María Estuardo

María Estuardo junto a su mejor amigo.

María Estuardo es una película denostada, poco analizada e incluso no fue muy amada por el propio director. Todavía no se había especializado en su género estrella (pero no el único que cultivó con éxito), el western. Durante la década de los 30, Ford se paseaba por distintos géneros e historias de toda índole… forjando su personalidad como cineasta. Y es una década, además del periodo silente, llena de descubrimientos, además de ser de más difícil acceso y, por ello, más desconocida. Donde tiene obras tan interesantes como El delator o El joven Lincoln u obras tan olvidadas como Carne… y es una gozada indagar en ella. María Estuardo es una película histórica y se centra en una reina trágica, bajo la óptica fordiana. Puede parecer una película alejada de la coherencia que fue adquiriendo su filmografía, pero no es así. María Estuardo alcanza momentos donde se muestra el buen hacer del cineasta y tiene distintos elementos que no la aíslan de su obra artística.

Una óptica desde la que se puede analizar su filmografía es desde la plasmación de sus creencias religiosas en el cine, es decir, John Ford y el catolicismo. Desde sus raíces irlandesas y católicas el tema de las creencias religiosas y la espiritualidad de algunos momentos cinematográficos de su cine está muy presente en su obra. Y dentro de esa trayectoria el retrato que realiza de María Estuardo como reina que defiende sus creencias religiosas, pero también la libertad de religión, es una baldosa de lo más interesante dentro de esta mirada de su obra. Así esta película histórica no es un eslabón perdido dentro de la filmografía del autor y casa con obras como El delator (película con la que además comparte al guionista, Dudley Nichols), Las uvas de la ira, El fugitivo, El hombre tranquilo, Tres padrinos, Caravana de paz o Siete mujeres.

Otra característica que enmarca a María Estuardo dentro de la obra fordiana es la riqueza y la complejidad de sus personajes (de los principales a los secundarios), creando un universo especial (como lo hacía en cada una de sus películas). Personajes con sus virtudes y sus defectos, con luces y sombras, en momentos solemnes, pero también cotidianos e íntimos. Además, ya se empieza a ver cómo el director trabaja cómodo con ciertos actores con los cuales repite a lo largo de su filmografía, dejándoles la creación de personajes principales o secundarios con carácter y dosis de humanidad. Es difícil descubrir un personaje plano en la filmografía de Ford, aunque dicho personaje aparezca tan solo unos segundos. Así en esta película están presentes John Carradine y Donald Crisp, dos actores que trabajarían varias veces bajo la batuta del director. En el caso de Carradine, este levanta uno de esos personajes que es imposible que pasen desapercibidos, por su peculiaridad y complejidad. La presencia del actor los hace más especiales todavía. En María Estuardo es su secretario personal y mejor amigo, David Rizzio. Y además protagoniza una de las secuencias clave de buen cine en dicha película: a través de su persecución y muerte por varios lores de la corte escocesa, se inicia la traición política a María Estuardo.

María Estuardo

María Estuardo, de negro y de pie, en su juicio.

Por otra parte María Estuardo presenta dos fuertes personalidades femeninas: la propia María Estuardo y su prima Isabel I de Inglaterra, y su enfrentamiento. Siempre se ha analizado más el cine de Ford desde sus personajes masculinos, pero, sin embargo, en su filmografía no faltan fuertes personalidades femeninas. E incluso su última película fue principalmente protagonizada por mujeres, Siete mujeres. María Estuardo tendría el rostro de una jovencísima Katherine Hepburn, y Ford la regala (algo no muy habitual en él) unos primeros planos brillantes… hasta el último, antes de su ejecución, con sus ojos llorosos y una belleza especial, lista para la muerte. Unos primeros planos que denotan el cuidado hacia la representación del rostro de una actriz con una belleza distinta. Y también plasma ese momento de director enamorado de su actriz principal, pues Ford y Hepburn protagonizaron una relación muy especial, conectaron. No volvería a regalar unos primeros planos similares hasta que descubrió a otra pelirroja: Maureen O’Hara. Otra actriz de belleza peculiar que Ford daría unos primeros planos sublimes…, no hay más que volver a El hombre tranquilo. Y se podría unir esa muerte de una María Tudor hacia el sacrificio final, con una profunda espiritualidad, con otra muerte femenina trágica, que cierra su filmografía, con una sombra magistral. La muerte y sacrificio de la doctora doctora Cartwright (Anne Bancroft) en Siete mujeres.

Pero además María Estuardo cuenta con ese romanticismo fordiano de hombres y mujeres de temperamento que unen sus destinos… o, a veces, no pueden, pero siguen unidos a través del tiempo. Y para expresar el amor no les es necesario un beso: basta con una mirada, un gesto, una espera, un anhelo…, pero también se vislumbra toda la sensualidad. Así es la trágica historia entre María Estuardo (Katherine Hepburn) y Earl of Bothwell (Fredric March). Y, por último, es una película con momentos que vislumbran a un buen director: la ya mencionada traición y muerte a David Rizzio o una maravillosa secuencia, el juicio a María Tudor, ella vestida de negro y solemne, rodeada de hombres poderosos en lo alto… donde cae su fuerza, pero no su dignidad, al enterarse de la muerte del amado, el momento en que ve todo perdido. O el uso especial que siempre ha hecho Ford de un fenómeno metereológico: las tormentas. Momentos inolvidables en El hombre tranquilo, El joven Lincoln y también en María Estuardo. Como tampoco falta en pequeños momentos el sentido del humor fordiano con ciertos personajes y situaciones (el momento de Earl of Bothwell frente al chimenea así como la presentación de dicho personaje o su oposición física y de comportamiento con el que se convertirá finalmente en el primer esposo de la reina en Escocia, pisó tierras escocesas siendo viuda), Lord Darnley. No obstante ambos personajes tendrán finalmente destinos trágicos).

Por eso merece la pena deleitarse con María Estuardo, una película que esconde más cine de Ford de lo que parece.

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