y desamor. Como todas las personas y todos los grupos de amigos tienen aspiraciones, sueños… quieren vivir solos, casarse, formar una familia, encontrar un trabajo… y luchan por conseguir sus aspiraciones, pero no pueden. La sociedad les sigue viendo como niños (y la legislación también) y aunque en el centro les preparan para ser adultos conscientes e independientes, su contacto con la realidad está llena de obstáculos y frustraciones. Los tres documentales (que han visitado distintas ediciones de Documentamadrid) tienen un color y una luz especial.

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Los Hollar (The Hollars, 2016) de John Krasinski

Los Hollar

Las películas-medicina sientan bien después de su visionado y su efecto perdura en el tiempo según la intensidad de los efectos secundarios. Los Hollar es una de ellas. De pronto, una tarde entras a la sala de cine sin esperar nada, y sales con una sonrisa que no esperabas. John Krasinski, como director, actor y también productor, disecciona a una familia, los Hollar, en un bache existencial donde parece que todo se quiebra, se diluye y se desploma, donde parece que no hay salida posible o solución. Por una parte la crisis económica que hunde a pequeños empresarios que se han pasado la vida trabajando como mulos; por otro la enfermedad que rompe dolorosamente y por sorpresa al pilar fuerte de la familia; y, por último, las crisis existenciales de un treintañero y un cuarentón (uno se asusta ante las responsabilidades y el futuro profesional, y otro trata de levantarse después de haber fracasado en varios terrenos…).

Dos claves para disfrutar de Los Hollar: una buena mezcla de drama y comedia que alcanza así el equilibrio. De este modo nunca es amarga del todo, siempre hay un hueco para la risa (incluso la carcajada), pero tampoco se va por el lado del almíbar (pero alguna lágrima es difícil de reprimir). Y un grupo de actores encabezado por dos veteranos que hace que el espectador se interese por cada uno de los miembros de esta familia. El matrimonio Hollar no está pasando precisamente por un buen momento. Ella, Sally, es una mujer fuerte con una poderosa energía y él, Ron, es un hombre trabajador, aparentemente frágil pero que siempre trata de salir adelante molestando lo menos posible. Y estos personajes son conmovedores además de divertidos porque están dentro de dos grandes actores: Margo Martindale y Richard Jenkins. Solo por ellos merece la pena meterse en la sala de cine. Luego están acompañados por los dos actores que hacen de sus hijos: el propio director, John Krasinski, y Sharlto Copley. Y el que sorprende es un divertidísimo Copley como hermano cuarentón fracasado, que ha vuelto a la vivienda de sus padres.

Los Hollar es una de esas películas de la que no esperas nada, de la que apenas has oído, y de pronto te das cuenta de que te ha proporcionado un buen chute de energía para enfrentarse a la vida.

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Jesús

Jesús parte de una historia real, el caso Zamudio, que conmocionó a la opinión pública chilena. El 2 de marzo de 2012 cuatro jóvenes atacaron, golpearon y torturaron a Daniel Zamudio, un joven homosexual, en el Parque San Borja en Santiago de Chile y le abandonaron en estado de coma. Pero como últimamente pasa con la cinematografía que viene de Chile, su director y guionista Fernando Guzzoni ofrece una mirada, un punto de vista, que incomoda, que hace reflexionar y que es muy compleja. Lo que une a toda una generación de cineastas chilenos muy distintos en sus trayectorias es atreverse con miradas y puntos de vista que inquietan, remueven y golpean. Miradas que ofrecen otras perspectivas de la realidad. Y Fernando Guzzoni tiene esa mirada. Ya golpeó en su primer largometraje, Carne de perro, donde se metía en el mundo interior de un extorturador con ataques de ansiedad. Y ahora en Jesús su cámara se pone en el lado más incómodo y vomita una realidad más difícil de “leer”, comprender e interpretar.

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