La jungla de asfalto

… planeando el atraco perfecto en las cloacas de la jungla de asfalto

John Huston cierra La jungla de asfalto con un final lírico y tremendamente trágico y culmina así la historia de uno de sus perdedores, personajes que pasean por la mayoría de sus películas. Dix Handley (Sterling Hayden), un pistolero del montón, que persigue su sueño de infancia de regresar a la granja paterna de caballos lucha hasta el final por alcanzarlo. Pero el pistolero no es el único que pierde, sino que poco a poco van cayendo cada uno de los implicados en un atraco, en un principio, perfecto. Y es que la película es cine negro puro: el destino trágico sobrevuela todos los fotogramas, la ambigüedad campa a sus anchas y el fatalismo se pinta de blanco y negro. Todos los personajes se mueven en una jungla de asfalto, en una ciudad que los hace devorarse unos a otros, y algunos de ellos buscan la felicidad fuera de las calles amenazantes y los garitos de mala muerte. Los sueños pueden ser una granja en el campo, una playa lejana, algún país europeo o México como meta. Pero el destino todo lo tuerce.

Dentro de esos perdedores hay distintos perfiles: los que perpetran con minuciosidad y perfección el robo y realizan con profesionalidad un “trabajo” de los bajos fondos, el robo de una joyería. Son supervivientes de una sociedad que excluye. Y aquellos que sostienen la logística, más unidos al poder y bailando junto a la corrupción del sistema, que son los que se precipitarán al vacío y arrastrarán a los demás con ellos. Después está la investigación policial, que no diferencia entre supervivientes y corruptos, y donde también hay garbanzos negros que también precipitan el destino trágico.

John Huston se sirve de la novela de William R. Burnett para indagar en la psicología de varios perdedores. Por una parte la banda que ejecuta a la perfección el robo cuenta con el ladrón profesional e ideólogo del plan, Doc Erwin Riedenschneider (Sam Jaffe), cuyo talón de Aquiles es su obsesión por las mujeres jóvenes. Perfeccionista e inteligente, quiere dar el golpe maestro en cuanto sale de la cárcel para retirarse del negocio y vivir en México. Dix Handley, un pistolero que sobrevive en la gran ciudad cometiendo robos y hurtos, pero que sueña con volver al campo y criar caballos, como hacía en la infancia. El experto en abrir cajas fuertes, Louis Ciavelli (Anthony Caruso), que lucha por mantener a su familia, a su mujer y a su hijo. Y, por último, el conductor, Gus (James Whitmore), que regenta un bar de mala muerte y arrastra su joroba con la misma dignidad con la que es fiel a sus amigos, a su banda. Invevitablemente hay una empatía con esos personajes. Y la parte unida a la corrupción y el poder cuenta con Alonzo D. Emmerich (Louis Calhern), un abogado arruinado, que trata de mantener su nivel de vida, y vive una doble vida con su mujer enferma y su joven amante (Marilyn Monroe), que ve el robo como una oportunidad para recuperar su situación económica y no duda en no ser leal. No verá salida ni a la caída ni a la humillación. Un detective privado (Brad Dexter) que quiere sacar tajada. Y un ambicioso corredor de apuestas que quiere codearse con el poder, Cobby (Marc Lawrence). Uno por uno van cayendo al igual que sus sueños y objetivos.

La jungla de asfalto, con una economía de la narración cinematográfica, contando lo justo y necesario, articula una tragedia urbana en tres actos: presentación de los personajes y plan, ejecución del plan, y caída de cada uno de los componentes del grupo. Y John Huston se sirve de los primeros planos de una galería de actores que se transforman en sus personajes y de secuencias reveladoras e impactantes para ir contando una historia oscura y dura, como la ejecución del robo, la identificación de sospechosos al principio de la película que sirve como presentación de Dix o la detención de Riedenschneider, que se entretiene en una bar de carretera viendo bailar a una adolescente. Para culminar la película con la bella secuencia del único personaje al que deja tan solo rozar su sueño, precisamente al pistolero, Dix, que logra salir de la ciudad, de la jungla…

En esta Jungla de asfalto también hay cuatro mujeres atrapadas en la gran ciudad. La más conmovedora es Doll (Jean Hagen), que arrastra una historia de amor imposible con Dix, y aunque sabe que solo le espera la caída junto a él, decide seguir adelante… hasta el final. Después está la esposa del abogado Emmerich (Dorothy Tree) postrada en la cama y aislada de todo, prefiere no saber, y solo quiere la atención del esposo; y su joven amante (Marilyn Monroe), que le llama tío, una especie de inconsciente mujer fatal, que va detrás de aquel que le solucione la vida. Y, por último, la mujer de familia humilde y harta de las penalidades (Teresa Celli) que desconoce lo que hace su marido, Louis Ciavelli, para que puedan sobrevivir.

John Huston hace puro cine negro, pero con la lírica especial que desprenden siempre sus historias sobre perdedores.

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