Dijo Iñárritu: voy a titular una película biutiful, como escribiría un niño bonito en inglés, y luego con esta metáfora genial presento todo lo feo y además lo reitero. Biutiful es simplemente una película de Iñárritu con un contenido vacío que se recrea, con detalle, en lo mísero pero sin ningún fin. Tan sólo para ofrecernos su poderío visual e imágenes efectistas. Repetición continúa del dolor y la tragedia hasta tal punto que anestesia al espectador que se queda sin capacidad de emoción, empatía y sufrimiento…, incluso mirando al reloj suplicando que le llegue ya el destino fatal a San Uxbal. Sin sufrimiento, sin derramar una lágrima… porque ha sido tal la sucesión de desgracias que invalida cualquier sentimiento posible.

Y lo invalida porque te preguntas: pero ¿para qué me está contando todo esto?, ¿qué me quiere decir?, ¿qué me quiere mostrar?, ¿qué realidad me quiere presentar?, ¿qué quiere criticar o denunciar? No hay el menor atisbo de discurso o reflexión cinematográfica sobre el mundo contemporáneo (algo que sí había en Babel que yo siempre he defendido). Vale, no hay discurso político social. Muy bien. Entonces ¿qué quiere transmitir con ese descenso a los infiernos de San Uxbal?, ¿una película sobre la redención? Pues entonces con un pésimo guión nos hemos topado y con una manera torpe de narración cinematográfica a pesar del impacto visual, porque Iñárritu y compañía saben rodar. La redención no se ve por ninguna parte porque desde el principio San Uxbal nos es presentado como un héroe bueno golpeado una y otra vez con todo tipo de sufrimientos y tragedias que debido a sus circunstancias y al destino tiene que dedicarse a negocios ilícitos… pero todo con buen corazón y con conciencia… ¿alguien puede creerse algo así? No, Uxbal tendría que haber sido un tipo de los bajos fondos, sin escrúpulos, y sin conciencia —efectivamente por circunstancias, así es más creíble y humano—, un hijo puta, hablando mal pero para que me entiendan mejor, que de pronto algo le hace reflexionar sobre lo que está haciendo o sobre cómo está dirigiendo su vida y entonces en un momento determinado el personaje, que reflexiona, es redimido o provoca un acto de redención. Y ahí sí hubiera habido un momento de catarsis donde el espectador hubiese podido sentir algo y sentir empatía con el personaje de Uxbal.

Y no tengo más remedio que irme al cine clásico para mostrar cómo se encadena bien una sociedad donde sólo se muestra el lado oscuro, donde hay un personaje que encadena una tragedia con otra, que siempre va huyendo, y es un tipo de bajos fondos que actúa como un verdadero hijo puta pero que sin embargo al final va inspirando al espectador empatía y compasión porque es un ser humano que se equivoca una y otra vez y aunque finalmente quiere arreglar las cosas no tiene oportunidad de corregirse. ¿Recuerdan Noche en la ciudad de Jules Dassin?

La reiteración anula el efecto. Y Biutiful es un ejemplo. San Uxbal desciende por el infierno del lado oscuro de Barcelona y por su degradación física y psíquica a través de una enfermedad mortal (o sea no sólo el personaje es envuelto en un mundo miserable y decadente sino que además le añade la corrupción de su cuerpo). Así Iñarritu para demostrar la decadencia física del personaje, no sólo nos presenta a un San Uxbal con rostro demacrado, sino después de dejarnos escena de médico en que le describe su estado avanzado de la enfermedad nos muestra incasable que el protagonista micciona sangre (unas cinco veces, para que no se nos olvide), padece incontinencia (y para reiterarnoslo nos lo muestra hasta en pañales) y sufre dolores y vómitos. Para que nos quede claro que vive rodeado de un ambiente misero nos presenta una y mil veces una casa decadente donde hay un hogar pobre poblado por bichos vivientes y con las paredes desconchadas, nos muestra que ha tenido una relación sentimental marcada por el dolor y la tragedia porque su mujer es politoxicomana con patología dual que además maltrata a uno de los pequeños hijos que tienen en común, nos enseña que tan sólo tiene un hermano cocainómano que se tira a su ex, nos señala que tiene una especie de conocido de la infancia que es lo que se conoce por un poli corrupto, y filma con deleite una brutal redada y persecución de policía a los manteros inmigrantes como si fueran los Geo…

San Uxbal, que todo lo hace por sus dos hijos, no se plantea que está explotando a seres humanos, que trafica con inmigrantes sin papeles y que forma parte de una cadena humana que juega con la vida de las personas. No, él es San Uxbal y todo lo hace por compasión. Y me quiere hacer creer que sabiendo cómo sobreviven hacinados unos chinos en una habitación cerrada les compra por equivocación los calentadores de butano más baratos porque sólo pretendía que no pasaran frío y claro él era incapaz de pensar en la tragedia que esto podía desencadenar. San Uxbal, además, cuenta con poderes sobrenaturales y se puede comunicar con los muertos y el más allá para dar así una dimensión más espiritual al personaje… ¿para qué sirve ese don en esta película? Me lo pueden explicar. También me quiere proporcionar tramas secundarias que me dejan fría como esa historia del explotador chino, padre de familia tradicional, que tiene un joven amante.

En toda historia de decadencia y miseria se necesitan personajes positivos pero ¿a San Uxbal para qué le hacen falta si no le cambian, si no le plantean ningún dilema, si siente ya desde el principio toda la compasión del mundo y sólo tiene buena fe y mala suerte? Y aquí nos deja la inocencia de los dos hijos pequeños y la inmigrante africana que tiene capacidad de compasión hacia San Uxbal (que es su explotador pero que tiene un corazón de oro) y también de tentación (tiene un momento de debilidad, de ‘venganza’ por necesidad de San Uxbal pero no puede).

No obstante Biutiful nos deja escenas con poderío visual, soluciones cinematográficas que pueden sorprender (lo que demuestra, en el nombre del padre, del hijo y el espíritu santo, que Iñárritu es virtuoso con la cámara y nos presenta producto de factura impecable) y, como es habitual, en sus películas, una galería de intérpretes protagonistas y secundarios que nos dejan unas interpretaciones buenas. Aquí, en interpretación hay mucho que alabar, y por supuesto San Uxbal-Javier Bardem es intenso y deja una interpretación buena con un personaje equívoco en contenido vacío que es un canto a la reiteración de la miseria que no lleva a ninguna parte.

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