El jueves iba tranquila por la calle y me paré en un quiosco que exhibía y vendía bastantes películas. Y me puse a mirar porque a veces en los quioscos se encuentran ofertas asombrosas y películas curiosas. Mi sorpresa fue mayúscula cuando en una colección que sacó un periódico de tirada nacional se encontraba una película (desgraciadamente no en muy buenas condiciones) que llevaba años buscando desesperada una edición de dvd… incluso pedí a un compañero de trabajo que se fue a Roma que la buscara y buscara… y se trata ni más ni menos que de Macarroni o Macaroni o Maccheroni como ustedes gusten de mi querido Ettore Scola.

Me abalancé al dvd pero de pronto… no tenía dinero… ni un céntimo. No había cajero cercano y sí mucha prisa. Así que triste lo dejé en su caja y suplicando que no hubiera otro buscador similar a mí. Me marché. Ayer sin embargo tenía que volver a pasar por el mismo quiosco y esta vez sí que llevaba mi monedero bien lleno y me costó encontrarlo (lo habían cambiado de sitio) pero ahí estaba mi dvd querido con película-medicina, con fábula emocionante. Porque eso es Macarroni. Emoción pura y dura. No es película magistral, ni obra de arte, a veces ni aparece en los manuales de cine italiano y no digamos en los de historia general de cine. Pero es de esas películas que guardas en tu corazón. Yo la vi cuando era más joven por televisión en una emisión nocturna y me quedé absolutamente enganchada a una película que devoré con emoción…, años después seguía buscándola…

Con mi dvd en el bolso ayer llegué muy tarde a casa pero no me apetecía acostarme, ni leer, ni dormirme, ni ver chorradas en televisión… sólo quería volver a experimentar Macarroni. Y ¡oh sorpresa! la magia volvió a suceder… otra vez enganchada en la pantalla empapándome de una película a golpe de emoción y sentimiento. No, no, no es obra maestra pero te desborda. Y mucha culpa de este desbordamiento que provoca la sonrisa y la lágrima, que hace que te creas película medicina que sólo protagonizan buenas personas (los malotes apenas aparecen dos minutos)… la tienen sus intérpretes, sus actores protagonistas que son tan tiernos, tan humanos (no son empalagosos, no se asusten a pesar de mi tono)…Marcelo Mastroianni y Jack Lemmon. Marcelo es Antonio, un buen hombre vitalista, de fantasía desbordante, sensible… que hace todo lo posible por mantener felices a los que tiene a su lado…, un hombre sencillo. Jack es Robert un empresario serio que se ha olvidado de la alegría de vivir.

Y de su encuentro saltan chispas. Parte de una premisa preciosa. El hombre de negocios americano aterriza por cuestiones laborales en Nápoles. A la mañana siguiente recibe una visita de un desconocido, de un hombre al que no recuerda, éste le dice que es el hermano de su antigua novia napolitana, María. Le dice a Robert que si no recuerda que durante la segunda guerra mundial estuvo destinado en Nápoles y conoció a su hermana y a él…Lleva una fotografía. Pero los recuerdos de Robert son muy lejanos… Este primer encuentro no puede ser más desastre. Robert está malhumorado, no recuerda, su memoria no retiene… y Antonio se va defraudado ante un hombre que lo primero que le dice es que por qué le visita, si necesita algo…, algún favor, dinero. Y Antonio le contesta que él no viene a pedirle nada sólo iba a verle…

Sin embargo Robert trata de recordar y poco a poco durante su visita a Nápoles se le va dulcificando el rostro al volver la vista atrás… aunque no recuerda mucho, sólo a una muchacha bella. Y como Antonio se ha dejado la fotografía que le mostró y su tarjeta de visita… decide ir a buscarlo para devolvérsela y disculparse del mal humor del primer encuentro. Su sorpresa es mayúscula cuando se da cuenta de que todo el vecindario y la familia de Antonio conoce y admira al amigo, a Bob el americano, y lo tratan como si fuera uno más, con toda confianza… y él no puede entenderlo, no recuerda tan profunda amistad. Pronto descubrirá el secreto de la mano de un Antonio que agradece en lo más hondo de su corazón esta segunda visita.

A partir de ese momento se vuelven inseparables y Robert vuelve a reír o a sentir. A ser un volcán de sensaciones y emociones, a mirarse con otros ojos…, y a disfrutar de un amigo especial. Pero esta pelícla mágica-medicina es fábula y cuento por eso nos abandona con un final maravilloso y tierno que deja volar nuestra imaginación… nos podemos quedar con la realidad o creer en el milagro… Yo prefiero creer en el milagro que quieren que les diga y es que sólo en las películas creo en milagros… Además es un homenaje a Antonio, él siempre apuesta por la fantasía y la magia.

Y toda esta intensidad y plasmación mágica de la amistad debe muchísimo a los rostros, matices, miradas y transformaciones de dos hombres que fueron buenos actores porque logran transmitir y emocionar en cada fotograma. Y la química se produce (esa química especial que hace que dos actores sean grandes en cada instante que aparecen juntos) de tal manera que la lágrima o la risa se encuentra al acecho cada vez que Antonio y Robert deambulan por las calles napolitanas y protagonizan sus aventuras de seres humanos vulnerables…

Ettore Scola los sigue con respeto y un cariño tremendo por las calles, los restaurantes, los hogares, las cafeterías y teatros…, su mirada es toda sensibilidad porque ama a esos personajes y sus historias. Ama las calles napolitanas, los detalles, los estrambóticos personajes secundarios que conforman un Nápoles que se sabe duro pero también lleno de humanidad y vida…

Y el espectador no puede menos que dejarse llevar y sentir una enorme emoción que agazapada puede estallar de gusto…

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