El trío protagonista de Unión Pacífico, aventura y emoción continua.

Que Cecil B. DeMille sabía perfectamente lo que era el sentido del espectáculo es un tópico que se repite mucho al referirse a su persona…, pero es una afirmación real. A sus epopeyas bíblicas e históricas, se unía su afán por reflejar una imagen de América con altas dosis de épica y conservadurismo…, pero con películas no solo amenas sino muy bien construidas. Por eso en la filmografía de DeMille no podía faltar un western épico, donde hay buenos y luchadores que construyen un país prospero, unos malos malísimos que tratan de impedir todas las buenas cualidades de una nación… y unos indios salvajes, que son amenaza y obstáculo para el progreso, y que no se pierde ocasión para presentarlos fieros, pero también ridículos e ignorantes. Aun así, Unión Pacífico no solo es una película espectacular y entretenida, sino también intensamente emocionante, con un buen empleo del lenguaje cinematográfico, unos efectos especiales espectaculares y una galería de actores principales y secundarios que contribuyen a implicar al espectador en la trama.

¿Y qué cuenta Unión Pacífico? La construcción durante años de la primera línea de ferrocarril entre dos empresas rivales para cruzar todo el continente (o mejor dicho unir el Atlántico con el Pacífico). Una odisea absoluta de fracasos y logros hasta conseguir la unión de los dos tramos. Banqueros, saboteadores, indios y demás tratan de impedir que los trabajadores lleven a buen término su tarea (el progreso). ¿Y en quién se centra la historia? En un trío amoroso: entre la hija de un ferroviario de armas tomar que además es la encargada del correo para los trabajadores; un agente que vela por la seguridad y trata de evitar los sabotajes para que la obra llegue a su término y uno de los saboteadores. Además los dos hombres se conocen y les une una amistad fuerte pues lucharon juntos en la guerra de Secesión. Y la gran química entre los tres actores protagonistas logra momentos emocionantes e íntimos a lo largo de toda la película así como un suspense continuo de cómo va a solucionarse el triángulo. Barbara Stanwyck, Joel McCrea y Robert Preston son los tres amantes que acompañarán al espectador durante toda la odisea.

Cecil B. DeMille no solo conoce el sentido del ritmo, sino que además no deja respiro. Logra además unir momentos íntimos con la acción más trepidante. O mezcla con soltura momentos cómicos con la tragedia más pura. El espectador que se sumerge en el visionado de Unión Pacífico se muerde las uñas de la tensión (con un emocionante rescate en el último segundo), se horroriza ante tremendos descarrilamientos o llora por instantes íntimos emocionantes. Su visionado es una auténtica montaña rusa. En la película hay muchos momentos clímax, pero sobre todo tres muertes (que no desvelaré) que estructuran el relato y que cada una tiene un significado importante para el transcurso de los acontecimientos. Tres muertes visualizadas con una sensibilidad extrema y emocionante.

El director del espectáculo puro mete de todo en su historia, pero en un cóctel que le sale perfectamente: persecuciones con indios, banqueros malvados, buenos hombres intentando hacer bien su trabajo, robos, disparos, descarrilamientos, amagos de huelgas y protestas, amores, venganzas, odios, solidaridad, juegos de saloon, enfrentamientos, suspense, tensión… y una larga galería de secundarios de oro como Akim Tamiroff, Brian Donlevy o Anthony Quinn. Y todo con un amor inusitado hacia uno de los medios de transporte más cinematográficos: el tren. El caballo de hierro deja momentos inolvidables y DeMille no dudó en escenificar un viaje en tren lleno de aventuras años después en El mayor espectáculo del mundo.

PD: no olvido la promesa de una sesión doble con William Dieterle.

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