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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

noserasunextraño

Un padre alcoholizado (Lon Chaney Jr.) le dice a su hijo (Robert Mitchum) que no va a conseguir ser médico porque tiene cerebro, pero no corazón. Ese hijo se le queda mirando impasible sin decir nada y cierra la puerta de un portazo. Todo ha transcurrido en el hogar familiar, esa casa que el hijo ya apenas visita donde no habitan buenos recuerdos, solo reproches. Tiempo después ese hijo está en prácticas en un hospital y le informan de que su padre ha fallecido en un accidente, y entonces va al hogar familiar donde no habitan buenos recuerdos, se sienta en una mesa de espaldas desolado… y rompe una botella de alcohol vacía. Llora en soledad, sin que nadie lo vea. Después ese hijo ha terminado por fin la carrera y se despide de un profesor (Broderick Crawford), duro y serio pero que valora al alumno, y le da un consejo, le dice que haga el favor de no vivir su vida como si fuera una tragedia griega, que si no será desgraciado. Ese hijo ya es un doctor con experiencia, recto, duro y serio, y masajea el corazón sin vida del que ha sido su segundo padre, un médico rural entregado (Charles Bickford), y, por fin, rompe su coraza, se resquebraja. Y grita que no puede más, que necesita ayuda. Late un corazón.

Podría ser una de las mil maneras en que se podría contar No serás un extraño, el debut como director del productor Stanley Kramer. Un contenido y desatado melodrama médico con cerebro y corazón (sí, es posible esa dualidad). Donde Kramer se revela como un director que no solo sabe contar historias sino también cómo contarlas. Y es curioso por qué quizá sea en su debut donde más se vea esta interesante doble vertiente. Después Kramer se decantó más por contar historias y transmitir mensajes y experimentó menos en la forma de contarlas.

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Hombres errantes

… el trío está servido

Sí, la vida del rodeo es dura. Esa América profunda y polvorienta de tipos duros y mujeres fuertes bajo unos códigos patriarcales y conservadores. El rodeo, que genera una vida errante de perdedores que no encuentran arraigo. A veces, porque se convencen de que no lo quieren y otras porque están atrapados en una espiral donde es difícil encontrar una salida. Hombres que ganan dinero y lo pierden, que destrozan sus cuerpos y sus mentes. Mujeres que esperan y que son las más realistas, que tratan de asentarse y de que ellos sienten la cabeza…, que envejecen antes de tiempo por el cuidado continuo y el poco reconocimiento. Ellos se sienten hombres libres. Pero es distinto ser errante, que ser libre. Y de eso se da cuenta demasiado tarde Jeff McCloud, una vieja gloria del rodeo, con el cuerpo demasiado castigado y sin un céntimo… aunque ha tenido muchos en sus manos. Pero no se queja, arrastra su cuerpo de vaquero perdedor… y nunca pierde la esperanza de un hogar, porque como dice, a veces lo echa de menos. Y si McCloud tiene la mirada de Robert Mitchum…, estamos atrapados ante un perdedor de los de quitarse el sombrero.

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Romeo y Julieta en New York

Romeo y Julieta en New York

Razón número 1: Romeo y Julieta en Nueva York

Los ecos del dramaturgo Shakespeare atrapan las calles de Nueva York en los barrios más conflictivos. Romeo y Julieta se llaman Tony y María. No hay familias que se odian, sino pandillas. Y los dos jóvenes amantes pertenecen a bandos distintos y se aman con la misma inocencia y pasión que los amantes de Verona. El destino oscuro sobrevuela sobre ellos… y todo lo enreda, hasta que la muerte acaba con la pasión. Si bien María no se suicida ante el fallecimiento del joven amante, sí termina su inocencia.

West side story nació primero en los escenarios de Broadway de la mano del director y coreógrafo Jerome Robbins junto al compositor Leonard Bernstein, para las letras de las canciones contaron con Stephen Sondheim. Y en 1957 empezó su andadura por las tablas con un éxito creciente. En un principio revivían la tragedia de los dos jóvenes amantes con el conflicto de pertenecer a religiones diferentes (católica y judía), pero después la actualidad de las calles de New York les dio el toque final: era la época de las bandas y los puertorriqueños estaban pisando fuerte en las calles de New York. La llamada al mundo del cine era inminente y detrás de las cámaras, además de Robbins, se puso un artesano eficaz del sistema de estudios, Robert Wise. El espectáculo debía continuar… pero en la pantalla blanca.

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Locas de alegria

Locas de alegría encierra tragicomedia. Y qué es la vida sino risas y lágrimas, comedia y tragedia unidas de la mano. La vida de uno nunca es perfecta, como tampoco lo es esta película. Pero no importa, porque Paolo Virzi ya ha demostrado que sabe cómo emocionar, cómo tocar la fibra sensible, y sobre todo su cine rescata y construye buenos personajes. Sus películas están vivas, emocionan. Así la nueva película de Virzi ofrece dos personajes femeninos inolvidables, dos mujeres imperfectas (pero ¿quién es perfecto?) que huyen de su destino ¿o de sí mismas?, pero con ganas, como todos, de ser felices y de seguir viviendo. Así Paolo Virzi (La prima cosa bella, El capital humano) rescata la tradición del cine italiano…, esa mirada tragicómica sobre su realidad y deja ver el trabajo de dos actrices que siguen la estela de ese star system de damas italianas que arrastraban al público a la sala de cine: Valeria Bruni Tedeschi y Micaela Ramazzotti. Ellas son en Locas de alegría, Beatrice y Donatella.

Beatrice y Donatella han terminado en un centro psiquiátrico alejadas de la sociedad. Y ambas están obligadas a permanecer entre esos cuatro muros por órdenes judiciales concretas. Beatrice (Valeria Bruni Tedeschi) es una mujer de buena familia que siempre ha ejercido de oveja negra, metiéndose continuamente en líos. Posee una verborrea inagotable, una personalidad carismática y una imaginación desbordante. Se comporta como toda una condesa, con todas las características y comportamientos de una clase aristocrática conservadora… pero en un espacio que la mantiene fuera de lugar, y donde su forma de ser choca y despierta hilaridad. Donatella es una joven que siempre ha tenido mala suerte en la vida, tanto con sus progenitores como con los hombres que ha amado, en un continuo descenso en los infiernos. Siempre en la cuerda floja.

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Hildy Johnson y sus compañeros

Me quedo sin palabras cuando compruebo que fue un 19 de febrero de 2007 cuando publicaba mi primer post, una carta de presentación…, y entonces, de pronto, cobré vida como Hildy Johnson en el ciberespacio y no he dejado de teclear. Ahora estamos en febrero de 2017 y aún no he parado… Diez años de lunas nuevas.

Primera luna

Ha sido emocionante y es emocionante sentir El blog de Hildy Johnson como un hogar. Y ese hogar recibe visitas de un montón de buenos amigos que compartimos una pasión: el cine. Y como buenos amigos nos reunimos y armamos jolgorio hablando apasionadamente de lo que nos gusta: las películas que vamos viendo. Así van pasando los años con reuniones en las que debatimos, reflexionamos, aportamos miradas, nos descubrimos películas, libros, canciones…, compartimos momentos (buenos… y también algún que otro malo)… Y así El blog de Hildy Johnson se enriquece, se llena de vida. Y de estos buenos amigos algunos vienen para quedarse siempre (y a su vez ellos tienen otros maravillosos hogares cinéfilos, donde también nos reunimos), otros vienen de visita asiduamente, otros de vez en cuando, alguno desaparece y aparece como los faros en el mar (e iluminan en el instante adecuado), otros no se manifiestan pero están, alguno pisa tan solo una vez el suelo pero da pista de su presencia… y otros son viajeros esporádicos… Pero las puertas de este hogar siempre están abiertas y su pantalla blanca nunca deja de proyectar películas y textos. No dejo nombres propios porque no querría incurrir en algún olvido, no me lo perdonaría. Y, sí, sé que soy una pesada por decirlo tanto… pero estas reuniones de amigos y sus comentarios y aportaciones son la gran riqueza de este blog. Continuamente os echo de menos.

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Este es un regalo (un decálogo cinéfilo) y un deseo de unas felices fiestas, que además van a dar paso a un nuevo año, 2017, donde la vida sigue… y quizá, solo quizá (adoro este adverbio), pueda ser un poco más hermosa. Por lo menos ahí seguirán las películas…

Paterson

1. Hacer del día a día un poema cotidiano

Y esto es posible tal y como demuestra el Paterson de la película de Jim Jarmusch (que a su vez crea un poema visual urbano). Un conductor de autobús que vive su día a día y rutina, pero con una mirada muy especial. Lo cotidiano se convierte en verso. Cada gesto tiene su variación, y significado. Tiene un cuaderno secreto donde extrae poesía de una caja de cerillas, de un recuerdo de infancia, del sonido del agua cuando cae de una cascada o del amor que siente hacia su compañera de vida, Laura.

2. Extraer la belleza… de un mundo cada vez más hostil

Parry, el sin hogar, protagonista de El rey pescador vive rodeado de hostilidades. Un mundo duro, que no solo no lo mira o lo rechaza, sino que lo deja continuamente al margen con su locura. Sin embargo, él se empeña día a día en extraer la belleza. Un día paseando con su amada (una tímida editora de novelas baratas) en su primera cita, Parry coge un alambre del suelo (chatarra, basura)… y con sus manos nerviosas le regala una preciosa y pequeña silla. O en un manicomio o en una sala de urgencias donde solo hay desolación, él reúne a todos, con grandes dosis de energía y entusiasmo, para que canten I like New York in june, how about you?

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Yo, Daniel Blake

Yo, Daniel Blake arranca con un diálogo sobre una pantalla negra. Solo escuchamos dos voces: a Daniel Blake y a una funcionaria. La funcionaria no se sale del formulario, del protocolo…, no hay alma sino una coraza. Y Blake continuamente pregunta cuando van a hablar de su corazón… Solo quiere que esa voz le escuche, que sea más cercana. Eso es la película de Ken Loach: el corazón de un hombre que trata de no sucumbir y no dejarse aplastar por una burocracia deshumanizada, fría y kafkiana.

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Vida bohemia

La manera de rodar la larga y trágica agonía de Mimi y el rostro de Lillian Gish son tan solo dos de los ingredientes por los que merece la pena adentrarse en otra perla silente de la filmografía de King Vidor: Vida bohemia. Rodada entre El gran desfile, que le convierte en cineasta consagrado, y Y el mundo marcha, su obra genial del periodo mudo… Vida bohemia es un paréntesis en su carrera como director-autor. Pues es digamos un encargo o mejor dicho una exigencia de una de las primeras estrellas de cine, con poderes, Lillian Gish. Parece ser que ella buscaba un vehículo para una nueva etapa de su carrera, donde ya no era la heroína de las películas de D.W. Griffith, pero sí una flamante estrella de la Metro Goldwyn Mayer. Y encontró su personaje en Mimi…, su contrato la permitía elegir director y actor principal. Así quiso a su lado a Vidor (después de visionar parte de El gran desfile) y al galán John Gilbert. Aunque no coincidieron director y actriz en maneras de trabajar se admiraron y respetaron. Así Vidor cuenta en su estupenda biografía, Un árbol es un árbol, la concienzuda y detallada preparación de la Gish para la escena de su muerte… que le llegó a dejar preocupado por si la actriz había ido demasiado lejos en su preparación y entrega.

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La estación de las mujeres

Cuatro mujeres circulan por una carretera desierta en un motocarro imposible decorado con alas de mariposa. Sonríen y se sienten libres de ataduras. Y esta es la imagen icónica que deja La estación de las mujeres de la realizadora hindú Leena Yadav. Cuatro mujeres en la India rural con vidas muy perras, que, sin embargo, no dejan de buscar una posible salida o huida de un mundo con unas reglas que no han pedido. Así el resultado es una película que transita con tino y equilibrio entre un melodrama desatado, una película de denuncia y una película-medicina, donde finalmente prevalecen unas reflexiones sobre la situación de la mujer (en este caso concreto en la India rural, pero habla de cosas que pueden encontrarse todavía, por desgracia, en todas las sociedades) y lo necesario que siguen siendo tanto la lucha como la transgresión para impedir no solo comportamientos violentos, sino la perpetuidad de un sistema que desprecia y somete a las mujeres. Y el equilibrio no era fácil, Leena Yadav (que también es co-guionista) logra trascender el tópico y, a través de una correcta y clásica dirección, consigue momentos auténticos con sus cuatro protagonistas. Es decir consigue que no sea una historia plana, sino que plantee temas complejos, y también dejar una puerta abierta para las protagonistas.

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A mi hermana Mónica

Mandarinas

Mandarinas, una película estonia en coproducción con Georgia, se enmarca en la guerra civil georgiana (en concreto la guerra de Absajia, 1992-1993). Zaza Urushadze, de Georgia, ejerce de director y guionista para crear formalmente una película sencilla pero perfectamente construida. Mandarinas es una película de personajes y con una tesis muy clara y humanista: los seres humanos no tenemos fronteras. Aunque seamos de distintas religiones o nacionalidades, no necesariamente tenemos que ser enemigos. En palabras del propio director en un texto para explicar su película lo deja muy claro: “En las guerras desencadenadas por políticos irresponsables, la gente ordinaria que ama la vida acaba muriendo. La muerte de una persona es la muerte de un mundo único pero para los políticos tan solo es una cuestión de estadística. Las fronteras dividen a la gente de manera artificial. Esta película debería ser un intento de destruir los límites artificiales. Los héroes que recientemente, por alguna razón, eran enemigos, derribarán esas fronteras artificiales. Serán capaces de perdonar, ayudar y protegerse unos a otros, incluso protegerse de su misma gente y llegando a pagar hasta con sus propias vidas”. Y eso es Mandarinas… presenta “mundos únicos” y la capacidad del ser humano para liberarse de las fronteras y acercarse al otro.

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