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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Joan Crawford en los brazos de Steve Cochran.

Joan Crawford en los brazos de Steve Cochran.

Los condenados no lloran gira alrededor del rostro de Joan Crawford. Y ese rostro tiene dos momentos clave en esta película que revolotea entre el buen cine negro y el gran melodrama con una enorme sombra de pesimismo envolviéndolo todo. El primer rostro es el de una madre que ve cómo su vida se parte en dos, cuando pierde a la persona que más quiere en este mundo. Es el rostro del desgarro. A partir de ese momento, abandona una vida de sometimiento y decide subir escalones sociales y una posición sea como sea… Aunque tenga que perder su nombre y su origen. Y el segundo rostro es el de una mujer golpeada con violencia, que es consciente de que ya todo está perdido, que de nada le ha servido la huida. Que estaba siendo igualmente sometida. Que sabe que volverá otra vez a sus orígenes y que recupera su identidad a golpes. Es el rostro de la derrota.

Y a la Crawford la acompañan tres hombres, tres actores que nunca fueron estrellas, pero que construyen a la perfección sus personajes: David Brian, Kent Smith y Steve Cochran (con una vida llena de tormenta y final oscuro, y con un magnetismo especial que la pantalla supo captar en sus papeles de chico malo). Los tres personajes masculinos van atando el destino de la protagonista en un callejón sin salida. Esta película de la Warner fue orquestada por Vincent Sherman, un director olvidado y a tener en cuenta, que dirigió a grandes divas como Bette Davis, Ann Sheridad, Ida Lupino… y Joan Crawford.

La protagonista de Los condenados no lloran es Ethel Whitehead (que se transformará en la millonaria Lorna Hansen Forbes) y es una ama de casa que vive en casa de sus padres, junto a su marido y su hijo. Es pobre y vive sometida por la dureza de su padre y de su marido, que además no gana el dinero suficiente para una vida mejor. Un suceso le hará romper con su vida e ir convirtiéndose en Lorna Hansen Forbes. Su nuevo objetivo es alcanzar un estatus social… Y si para ello tiene que relacionarse con la mafia, no dudará ni un solo instante. Y para trepar se sirve de un honrado contable que por ella irá cayendo en el infierno, y no dudará en vengarse y amargarse, aunque nunca podrá esconder sus sentimientos hacia Ethel. A través de él, la protagonista avanzará en un mundo de hombres, y lo hará empleando su inteligencia y su sexualidad (pues solo así los poderosos la dejan entrar en su mundo). De ese modo llegará hasta el caballero mafioso, la cumbre de la pirámide, que esconden tras la apariencia elegante a un verdadero ser brutal. Y que le hará saber de la manera más salvaje, que solo es un objeto en sus manos para alcanzar sus intereses (como todos los demás que le rodean), para trepar y trepar. Entre el contable y el mafioso poderoso, surgirá la tercera figura: el matón que no se esconde tras ninguna apariencia y que realmente sí cae a los pies de la que quería ser una mantis religiosa para solo comprobar que todo se le ha escapado de las manos.

Vincent Sherman no solo encuentra el equilibrio entre el mejor cine negro y el melodrama más desatado, sino que muestra su buen uso del lenguaje cinematográfico y de la puesta en escena. Los condenados no lloran tiene una estructura que atrapa desde el primer momento. La película empieza de manera magistral con el descubrimiento de un cadáver, el inicio de una investigación y la huida de una mujer. Una mujer que regresa a casa de sus padres y allí, otra vez en su cuarto, coge una fotografía… y empieza un largo flash back que explica cómo ha llegado a esa situación. Después, vuelta al presente y la resolución final con un último mazazo pesimista por parte de los comentarios de dos periodistas, que cierran la historia.

Los condenados no lloran cuenta con una escena crudísima de violencia de género donde el personaje de Joan Crawford es brutalmente golpeado y donde la cámara no se esconde. Y ese momento es toda una rareza, pues no se solía explicitar de esa manera este tipo de violencia. Es una película cruda y directa, donde efectivamente los condenados no lloran, sino que tratan de huir de sus destinos… Y no pueden.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

4 Comments

  1. Teo Calderón dice:

    Recuerdo esta película como un melodrama cargado de negrura y violencia, sí, pero de artero diseño y escasa convicción. La verdad, en aquellos momentos parecía diseñado como falaz advertencia disuasoria para audiencias femeninas con tentaciones de escapar del nivel al que eran condenadas en un mundo de hombres.
    La convencional arquitectura del film no ayuda tal vez porque la Crawford exigió (como era habitual en la estrella) que todos los elementos giraran en torno a ella, y Vincent Sherman no era George Cukor. En cualquier caso, nuestra Joan está muy en su papel con una de sus típicas sobreactuaciones.
    Un saludo.

  2. Querido, querido Teo, qué alegría más grande leerte. Y, sí, una de las cosas que más llama la atención de Los condenados no lloran es su oscuridad y violencia. Y su oscuridad también sobre el destino de la protagonista: su vida es negra cuando es mujer sumisa, su vida sigue siendo negra cuando trata de encontrar un estatus social y económico… y la vuelta al hogar augura un futuro oscuro. Y creo que Sherman logra un buen equilibrio entre el melodrama y el cine negro y consigue una buena película… Y resulta otra cinta certera para el atractivo que ofrece el análisis de la filmografía de Joan Crawford. Sí, todos los personajes de esta película giran alrededor de su personaje, pero están perfectamente insertados en la historia que se quiere contar, muy bien construidos.

    Beso
    Hildy

  3. No la he visto. Pero parece muy recomendable por lo que cuentas. De Vincent Sherman recuerdo, sin embargo, “Sola ante el peligro” o “Lone star” con Ava Gardner. Y por supuesto, “El regreso del doctor X”. Es curioso el director que finalizó su carrera con una película titulada “Cervantes” nada menos. Saludos!

  4. ¡Querido Marcos, qué bueno que estés por aquí de nuevo! Me encanta, ya lo sabes. Sí, la película ha sido un buen descubrimiento. Y es curioso muy curioso indagar por la filmografía de Sherman. Yo disfruté de otro de los títulos con Joan, La envidiosa (que también apareció por el blog). Y suya es también Vieja amistad con Bette Davis y Miriam Hopkins… película que luego Cukor convertiría en Ricas y famosas. Jo, Marcos, sí también me llamó la atención ese Cervantes…

    Beso
    Hildy

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