El sacrificio de un ciervo sagrado

Steven y Anna … juntos hacia el sacrificio final.

Primer plano de una operación a corazón abierto, un corazón que late. Así, brutal y fríamente empieza El sacrificio de un ciervo sagrado de Yorgos Lanthimos. No solo conocemos de esta manera gráfica la profesión del protagonista, Steven (Colin Farrell), un cardiólogo, sino que es un primer aviso de una película que nos va a remover las entrañas. Las señas del director griego están presentes durante el metraje de su segunda película rodada en inglés, pero también fluye una tragedia griega o drama bíblico en un mundo moderno. Y Lanthimos nos arrastra con suspense por su universo incómodo, distante y extraño con unos personajes que no solo se relacionan fríamente, sino con un uso del lenguaje que conduce a la perplejidad. Para dejar un retrato aterrador sobre el instinto de supervivencia del ser humano y lo sobrecogedor de un sentido de la justicia bajo la mirada de la mitología griega y de la Biblia…

Bajo la peculiar manera de contar sus historias, Lanthimos no deja de ser un fabulador pesimista, se ocultan los ecos del mito del sacrificio de Ifigenia (una de las historias alrededor de la guerra de Troya)…, y de ahí el ciervo del título, o también sobre la historia bíblica de Abraham y el sacrificio de Isaac. Así la película además de su carácter perturbador, acentuado además por su banda sonora, está envuelta por un destino inevitable y trágico. Y el director griego juega a la inquietud y al suspense, al thriller oscuro, con la historia de una familia. En la intimidad familiar de Steven y su mujer Anna (una Nicole Kidman que no deja de arriesgar a la hora de elegir personajes y películas), que viven con sus hijos Kim y Bob, se introduce una nota discordante: un adolescente, Martin. Martin va metiéndose poco a poco en la cotidianidad de la familia como un veneno lento. Su intromisión primero es suave, agradable y catártica para, de pronto, estallar en el seno familiar y desparramar un líquido oscuro. Martin trae al presente un hecho del pasado de Steven. Un pasado por el que tendrán que pagar irremediablemente todos los miembros de la familia. Tan solo hay una manera de recuperar el equilibrio… Y todo lo que ocurre por el camino es una sucesión de momentos violentos e incómodos que resquebrajan la unidad familiar, pero también se desata el instinto de supervivencia y el deseo de restablecer su estatus como familia.

A pesar de su pesimismo y su oscuridad, Lanthimos, sin embargo, rueda logrando secuencias de una hermosura que remueve y perturba. Con los momentos de cámara lenta, que ya son una firma; el empleo de la música dentro de su historia y una bella iluminación plagada de colores claros y luminosos, casi blancos, en una historia oscura. Así como la interpretación distante, violenta y fría de sus personajes que, sin embargo, logran remover, provocar y hacer sufrir. Lanthimos no presenta un mundo presente en el que uno se quedaría a vivir…, pero logra hipnotizar y que el espectador no pueda salir de sus pesimistas fábulas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.