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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

La rebelde

Daisy Clover se desploma, se rompe, en la cabina de sonido…

Una escena concentra todo el drama de La rebelde. Transcurre casi al final de la película. Una pantalla gigante proyecta la imagen en blanco de la actriz adolescente Daisy Clover (Natalie Wood) moviendo los labios en su nueva película mientras canta “The circus is a wacky world”. Ella, de carne y hueso, se encierra en la cabina de sonido para grabar con calidad la canción en la banda sonora de la película. Y en lo alto, en otra cabina, están los técnicos de sonido y el todopoderoso productor que trata de controlar su imagen y su vida, Raymond Swan (Christopher Plummer). Se disponen a grabar y la canción no sale bien. El productor pide a Daisy que repita una y otra vez la toma. Cuando la cámara se desliza fuera de la cabina de la actriz no hay sonido, solo vemos el rostro de Daisy que trata de atinar y cantar correctamente. Y cuando vuelve dentro de la cabina, oímos insistente el sonido de los números que indican que entra de nuevo la escena que se repite y a la joven intentando cantar bien. Hay un momento que la secuencia es muda y solo oímos el sonido insistente de los números que pasan; 1, 2, 3, 4… y el rostro cada vez más roto de la actriz en la cabina. Contrasta la felicidad que desprende el personaje que representa en la pantalla, así como la letra de la canción sobre lo loco que es el mundo del circo (que puede cambiarse por el mundo del cine), con la angustia, la inquietud y el ataque de nervios que se va viendo que sufre en el interior de la cabina la actriz… hasta que tiene un colapso en el que grita desesperada que paren esa secuencia. El productor sale de su cabina, y se oyen ya sus gritos, va corriendo donde está la actriz y trata de calmarla. Es una secuencia terrorífica e inquietante.

La protagonista se ha roto… y surge el conflicto en el que se debate: ¿deja de ser ella misma, con sus luces y sus sombras, y se deja arrastrar por la industria del cine?¿Se convierte en un títere en las manos de Swan, en una máquina de hacer dinero, o recupera su identidad? Y ahí es donde se elude a la rebeldía del título en castellano. Daisy Clover se rompe porque es incapaz de someterse a los dictados de una industria que la eleva a los cielos y la convierte en estrella, pero hace que pierda su identidad, su esencia, su historia, sus raíces… Todo. En solo esa secuencia se ven varios elementos para analizar en La rebelde: que detrás hay un buen director, Robert Mulligan, que arriesga en la forma de contar su historia, que apuesta por una puesta en escena especial y que domina el lenguaje cinematográfico. La presencia de una actriz con un poderoso carisma y que en momentos así saca todo lo mejor de ella misma, Natalie Wood. Que hay un actor, aún en activo, como Christopher Plummer, que merece la pena ser descubierto, y no quedarse con su papel más recordado en Sonrisas y lágrimas. Y además que la película cuenta con un apartado técnico y artístico de calidad que salta a la vista.

Sin embargo, La rebelde es de esas películas que no solo han caído en olvido tanto en la carrera de Mulligan como en la de Wood, sino que además no tienen buena prensa. No es una película redonda, tiene altibajos, y probablemente no pudo realizarse el montaje deseado, pero esconde potencialidad y momentos poderosos, auténticos. Momentos que no se olvidan. Creo que lo que despistó en su momento y en la actualidad es pillar el tono de la historia que cuenta. No se sabe muy bien cómo mirarla. No se ubica fácilmente en un género: no es un drama, ni un melodrama, ni un musical, ni un biopic… Pero cuál es ese tono, con qué ojos hay que mirarla…, qué es La rebelde: es un cuento cruel con unas notas de terror y angustia rociado con unas gotas de fábula y aprendizaje. Es cine dentro del cine, y se desprende una mirada dura y cruel de la industria de Hollywood.

El cuento narra la historia de Daisy, una adolescente que acaba de cumplir 15 años (Natalie Wood tenía 27 años), y que a pesar de que no tiene una vida fácil, vive relativamente feliz con su madre con problemas de salud mental (Ruth Gordon). Corren los años 30. Las dos fueron abandonadas por su padre y por su hermana mayor. Ambas viven en una feria, al lado del mar, donde tienen un puesto de fotografías de estrellas de cine. Daisy tiene un sueño y es convertirse en una de ellas, así que envía un disco con su voz a Hollywood. Y es llamada por la industria, por el todopoderoso productor Swan. Este le ofrece convertirla en la nueva novia de América, en una estrella. Y todo parece un cuento de hadas, pero no es sobre un príncipe azul, sino sobre un príncipe de las tinieblas. La entrada de Daisy en Hollywood es fría, enseguida pierde no solo su libertad, sino que la arrebatan a su madre y toda su vida pasada, su identidad. Sin contemplaciones ni preguntas. El productor es un vampiro que va despojándola de todo y la va succionando la sangre poco a poco hasta convertirla en un títere-zombi.

La rebelde

Química especial entre Ruth Gordon, Robert Redford y Natalie Wood: madre destronada, falso príncipe azul y la rebelde.

En este cuento tenebroso, donde también sobrevuela el espíritu desgarrador que imprimía el dramaturgo Tennessee Williams a sus historias y que tuvo mucha influencia en los dramas del Hollywood de los años 50 y 60: el hada buena (la madre) es encerrada en un manicomio, la hermana aparece porque le conviene y se convierte en la tutora legal, pero quien maneja los hilos es el productor, el príncipe de las tinieblas. Este tiene una esposa distante, pero que se desata y se quiebra, Melora (Katharine Bard), que acoge bajo sus redes a Daisy; y un asistente frío, obediente e indiferente que es testigo de todos los vaivenes de la joven (Roddy McDowall). También hay un bello caballero, un actor de éxito, Wade Lewis o Lewis Wade (Robert Redford), que conecta con la rebeldía de la adolescente. Él parece el príncipe azul, pero no lo es. Él lucha contra el príncipe de las tinieblas, amando a diestro y siniestro, desapareciendo cada dos por tres…, ofrece su amor a mujeres y hombres de todas las edades, da igual. Siempre es adorado (todo lo contrario al príncipe de las tinieblas, aunque este tiene otros intereses). Pero no se ata a nadie. Y en ese nuevo mundo, como una Alicia en un país de las maravillas, Daisy alcanza el éxito, llega a la cumbre…, pero se da cuenta de que a costa de su libertad, sacrificando su personalidad, su identidad, sus raíces, su pasado… El cuento termina cuando Daisy decide declarar la guerra al príncipe de las tinieblas… Dejar todo y marcharse, qué maravilla… Y ese final Mulligan lo ilustra con otra secuencia muy bien resuelta. De esas que no se olvidan.

Robert Mulligan tuvo detrás de sus primeras obras cinematográficas con éxito al productor, y también director, Alan J. Pakula. Era una generación de directores y productores cada vez más abierta respecto a los temas de la censura y con muchas ganas de contar otras cosas y de otra manera. Este camino lo abrió la generación de la televisión y lo continuaría el nuevo cine americano, con todas las transformaciones de la industria y el sistema de estudios. Los dos ya habían trabajado con Natalie Wood en la preciosa y realista Amores con un extraño y volvieron a reunirse para La rebelde, que adaptaba una novela de Gavin Lambert (que se ocupó también del guion), un autor que conocía los entresijos de Hollywood. El reparto se completó con Ruth Gordon, guionista y actriz, en el papel de la madre. Y ahí, con ella, se encuentran otros momentos auténticos de la película: cómo es tratada e interpretada la relación entre madre e hija. Su mundo particular y su intimidad. Y es que Robert Mulligan sabía cómo reflejar este tipo de lazos especiales. Por otra parte, otro acierto es Robert Redford, un falso príncipe azul con encanto, que muestra además una química muy especial con Wood. Los dos volvieron a trabajar juntos en Propiedad condenada de Sidney Pollack (no es una mala sesión doble para una tarde de verano). Y en los setenta, Natalie Wood hizo un cameo especial en uno de los éxitos de Redford, El candidato. Lástima que no volvieran a trabajar juntos.

Así La rebelde es otra de esas películas olvidadas, no bien valoradas, con altibajos… que merece la pena ser revisitada porque dentro de la imperfección, se encuentran momentos de puro cine.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

8 Comments

  1. Dios, esa escena es superagobiante, terror puro. De largo, lo mejor de una película que, comparto las acusaciones, encuentro irregular. Además tengo que admitir que Natalie Wood me parece una actriz bastante mala en general y en esta película en especial…

  2. 39escalones dice:

    Fallida, sí, pero con momentos bastante buenos, y alguno, como el que cuentas tan bien, sublime. Mulligan va camino del olvido en su totalidad, me temo, pero atesora una filmografía más que estimable (no en vano, estaba en aquella famosa comida, you know). La película tiene algo también (o mucho) de Natalie Wood. Es de esas que, cuando vuelves a verlas y piensas en su vida y en su final, te da escalofríos. Ay, ese cine dentro del cine…

    Besos

  3. Querídisimo crítico abúlico, sí, esa secuencia es buenísima. Y la película tiene otros momentos… para no dejar de verla. Es de esas películas que pese a sus imperfecciones, atrapa. Y tiene análisis apasionante.
    ¡Adoro a Natalie Wood y muchas de sus películas! Creo que tenía mucho carisma, además de ser escandalosamente bella… y en momentos como los de la secuencia era magnífica. La vulnerabilidad de sus personajes era su fuerte. También como niña prodigio tiene buenas apariciones. Y como comediantes poseía chispa y encanto.
    Beso
    Hildy

  4. Mi querido Alfredo, yo tengo mucho cariño a Mulligan y tiene películas en su filmografía que me fascinan, además de adorar, como no, Matar a un ruiseñor. Aquí tiene momentos brillantes. De vez en cuando, apetece sumergirse en su filmografía y descubrir más obra.
    Sí, hay mucho de Natalie y esas aguas oscuras que se la llevaron muy pronto.
    Beso
    Hildy

  5. Bet dice:

    Querida Hildy, no he visto esta película pero la forma en la que describís esa escena me ha tentado un montón. Mirá que curioso, ayer volví a ver “Ha nacido una estrella”, la versión de 1954, y allí también hay una historia de ascenso al estrellato a costa de perder la propia identidad (el cambio de nombre y esa escena brillante en la que sientan a Esther en el departamento de maquillaje y destruyen su autoestima), claro que mucho más tenue en cuanto a las repercusiones que ello trae para la interesada (en ese caso, Esther se encuentra consigo misma en todo su potencial cuando se transforma en Vicki Lester). El cambio de década sin dudas influyó en la forma de contar una historia con los mismos cimientos.-
    Intentaré ver esta película, todavía no tengo una opinión formada acerca de Natalia Wood, más allá de que coincido en que era imposiblemente bella.-
    Un beso grande, Bet.-

  6. Mi querida Bet, es una película muy interesante. Y exactamente dialoga con Ha nacido una estrella (versión años 50, Judy Garland). La rebelde es cierto que es un cuento más tenebroso, pero es una buena sesión doble.
    ¡Adoro a Natalie Wood! Por West side story, por Esplendor en la hierba, por Rebelde sin causa, por Amores con un extraño, por La pícara soltera, por Propiedad condenada… y más.
    Beso gigantesco
    Hildy

  7. JOSE dice:

    Es un film irregular pero muy estimable. A Mulligan hay que reivindicarlo siempre porque hacía gala de una sensibilidad y una emoción especial y dejaba su sello incluso en aquellos géneros más estandarizados. No solo se le ha de recordar por “Matar a un ruiseñor”. Creo que el Mulligan de “Verano del 42”, “El otro” y “La noche de los gigantes” hace las delicias de cualquier cinéfilo.

  8. Efectivamente, querido Jose, nombras tres películas de su filmografía que merece la pena no perdérselas. Y es cierto que tiene una sensibilidad especial. El otro día vi una película de Mulligan que nunca había visto e hizo que lo quisiera más todavía: El próximo año a la misma hora (Same time, next year).
    Y,sí, efectivamente, La Rebelde es una película estimable donde hay mucho que analizar.

    Beso
    Hildy

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