Una cara con ángel

… Una librería como escenario…

Si Holly Golightly pensaba que nada malo le podía pasar en Tiffany, y se tranquilizaba frente a su escaparate o dentro de la tienda sus días rojos se alejaban… yo tengo dos sitios sagrados donde me siento tranquila y me aíslo: uno es la sala de cine y el otro es una librería. Cuando una librería cierra o una sala de cine baja el telón para siempre para mí desaparecen refugios. Sin embargo, cuando se habla de su apertura, respiro tranquila, feliz. Y de nuevo el cine deja varias librerías para el recuerdo, secuencias difíciles de olvidar.

Y volvemos otra vez con Audrey Hepburn y un momento delicioso en Una cara con ángel de Stanley Donen. Justamente el primer encuentro entre el fotógrafo (un Fred Astaire que vuela) y una librera que tiene una cara con ángel. Y es que buscando un lugar adecuado para una producción de moda en la revista que trabaja el reportero…, el equipo repara en una vieja librería… Y no solo no se equivocan de escenario, sino que además esconde un descubrimiento entre las estanterías y los libros: una cara amada por la cámara.

Si de pronto me ha venido esta entrada en la cabeza (las librerías en solitario, pues una vez en mi amado diccionario acompañé a las librerías con las bibliotecas, otros sitios-refugio) es porque dos películas actuales me han devuelto dos establecimientos para la memoria: una la película de Isabel Coixet, La librería. Ahí cuenta la historia de una mujer que trata de crear un espacio de encuentro y cultura en una pequeña localidad… y cómo se topa con mucha oposición para su proyecto, pero también planta una semilla en la mirada de una niña. Su librería nunca muere…

Y también un niño que encuentra en un libro maravilloso, no podía ser de otra manera, una pista sobre su padre ausente. Y esa pista es una librería… Así decide emprender un sueño. Lo que no sabe es que esa librería, que no será fácil de localizar, unirá dos historias o cerrará un círculo. Me estoy refiriendo al Wonderstruck. El museo de las maravillas de Todd Haynes.

Isabel Coixet fue la que me hizo descubrir un libro (a través de una obra de teatro que dirigió… y que no pude ver) y una película. 84 Charing Cross Road de Helene Hanff y la película La carta final de David Hugh Jones. Y la historia es la relación que se establece por carta durante años (años difíciles con segunda guerra mundial por medio) entre una cliente norteamericana y el librero británico de un establecimiento especializado londinense. Y las páginas y los fotogramas huelen a librería dedicada que ama los libros.

Muchas de las comedias románticas americanas de los años 80 y 90 tienen su secuencia en una librería o incluso su escenario principal es una de ellas. Las reinas de aquellos años: Meg Ryan y Julia Roberts pisaron más de una librería.Tienes un e-mail, donde la protagonista era la dueña de una librería infantil soñada que sufría la competencia de unos grandes almacenes de libros…; o en Notting Hill donde los protagonistas se conocían en una librería de viajes (él era el librero y ella la famosa estrella de cine); o por supuesto no faltaba uno de los habituales encuentros entre Sally y Harry a lo largo de los años en una librería en Cuando Harry encontró a Sally.

Y es que las librerías son lugares de reunión, de descubrimiento y, por qué no, de amor y desamor, también. También guardan secretos, ocultan mensajes o sirven de escondite. Incluso cierran historias y círculos. Así los protagonistas de Enamorarse de Ulu Grosbard se conocen en una librería, confunden sus libros… e inician una historia que no es fácil. Y cierran la película en la misma librería… y con otro encuentro. O vemos cómo nacen las complejas relaciones entre dos hermanos y una mujer en una librería de segunda mano en Glasgow en la deliciosa Wilbur se quiere suicidar de Lone Scherfig. Woody Allen también es fiel a las librerías y uno de los momentos más inolvidables de Hannah y sus hermanas transcurre en una de ellas donde un libro de poemas sirve como excusa. Una librería cierra una historia potente como La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck, donde la dedicatoria de un libro resume toda una vida.

No podía faltar para cerrar el círculo de librerías en el cine, otro momento mágico en una película de cine clásico. Como no, ese encuentro entre Dorothy Malone y Humphrey Bogart en El sueño eterno de Howard Hawks. Un momento breve, pero eterno en el recuerdo.

¿Cuál es vuestra librería de cine?

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.