¡Qué bello es vivir!

Todo arranca en ¡Qué bello es vivir! por un hombre desesperado, George Bailey.

Razón número 1: La desesperación de un ser humano

Sin duda ¡Qué bello es vivir! muestra lo que significa llegar al límite, a la desesperación total y absoluta, lo que quiere decir estar harto de todo y no encontrar más salida que el suicidio. George Bailey siempre sabe cómo reaccionar y cómo llevar sus frustraciones y sueños rotos, también sabe disfrutar de la vida, es un hombre entregado a la comunidad, a los demás, y profundamente marcado por la filosofía de vida de su padre… Este nunca le pidió nada, pero le dejó un legado: de convivencia, de solidaridad, de responsabilidad, de llevar las cosas con calma, de intentar entender a todos (incluso aquel que te fastidia la vida)… George aguanta los golpes y las desilusiones de la vida, pero también disfruta a tope todo lo bueno. Sin embargo, va acumulando y acumulando sueños perdidos, y un día ocurre la hecatombe y no sabe cómo lidiar, está cansado, se enfurece con todo y con todos y se queda con las palabras de su peor enemigo, Henry F. Potter, quien le dice que vale más muerto.

George Bailey tiene el rostro de James Stewart y logra expresar la desesperación en su rostro. Desde que se abraza a su hijo pequeño, llorando; cuando sale toda su ira ante un adorno de la escalera de la casa que siempre se desprende o cuando responsabiliza por teléfono a la maestra de la enfermedad de una de sus hijas; mientras deambula por las calles de Bedford Falls; en la barra del bar… o en el puente desde donde pretende tirarse. Después de la Segunda Guerra Mundial y de todo lo que vivió James Stewart durante la contienda, el actor pudo expresar la desesperación. Te lo crees. Y es que ¡Qué bello es vivir! no es una simple y optimista película de Navidad. Tiene fondo, oscuridad y desesperación en sus fotogramas.

Razón número 2: Realidad y fantasía

Uno de los elementos mágicos de la película es que es tremendamente realista, pero, sin embargo, introduce el elemento fantástico-divino. Y podemos hacer una lectura sombría del asunto. En 1941 Frank Capra, antes de su participación en la guerra y de empezar con los documentales bélicos, realizó Juan Nadie otra película tremendamente realista y oscura con un hombre que también llega al límite del suicidio. No se consuma por la solidaridad, la convivencia, porque la comunidad le frena, porque todos creen en unas ideas y no en el fascismo y en el capitalismo salvaje… Sin embargo, en ¡Qué bello es vivir! sigue ese mismo ideario político y social, pero es necesaria la presencia de un elemento fantástico, el ángel Clarence, para que el suicidio del protagonista no se lleve a cabo… y así este pueda ver y vivir la respuesta de la comunidad. Y necesita que el personaje principal vea cómo sería la vida si él no hubiese nacido, es decir, tiene que ver que todo lo que ha hecho… tiene un sentido. Que renunciar a sus sueños ha servido para algo. A Frank Capra también le hizo mella la guerra y aumentó su pesimismo a pesar de realizar esfuerzos titánicos para seguir adelante con su filosofía de vida. Por eso necesita el elemento fantástico, para seguir creyendo…

Razón número 3: Una película independiente

¡Qué bello es vivir! no es una película del sistema de estudios, sino una película independiente. Después de la guerra, Capra junto a otros directores como George Stevens y William Wyler (los tres habían participado activamente en la Segunda Guerra Mundial) y el productor Samuel J. Briskin ponen sus esperanzas en una productora independiente, Liberty Films. Frank Capra quiere contar sus propias historias, no siente a la industria cercana, es más se irá desengañando más y más hasta el final de sus días. Así el director cuyo nombre salía antes que el título apuesta por la total libertad creativa y autoral de su obra cinematográfica. ¡Qué bello es vivir! se inspira en un relato corto de Philip Van Doren, The greatest gift. El autor se autopublicó el relato y lo mandó como felicitación navideña… y después de una serie de avatares o del destino, este pequeño relato terminó en manos de Capra. Desde que los derechos los adquirió RKO hasta que Capra se puso en marcha con él, hubo muchas versiones de guion. Y ya con el director al frente también intervinieron varios guionistas, pero siempre estando presente Capra, hasta que quedó totalmente satisfecho con la historia. Curiosamente han sido las continuas emisiones en televisión (cuando quedó libre de derechos) las que han ido convirtiendo la película en leyenda navideña, sin embargo, no fue el éxito esperado durante su estreno ni totalmente comprendida por los espectadores. Liberty films quedó finalmente en un sueño breve.

¡Qué bello es vivir!

Amor incondicional entre George y Mary.

Razón número 4: George Bailey y Mary Hatch

Las historia de amor de George Bailey y Mary Hatch sustenta parte del relato cinematográfico. Desde que vemos a esa niña que se agacha hasta el oído por el que no oye George para decirle que lo amará siempre, sabemos que George y Mary están para siempre unidos. Su encuentro en el baile de graduación del instituto del hermano de George, Harry, es divertido y romántico a la vez. Ese baile de charleston en el que los dos terminan en la piscina o ese paseo nocturno con unas pintas impresentables (ella con una bata, él con ropa deportiva gigante)… Él le cuenta sus sueños de volar, ella se calla los suyos (pero los sabemos). Ese momento en que él le dice que le cogerá la luna si la desea o cuando ella le dice que tire una piedra a una vieja casa que a Mary le fascina y que pida un deseo, y luego lo hace ella, pero no le cuenta su deseo… No llega el beso y la diversión es interrumpida por una mala noticia… Pero es una noche que pone cimientos. Ese otro encuentro cuando ella vuelve de la universidad y él acaba de sentir que de nuevo sus sueños de volar de la pequeña ciudad son imposibles…, un encuentro desastre que termina, sin embargo, con una conversación telefónica a tres y un beso apasionado. Ese viaje de novios frustrado tras el crack del 29 y la noche de novios que ella prepara en una casa destartalada, pero con todo detalle. La casa de sus sueños, aquella a la que tiraron sus piedras… George tiene a una persona incondicional a su lado y se da cuenta de ello cuando Clarence, el ángel, le ofrece su deseo de no haber nacido… y se encuentra con una Mary que no le reconoce, que le huye, que no lo quiere, que se asusta ante su presencia, que grita… Y George no lo soporta. Quiere volver a vivir…, a existir.

Razón número 5: Cómo sería la vida sin mí

Y es que ¡Qué bello es vivir! plantea un pregunta vital que todo ser humano se hace alguna vez: ¿Cómo sería la vida sin mí? En un momento de desesperación George Bailey se plantea esta cuestión ante Clarence, el ángel, de una manera muy diferente. Lo que dice es: “Ojalá no hubiese nacido”. Y Clarence concede, con ayuda celestial, claro, este deseo. Y entonces se da cuenta cómo la vida está encadenada y cómo pequeñas acciones a las que no le damos importancia relevante o que pensamos que ocurrieron y punto… tienen muchas más consecuencias de las que pensamos. Por ejemplo, si George no hubiese salvado a su hermano pequeño de morir congelado en un lago, este no podría haberse formado y convertirse en la guerra en un buen aviador que salva la vida a un montón de compañeros… Y así un montón de detalles. Frank Capra arrastra una filosofía que también expresa Fellini pero de otra forma en La Strada: todo ser humano está en la tierra para algo. No olvidemos que Isabel Coixet también trataba de contestar dicha pregunta en Mi vida sin mí. Pero Capra va más allá, el ser humano es responsable de sus acciones y todas pueden hacerse para el bien común, para que una comunidad humana conviva mejor… por eso, si se rompe el eslabón de la cadena… algo falla, algo no sale, algo se rompe… la vida sin mí sería, pero de otra manera y, quizá, no me agrade.

Razón número 6: Bedford Falls / Pottersville

Frank Capra va más lejos todavía. La vida de Bedford Falls sin George sería distinta, incluso la ciudad cambiaría de nombre y se llamaría Pottersville. El motivo sería que Goliat (el millonario Henry F. Potter, un capitalista sin escrúpulos) se hubiera adueñado del pueblo pues habría vencido a David (el legado del padre de George y al propio George con su banco ético). Nadie hubiera puesto trabas ni impedimentos a Goliat y no hubiesen existido voces de resistencia y rebeldía, de otro mundo es posible. Potter no se hubiera enfrentado cada día a una comunidad ética, responsable, solidaria, que mira por los demás y no opta por el sálvese quien pueda, que trata de solucionar los problemas entre todos los miembros que la forman, que intenta que todo el mundo tenga vivienda, trabajo…

¡Qué bello es vivir!

Clarence, el ángel de segunda que le encanta escuchar historias…

Razón número 7: Cómo contar una historia: Clarence

Y es que ¡Qué bello es vivir! está contada de una manera maravillosa y tiene una estructura perfecta. Y como símbolo de la manera de contar, una forma que toca, que llega… nos enteramos desde el principio (y al final tomará una relevancia importante) que a Clarence, el ángel, le gusta que le cuenten buenas historias y que incluso en el cielo tiene un libro adorado: Las aventuras de Tom Sawyer de Mark Twain. De esta manera se hace hincapié en un ángel que le gusta oír historias de gente cercana, que las disfruta como un niño, y que todavía tiene algo de niño inocente y puro que todo lo cree. Así las voces celestiales que van a encargar a este ángel de segunda, sin alas todavía, una misión para que las consiga, es decir, salvar a George, le cuentan la vida de un hombre común…, pero de manera emocionante. Antes vemos que si llega este encargo a la esfera celestial… es porque hay muchas voces preocupadas por George, no es un hombre solo, aunque él lo crea. Así vamos viendo la vida de George en flashbacks. Al final, vamos a creer, como ya se podía ver en Liliom (1930) de Fritz Lang que cada uno protagonizamos una película y que cuando vamos arriba (o adonde haya que ir), podemos verla, rebobinarla e incluso escuchar las voces interiores de cada uno. Incluso cuando George pasa de niño a joven…, la imagen se queda congelada para que Clarence pueda quedarse con su cara, así como entender que han pasado unos años y que ahora toca otra parte de su historia, hasta el ángel comenta que le gusta ese rostro… Después llegamos al momento justo cuando Clarence salva a George, tirándose él al río y gritando socorro: sabe que así va a surgir el instinto que tiene George de ayudar a los demás. Aquí empieza la segunda parte de la película, Clarence tiene un aspecto físico y las voces celestiales desaparecen. ¡Qué bello es vivir! transcurre en esos momentos en presente. Clarence nunca oculta a George que es un ángel y este interpreta que es un anciano que no está bien de la cabeza. Y en esta parte de la película ocurren unos instantes fantásticos, porque se cumple un deseo de George: no haber nacido. Todo es igual, pero distinto. Nadie reconoce a George, porque no existe. Y para él es una auténtica pesadilla, sobre todo porque lo que ve tiene que ver con sus seres queridos. Entonces quiere volver a la vida… Y transcurre el último acto o secuencia… absolutamente deslumbrante y emocionante, pero para eso hay otra razón…

Razón número 8: Una dedicatoria y una ilustración

En una película de una cuidada puesta en escena y que tiene una forma de contar que hipnotiza en cada fotograma, hay dos momentos con palabras e ilustración que no se olvidan. Pues es un film lleno de detalles. Nada sobra ni falta. Mary le regala a George una ilustración de él atrapando la luna con un lazo para ella… Y esa ilustración no abandona ya el hogar familiar. Es el símbolo de la mirada de Mary sobre George, de esa mirada incondicional. Para ella, él es capaz de atrapar la luna y más… Y cuando él ve que ella no le reconoce en Potterville, se da cuenta también de que él la ama incondicionalmente, que no puede estar sin ella.

Y al final del todo George recibe un regalo especial: Las aventuras de Tow Sawyer con una dedicatoria, que le hace ser consciente de que no ha vivido una pesadilla, que realmente se ha encontrado con un ángel (con el elemento fantástico). Y además le ofrece el secreto del éxito de su vida, como de la vida de su padre: “Recuerda que ningún hombre que tiene amigos es un fracaso”. También le da las gracias por las alas… y suenan unas campanillas, entonces la hija enferma de George le dice que su profesora le ha contado que cuando un ángel recibe las alas… suenan las campanillas. Y George sonríe y dice que es verdad. Él ha conocido a su ángel de segunda…

Razón número 9: Unos pétalos de rosa

Es inevitable… cuando empieza la secuencia final, la emoción del espectador se va elevando hasta que, quizá, solo quizá, surja una lágrima. Desde el momento en que el policía amigo, Bert, encuentra a George en el puente y este descubre que vuelve a vivir y que todo sigue igual de mal que cuando quería suicidarse, pero ahora es totalmente feliz… porque vive… y probablemente podrá solucionar de una manera u otra su problema. Se emociona porque nieva, porque su coche sigue empotrado en un árbol, porque sangra del labio (después de un puñetazo que ha recibido)… y porque saca de su bolsillo unos pétalos de rosa marchitos de la flor de su hija enferma. Por alegrarle, le alegra hasta saludar al hombre que le hace la vida imposible, Potter. Se emociona porque siga roto el adorno de la barandilla de la escalera de su hogar. Saluda como loco al inspector de hacienda y al funcionario que le va a detener… Y de pronto Mary le dice que se ponga detrás de una mesa con sus hijos y entonces todos los vecinos del pueblo, su familia y amigos llegan para prestarle dinero y apoyo. El legado del padre ha funcionado: ahora es George el que está en apuros y todos tratan de apoyarlo como ellos lo han hecho siempre.

¡Qué bello es vivir!

Gracias por las alas… y el sentido de la vida.

Razón número 10: Como el día de la marmota

Nunca, nunca me canso de ver esta película. Como el día de la marmota, me encanta perderme entre sus fotogramas, siempre logra emocionarme y reflexionar. No me importa encontrarme cada año en Bedford Falls. Y como en todas las películas de Capra (y de otros directores contemporáneos suyos) ni un solo personaje secundario sobra, aunque aparezca tan solo unos segundos. Siempre es un placer encontrarse con el padre de George (Samuel S. Hinds), con su madre (Beulah Bondi), con el entrañable tío Billy (Thomas Mitchell) y el que le mete en el lío que colma la paciencia de George, con Mary (Donna Reed), con el odioso Potter (Lionel Barrymorre), con la pizpireta Violet (Gloria Grahame), con el policía Bert (Ward Bond), el taxista Ernie (Frank Faylen), con el camarero del bar (Sheldon Leonard), con el antiguo jefe de George, el señor Gower (H.B. Warner)… y muchos personajes más. Cada año es posible reencontrarse con George Bailey y también puede preguntarse uno: cómo sería la vida sin mí… ¿No es una buena reflexión para terminar el año y empezar otro nuevo?

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