Hereditary (Hereditary, 2018) de Ari Aster

Hereditary

El miedo más profundo de una madre: la herencia que transmite a sus hijos

Hereditary ya empieza de manera inquietante. Por una parte, una necrológica que anuncia la muerte de una mujer que es madre y abuela. Y por otra una cámara que se pasea por los espacios de una casa solitaria hasta que se mete en un cuarto donde hay una maqueta, como de una casa de muñecas, donde una figura de un hombre se acerca a una cama donde reposa otro muñeco… y de pronto esa habitación cobra vida y nos cruzamos con dos de los protagonistas de la historia: Steve (Gabriel Byrne) y su hijo, Peter (Alex Wolff). De esta manera la película nos anuncia el fallecimiento del gran personaje clave y ausente de la historia…, pero que nunca desaparecerá ni su presencia ni su influencia. Y también nos despista con el punto de vista que va a tener la historia, permitiendo múltiples lecturas y miradas.

El mal rollo que provoca la película y tratar de entender el punto de vista que maneja esta película conduce al pasado, a un capítulo de la serie Misterio que se emitió por Televisión Española en los años 80, titulado Juego de niños. Ese fue un capítulo que nos marcó a muchos niños que vimos esa historia de una familia que despierta en su casa en un caluroso día y descubre que las puertas y las ventanas están cubiertas por un muro macizo, y que no pueden salir. Tras angustiosos sucesos y ya absolutamente desesperados… el espectador se da cuenta al final de que todo está ocurriendo en una casa de muñecas. Al ver Hereditary, el recordar este capítulo ayuda a construir y entender un posible punto de vista o interpretación de la película que ordena y hace entender muchas cosas. Annie (Toni Colette), la madre, es una artista creativa de maquetas de espacios realistas y en su próximo trabajo para una exposición está recreando su propia historia a raíz de la muerte de su progenitora, donde emplea los escenarios en los que discurre su vida y la de los familiares más próximos (su hogar, el hospital, el colegio de sus hijos…). Annie arrastra un duro pasado y una herencia materna y paterna de desgracia, depresión y locura, y lo vomita todo en su obra. Y su mayor miedo y sentido de la culpabilidad es que esa herencia se la haya transmitido a sus dos hijos, Peter y Charlie (una perturbadora Milly Shapiro). De tal manera que no es descabellado pensar que la película en sí es la obra creativa de Annie donde expulsa todos sus miedos y donde queda al descubierto su subconsciente. Y ahí cabe lo irracional, lo paranoico, el sinsentido, el horror, lo descabellado… Hereditary es el alma de su obra creativa, como si cobraran vida sus miedos más profundos. Ella crea una historia absolutamente delirante en sus maquetas. ¿La creación logra salvarla de la locura o cae irremediablemente en ella?

Hereditary es el debut en el largometraje de Ari Aster, que dirige y escribe el guion. Logra una puesta en escena brillante donde la propia casa y cada uno de sus rincones cobra vida. O donde los espacios cotidianos como una clase de instituto o una carretera se convierten en lugares donde habita el miedo. Los movimientos de cámara esconden una revelación, cada una más horrible que la anterior.

Como en Babadook, Martha Marcy May Marlene, Déjame salir o Un lugar tranquilo; Hereditary no solo muestra que el género del terror está muy vivo, sino que es un género en continua evolución que escarba en nuestros miedos más profundos, araña y apuesta por la complejidad de la mente y la psicología difícil e indaga en lo dañino o no de las relaciones más cercanas y cotidianas. Películas que apuestan además por un cuidado formal para contar sus historias. Se sirven del lenguaje cinematográfico para transmitir los terrores más profundos. En este caso ¿cómo nos afecta la herencia que nos dejan nuestros padres? El único personaje al que la herencia no le toca, pero es víctima pues le duele cómo se comporta cada miembro de su familia es Steve, el padre. De poco le servirá ser el más cuerdo.

También es cierto que permite otra lectura más simple con los códigos del género de terror clásico sobre casas encantadas, posesiones infernales, personas ausentes que nunca desapareces, fantasmas desde el más allá, sectas y comunidades extrañas tipo La semilla del diablo…, donde termina bailando la total irracionalidad y el delirio. Pero es mucho más apasionante la lectura de estar dentro de una obra creativa… Estar en el corazón de las maquetas de Annie, en sus miedos.

Tully (Tully, 2018) de Jason Reitman

Tully

A la vida de Marlo llega Tully en un momento de su vida que ya no puede más…

Tully es una nueva colaboración entre Diablo Cody, Jason Reitman y Charlie Theron. Young Adult contaba el regreso a su pueblo natal de Mavis y cómo quiere hacerlo como una triunfadora de la ciudad, alejada de la mediocridad. Pero nada es lo que parece. Y la catarsis del personaje será demoledora… Volverá vencida a su misma caótica vida, pero mirándose por primera vez en el espejo, un espejo real. Así Young adult era una película muy triste y amarga… con brotes de sonrisa desencantada. Y ese tono sigue acompañando a Tully, que además logra transmitir el cansancio, el agobio y la angustia de la maternidad. Y ese es su principal valor: el reflejo nada idílico, y sí muy realista, de ser madre. Marlo acaba de parir y tiene a otros dos pequeños; uno de ellos además es un niño con problemas psicológicos y de adaptación. Es una mujer que trata de sacar la energía de donde puede…, que no tiene tiempo para sentirse ni sexi ni bella, pero tampoco el espejo le devuelve una imagen agradable de su físico. Que está exhausta intentando llegar a todo… y que alcanza ese momento en el cual no puede más. Pero eso no quiere decir que no sea la vida que ha elegido, ni que no ame a sus tres hijos o no quiera a su marido, a pesar de sus defectos (y sus virtudes…). Solo quiere decir que se encuentra en ese instante crítico en que cree que no va a poder volver a levantarse.

Y entonces aparece una niñera nocturna: joven, vital, sin miedo, de cuerpo perfecto, llena de energía y capaz de todo, incluso de hacer disfrutar otra vez a Marlo. De regalarla tiempo. La niñera se llama Tully y Marlo la ve un poco rara, pero confía plenamente en ella. Y su vida se va volviendo mejor y más placentera, va recuperando los ánimos y las riendas, además de reflexionar sobre las decisiones tomadas y los caminos que ha recorrido. Pero no estamos ante la llegada de una Mary Poppins moderna. No, sería demasiado simple. Reitman y Cody se guardan un as en la manga para presentarnos un giro que no es tramposo, sino que desnuda totalmente a una Marlo superada por las circunstancias en ese momento de su vida y que trata de encontrar una solución como puede. Marlo vive un periodo catártico para volver a retomar la vida que quiere, pero nunca se ha dicho que la vida sea fácil, ni tranquila o que no haya que enfrentarse a cientos de problemas, ni tampoco que la gente que nos acompaña en nuestra trayectoria vital sea perfecta, como tampoco lo somos nosotros.

Tully además cuenta con dos buenas actrices. Una Charlize Theron inmensa que construye un personaje lleno de matices. Con ella sentimos la pesadez del cuerpo, el encontrarse a punto de estallar y mandar todo a paseo, el cansancio que provoca a veces la vida… pero también esas ganas de seguir adelante, de encontrar energía y seguir disfrutando y viviendo, pese los malos momentos. Y una Mackenzie Davis que se materializa en una joven rara, pero llena de carisma, que de pronto se vuelve una presencia fundamental en la vida de la protagonista. Siempre hay en ella un punto inexplicable, extraño…, algo que no se entiende, pero que actúa positivamente en Marlo.

Tully es una película triste y amarga. Sí, también devuelve sonrisas desencantadas. Pero tiene un poco de luz. A veces en la vida uno se cansa, uno se derrumba, uno estalla… y solo necesita un tiempo para levantarse, recomponerse y seguir adelante.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.