Tres anuncios en las afueras

… el sheriff Willoughby y Mildred…

Si en algo se nota que el irlandés Martin McDonagh es un dramaturgo, es por la manera precisa de estructurar y contar bien una historia y por su forma de construir y dar importancia a sus personajes y a sus diálogos. Además Tres anuncios en las afueras podría también hacer un dueto con Comanchería del escocés David Mackenzie. Ambos cineastas muestran una América profunda y unos personajes de la era Trump. Es decir, tratan de reflejar y entender a esos votantes amargados, castigados y golpeados por la crisis que se creyeron la ira de Trump. Si Comanchería mima y quiere a sus personajes rotos y quiere presentar un contexto real, Tres anuncios en las afueras los dota además de un humor negro y les hace protagonizar una especie de fábula moral, donde vale el exceso y el esperpento, para dejar un mensaje: la ira solo provoca más ira… y un poco de amor no viene mal para solucionar las cosas o acabar con cierta dignidad la existencia.

Y si su protagonista paga tres anuncios enormes en la carretera para dejar en evidencia a los policías locales (y que serán el motor del conflicto): piensa que no están investigando lo suficiente la violación y muerte de su hija adolescente; también hay tres cartas de un sheriff, que no quiere perder en momento alguno la dignidad, que aportan una luz al final del túnel ante unos personajes hundidos. Martin McDonagh no deja cabo suelto en su fábula moral. No dejaría de ser interesante comparar la filmografía de Martin con la de su hermano John Michael McDonagh (El irlandés y Calvary), pues ambos están desarrollando su propia forma de contar historias, pero los dos se hunden en la complejidad del ser humano y también exploran la violencia que está presente en el mundo.

Martin McDonagh construye a la perfección tres personajes protagonistas (y cuida también a los personajes secundarios) y cuenta con tres actores que los sacan adelante con todos los matices y detalles necesarios. Frances McDormand explicó en una entrevista que se había inspirado en John Wayne para su personaje de Mildred. Pero McDormand logra que entendamos a una mujer con ira, amargada, golpeada continuamente por la vida, pero que no quiere ni hundirse ni rendirse, aunque sus decisiones sean como las de una apisonadora, aunque no quiera dar su brazo a torcer porque siempre se lo han torcido… y a la que le quedan atisbos de ternura. Cómo olvidar la dulzura con la que se dirige al sheriff cuando este escupe sangre en su rostro. O su cara cuando habla con un cervatillo… El sheriff Willoughby es Woody Harrelson y crea un personaje que tiene tan cercana la muerte, que logra amar la vida y comprender a todos aquellos que le rodean. Y posiblemente sin desearlo, se convierte en faro, en guía, en una voz que no se apaga o desaparece. Y, por último, el policía violento y racista con ira que cae en Sam Rockwell. Este crea un personaje complejo, quizá aquel que iba más hacia la caricatura, el exceso y el esperpento…, para ir desnudándolo, hasta convertirlo en un ser humano con todos los defectos de mundo, pero con un fondo herido y vulnerable (es imposible no acordarse del policía con rostro de Matt Dillon en Crash, de Paul Haggis, solo que en aquella, menos sutil y compleja, convertía al personaje en héroe… y aquí McDormand solo nos deja entenderlo un poco más y dejarle una puerta abierta).

Tres anuncios en las afueras cuenta una fábula moral con humor negro, violencia y esperpento, regado todo con unas dosis pequeñas de luz, ternura hacia sus personajes… y palabras escritas en unas cartas.

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