Primer plano: hay primeros planos de rostros que se te quedan pegados para siempre en la memoria. Son rostros difíciles de borrar. La mayoría de ellos corresponden al final de una película. Otros son momentos de catarsis. Son los primeros planos que nunca se borran.

El uso de un primer plano de un rostro puede llenar de significado un personaje o una película entera. Un ejemplo que hemos tenido últimamente son los increíbles primeros planos tanto de Juliette Binoche como de William Shimell en Copia certificada. Y esos rostros nos cuentan mucho.

Pero inolvidable es el último primer plano, que se detiene en el tiempo, de Antoine Doinel en Los 400 golpes. Ese rostro que nos mira, desafiante, como diciendo, ‘y ahora qué’. O esos primeros planos que cierran las películas de Los vividores y de Érase una vez en América en salones de opio. Uno corresponde a Julie Christie que es Constance Miller, una madame de burdel, que decide evadirse de la dureza que la oprime, vaciarse voluntariamente de sentimientos. El otro es de Robert de Niro, un primer plano enigmático donde De Niro ofrece una sonrisa totalmente ido por el opio. ¿Es todo lo que hemos visto un sueño?

Sin duda uno de los primeros planos más míticos es el que cierra Luces de la ciudad donde Charlot es reconocido por la chica ciega que ahora ve. Y en ese reconocimiento tan temido, el sin hogar regala timidez, una lágrima y una sonrisa. Brutal.

Y mucho antes ¿cuántas veces habremos visto el rostro de sufrimiento de Juana de Arco, la Juana silente con los sentimientos desnudos de Renée Jeane Falconetti en la obra de Dreyer? O ese rostro vencido y estremecedor de un payaso humillado que grita su desesperación… que antes fue un gris profesor de escuela y se dejó arrastrar por la cabaretera Lola en El Ángel azul.

En otros se nos muestra al personaje totalmente vencido. Así impactante es ver a esa Marquesa pérfida con rostro de Glenn Close que ahora se sabe derrotada y que ha llevado su juego demasiado lejos en Las amistades peligrosas. Se va desmaquillando frente al espejo mientras una lágrima cae furtiva.

O muestra la decadencia física de un personaje. La juventud que se escapa en breve. Lo efímero del tiempo. Inolvidable esa cortesana madura y bella que sabe que queda ya poco tiempo para la belleza. Una Michelle Pfeiffer frente al espejo en Chéri.

Otros primeros planos se clavan en mi mente. Como esa madre que inicia un viaje al abismo junto a su familia en Las uvas de la ira y todavía se mira coqueta en un espejo para ver cómo le quedan unos pendientes… O ese ser violento y loco que recibe una terapia de choque que le trastorna aún más volviéndolo además casi un robot. Y así todos recordamos ese primer plano con esos ojos abiertos ‘a la fuerza’ para que reciba imágenes impactantes en La naranja mecánica. O inolvidables los primeros planos de Vito Corleone en la primera parte de El padrino, que nos presenta a un personaje de peso con carisma fuerte. O ese Michael gritando al borde de la locura cuando le arrebatan lo que más ama al final de El padrino III.

Revolotean los primeros planos en mi mente en una cadena que nunca acaba.

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