Una de las apasionantes tareas de una filmoteca es rescatar del olvido. Y recuperar joyas ocultas; y rebuscar y encontrar películas perdidas; y difundir la historia del cine. Todo esto, más un cariño y cuidado que se nota en la elaboración del ciclo, lo encontramos en la Filmoteca Española este mes en su retrospectiva sobre Antonio Moreno (1887-1967). Digamos que Antonio Moreno: Made in Hollywood logra reunir y recuperar la memoria de un actor que nació en Madrid y que sus pasos acabaron en Hollywood, convirtiéndose en un actor silente de prestigio. Luego posteriormente también dirigió películas y en la era del cine sonoro fue un secundario de lujo. Todas sus facetas se contemplan en este ciclo. Como marco de la retrospectiva, el documental The Spanish dancer de Mar Díaz, que a su vez está presentando cada una de las películas de este olvidado actor aportando interesantes datos e información del material proyectado. Toda la obra silente de Antonio Moreno se está viendo con música en directo, gracias a la sensibilidad del pianista Marcos Ortiz (es todo un placer escuchar las composiciones musicales que acompañan cada proyección; un trabajo, sin duda, serio y laborioso).

Descubrí a Antonio Moreno por dos vías distintas (pero comunicadas, Álvaro Armero está presente en las dos) hace años, pero nunca, nunca había tenido oportunidad de ver alguna de sus películas del periodo mudo: el libro de Álvaro Armero, Una aventura americana. Españoles en Hollywood (y descubro en una entrevista que Mar Díaz también se fijó en Moreno a través de esta publicación) y el número 22 de la revista Poesía, dedicada a El cine. Después, de algunas de sus películas del periodo mudo he leído una y otra vez bien por los directores o por sus compañeras de rodaje. No voy a poder acercarme a todo lo que quisiera, pero ya he empezado el aperitivo del ciclo con dos de sus más famosas películas silentes y que sí se han conservado. Las dos son adaptaciones cinematográficas de novelas del escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez, cuyos libros se convirtieron en verdaderos best sellers al otro lado del charco. De tal modo, que Hollywood adquirió sus derechos y muchas de sus obras tienen su adaptación cinematográfica (incluso varios remakes). Y en dos de ellas: Mare nostrum y La tierra de todos… Antonio Moreno era el protagonista.

Mare nostrum (Mare nostrum, 1926) de Rex Ingram

Mare nostrum

— En Pompeya, camino a la perdición. Entre ruinas…

Mare nostrum es una superproducción de la Metro Goldwyn Mayer (si hubiera sido por Ingram, como dijo Mar Díaz en la presentación, la palabra Mayer desaparecería del texto… pues no se llevaba nada bien con el productor Louis B. Mayer… y en los créditos de sus películas se negaba a que se pusiera Mayer) dirigida por uno de sus directores estrellas, pero también rebelde: Rex Ingram. El director ya había llevado al cine otra famosa novela de Blasco Ibáñez, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, y le gustaba el proyecto de Mare nostrum, al igual que a su esposa, la actriz Alice Terry. Así que se embarcó en un rodaje de meses y meses, con el apoyo del escritor… y en las tierras del Mare nostrum: España, Francia e Italia. Así la película nos lleva a Pompeya, Marsella o Barcelona.

La pareja protagonista son Ulises Ferragut y Freya Talberg. Y viven ambos un amor imposible. La historia transcurre durante la Primera Guerra Mundial… y Ingram rueda una intrigante y entretenida película bélica y de espionaje con un romanticismo exacerbado con gotas de melodrama exaltado. Uno de los aciertos de Mare Nostrum es convertir el Mediterráneo en un mundo mítico de aventuras y dioses con aires de inmortalidad. Así muchos de sus personajes tienen un nombre o pseudónimo que proviene de la mitología… y el final trágico se convierte en simbólico en un Mediterráneo habitado por leyendas y dioses.

Por eso al tío que inculca el amor al mar a su sobrino Ulises (viajero incansable como el mito… y corriendo mil y un obstáculos que le hacen no volver al hogar… solo que aquí su Penélope termina odiándolo y él se queda con una diosa…) le llaman Tritón. Y por eso Tritón le cuenta la historia de la diosa del mar, Anfitrita, a la que tiene colgada en una pared como una lámina de los felices años 20 con influencias del art decó.

Y ese niño se convierte en un apuesto marino que en tierra tiene a una esposa, doña Cinta, a la que no ama, y a un hijo al que adora. Mare nostrum arranca cuando tiene que decidir dejar su barco mercante y regresar a su hogar, porque ya no solo se lo exige su familia sino que además está arruinado, pero estalla la guerra… y decide intentarlo de nuevo en el mar, pues en tiempos de guerra sí que pueden necesitar su barco. En sus andanzas por el mundo conoce a Freya, una bella mujer que le recuerda al póster de su tío de la diosa Anfitrita. Y la conoce en un sitio mítico que esconde miles de historias, en Pompeya. Así Ulises cae bajo el influjo del amor. Freya va acompañada de una mujer mayor, que parece ser es una estudiosa de historia antigua… Pero pronto desvelan su verdadera identidad: son espías alemanas. En un principio, un Ulises enamorado no da importancia al asunto e incluso colabora con ellas, llevando a un conde alemán en su barco con provisiones y combustible a un submarino alemán. Después, cuando Ulises regresa de su misión…, ellas han desaparecido de la casa y la portera le dice que su hijo ha estado buscándolo. Este hecho tendrá consecuencias dramáticas para todos los personajes de esta historia y supondrá también la toma de conciencia de Ulises así como su posicionamiento en la guerra.

Rex Ingram no solo cuenta una historia entretenida, sino que deja varias secuencias memorables, así como un cuidado especial por los detalles. Una de esas secuencias es la persecución al espía alemán por diversas callejuelas, escaleras y cuestas y la otra es la preparación y ejecución de Freya, absolutamente arreglada y maquillada y negándose a taparse los ojos (un antecedente maravilloso a la Mata Hari de Garbo). Ingram cuida el rodaje en exteriores como en las ruinas de Pompeya (¿dónde mejor sitio para encontrarse a la mujer amada pero también la perdición del protagonista?) o con los detalles, como los de la espía alemana mayor (cómo oculta en un portafotos a aquel al que venera de verdad o su estuche de venenos…). Por otra parte, logra también a una historia realista darle visos de leyenda mitológica y fantástica. Antonio Moreno como Ulises está perfecto como marinero entusiasta y en un principio despreocupado, solo con una espina clavada: su hijo. Después se convierte en un seductor y hombre enamorado cuando conoce a Freya. Para finalmente convertirse en un héroe trágico y concienciado que termina sacrificándose… Antonio Moreno confesaba en una entrevista publicada en el libro de Álvaro Armero que Mare nostrum era la consagración de su carrera como actor.

La tierra de todos (The Temptress, 1926) de Fred Niblo

La tierra de todos

… el erotismo exacerbado de la mujer fatal y el latin lover

El director Fred Niblo también tenía experiencia en la adaptación cinematográfica de la obra de Blasco Ibáñez. Antes de La tierra de todos, había adaptado Sangre y arena con Rodolfo Valentino de protagonista. Sin embargo, en un principio él no iba a ser el director de The Temptress, sino que la película había caído en manos de Mauritz Stiller. Stiller era un director sueco que había cruzado el océano junto a su descubrimiento, la actriz Greta Garbo, y ambos iban a hacer carrera en Hollywood. Ella se convirtió en una diva y él no se adaptó al sistema de estudios… y regresó a su tierra… no volvió a dirigir más. Stiller como mentor impulsó los primeros pasos de Garbo en Hollywood, esta consiguió el papel protagonista de El torrente, que curiosamente era una adaptación de otra novela de Blasco Ibáñez, Entre naranjos. Después él se hizo cargo de La tierra de todos y contó, como no, de protagonista con Greta Garbo. Sin embargo, el rodaje empezó muy mal: no se entendía con los productores, era un problema para él el idioma, parece ser que tampoco se llevó muy bien con el actor protagonista… que era Antonio Moreno… Todo esto hizo que Stiller fuera despedido y que para calmar las aguas los productores pusieran al frente del proyecto a un peso seguro, Fred Niblo. La Garbo se quedó y la leyenda de la diva continuó modelándose con el personaje de Elena. Y, como no, tuvieron siempre claro poner a la debutante junto a un actor consolidado, de carácter, y que funcionaba en taquilla, Antonio Moreno, como Manuel Robledo.

Así se construye una historia de amores desatados entre París y Argentina. Y queda en el recuerdo la construcción de una femme fatale a su pesar, Elena, una mujer que lleva a la destrucción a todos los hombres que se encuentran y se enamoran de ella. Elena no puede evitar nada de lo que pasa, los hombres la desean y ella no lo puede controlar, pero solo ama a uno: a Manuel Robledo. Sin embargo, este la rehuye viendo la destrucción que genera su paso… pero no puede evitar tampoco amarla. Elena soporta que su marido la entregue sin escrúpulos a un banquero para vivir como un rey; también cómo este banquero se suicida por amor, una vez que le han arruinado; cómo dos amigos se baten a duelo por ella; cómo un bandido destruye el proyecto arquitectónico por el que ha luchado su amado, una presa, por no conseguir su amor… Pero también un duelo entre Antonio Moreno y Roy D’Arcy (como Manos Duras), ambos con el torso desnudo, a base de latigazos. El cuerpo de Moreno queda como el de un mártir, lleno de heridas, y es curado por una Elena en un momento de sensualidad extrema. Ella le tapa los ojos y le va curando el cuerpo desnudo…

La tierra de todos muestra también la dirección elegante de Fred Niblo que se deja ver en varios momentos donde no solo hace gala de una exquisita puesta en escena sino también de un lenguaje cinematográfico elaborado. Como la cena con el banquero, donde primero se ven todos los rostros de los invitados hasta llegar al banquero en un interesante travelling y después se hace un barrido por debajo de la mesa y se ve lo que hacen todos los pies de esas personas. O la fiesta de carnaval en París donde se conocen Elena y Manuel Robledo. Además a Antonio Moreno, en un papel de latin lover e ingeniero y líder total, y a la femme fatale víctima, Greta Garbo, se les une una interesante galería de secundarios: además del nombrado Roy D’Arcy, también nos encontramos con Lionel Barrymore. Y nace así una película de ritmo trepidante y muy entretenida que consolida el camino hacia el éxito de una diva y pone en evidencia la fuerza del latin lover en Hollywood. Como dijo Mar Díaz la copia que proyectó la Filmoteca era la americana, que curiosamente tiene, después de tanto drama, un final feliz. Probablemente las copias para las proyecciones en Europa no tendrían el mismo desenlace… El fatalismo cinematográfico funciona mejor por estos lares.

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