noserasunextraño

Un padre alcoholizado (Lon Chaney Jr.) le dice a su hijo (Robert Mitchum) que no va a conseguir ser médico porque tiene cerebro, pero no corazón. Ese hijo se le queda mirando impasible sin decir nada y cierra la puerta de un portazo. Todo ha transcurrido en el hogar familiar, esa casa que el hijo ya apenas visita donde no habitan buenos recuerdos, solo reproches. Tiempo después ese hijo está en prácticas en un hospital y le informan de que su padre ha fallecido en un accidente, y entonces va al hogar familiar donde no habitan buenos recuerdos, se sienta en una mesa de espaldas desolado… y rompe una botella de alcohol vacía. Llora en soledad, sin que nadie lo vea. Después ese hijo ha terminado por fin la carrera y se despide de un profesor (Broderick Crawford), duro y serio pero que valora al alumno, y le da un consejo, le dice que haga el favor de no vivir su vida como si fuera una tragedia griega, que si no será desgraciado. Ese hijo ya es un doctor con experiencia, recto, duro y serio, y masajea el corazón sin vida del que ha sido su segundo padre, un médico rural entregado (Charles Bickford), y, por fin, rompe su coraza, se resquebraja. Y grita que no puede más, que necesita ayuda. Late un corazón.

Podría ser una de las mil maneras en que se podría contar No serás un extraño, el debut como director del productor Stanley Kramer. Un contenido y desatado melodrama médico con cerebro y corazón (sí, es posible esa dualidad). Donde Kramer se revela como un director que no solo sabe contar historias sino también cómo contarlas. Y es curioso por qué quizá sea en su debut donde más se vea esta interesante doble vertiente. Después Kramer se decantó más por contar historias y transmitir mensajes y experimentó menos en la forma de contarlas.

No serás un extraño es una película que permite múltiples lecturas pero también deja el retrato de un hombre complejo e imperfecto con una pasión: ser un buen médico. Y nadie mejor para ello que Robert Mitchum. Mitchum se transforma en Lucas Marsh. El hombre que tiene claro el objetivo en su vida: terminar la carrera pese a sus dificultades económicas. Capaz de todo. Incluso de casarse con una enfermera amiga (maravillosa Olivia de Havilland) a la que tiene cariño, pero nada más, solo porque ella tiene ahorros y puede ser un camino para obtener su sueño (con lo fácil que hubiera sido pedir su ayuda… pero no sabe hacerlo). Capaz de ser un crítico impulsivo sobre las malas prácticas médicas, pero aprender que a veces debe frenar sus impulsos si quiere alcanzar su objetivo. Su orgullo y espíritu crítico le hace juzgar a amigos, compañeros y a su propia esposa. No da tregua. No permite la equivocación, errar, ser humano… Pero poco a poco se da cuenta de que debe pedir perdón pues hiere a los que más quiere. Nunca pide ayuda. Él avanza sin tregua. Es un desastre en las relaciones humanas más cercanas (incluso mezquino) y, sin embargo, es un médico dedicado, entregado, humano y dulce. Y todo es creíble gracias a los ojos de Robert Mitchum, a los matices de su sonrisa, a su voz dejada… y a ese porte hercúleo, de dios mitológico…

Y, sí, No serás un extraño (que es la adaptación de una famosa novela del mismo título de Morton Thompson) es como una tragedia griega donde un semidiós descubre su lado humano, un corazón que late. Pero para ello debe superar varias pruebas y encontrarse con varios seres humanos que no tienen miedo en mostrar sus fragilidades, que le guían en el camino y que además le quieren: su alcoholizado padre, su compañera de vida, su amigo del alma (un simpático Frank Sinatra), el serio profesor y doctor judío que no lo ha tenido fácil en la vida, el médico rural entregado (que se convierte en el padre que él creyó que nunca tuvo), la solitaria viuda rica que se convierte en tentación (Gloria Grahame)…

Stanley Kramer cuida formalmente cómo contar esta historia, experimenta y su puesta en escena es inteligente dejando secuencias inolvidables. El paroxismo y catarsis del melodrama en su vertiente romántica tiene un momento brutal, de esas secuencias que están al borde del ridículo y, sin embargo, no lo rozan sino que se convierte en experiencia cinematográfica: esa caída en la tentación del doctor Marsh con la viuda solitaria y rica (que sí le atrae sexualmente) entre los relinchos de un semental desbocado y encerrado que quiere alcanzar a una yegua libre. Y cómo Mitchum abre la puerta que encierra al caballo que corre veloz… y cómo él se acerca a una sexual Gloria Grahame… y la cámara se convierte en subjetiva, mientras el rostro de la tentación se vuelve enorme e insinuante y se funde en un beso con el doctor. También como es una película comedida y cerebral, todavía tienen mucha fuerza (a pesar de los avances médicos actuales) la manera de filmar las operaciones e intervenciones médicas. Con mucha exactitud y realidad. O cómo empieza a contar su historia: en un pasillo aséptico de un hospital, unos hombres transportan una camilla y parece que entran a un quirófano donde el cirujano se prepara para operar, como un ritual. Pero de pronto este se da la vuelta y descubrimos que está en una enorme clase donde cientos de alumnos escuchan la lección y la cámara se centra en tres de ellos, tres amigos con los rostros de Robert Mitchum, Frank Sinatra y ¡Lee Marvin! (en un papel mínimo). Y que lo que iba en la camilla es un cadáver al que van a diseccionar. La primera lección que vemos es sobre la muerte y sobre cómo tratar un cadáver para el aprendizaje. Y cómo van a extraer órganos… sin vida para estudiarlos. Paradójicamente, No serás un extraño es un estudio de un órgano con vida, el corazón, pero bien dirigido por el cerebro.

Por otra parte, No serás un extraño cuenta también muy bien la historia de una pareja con sensibilidad y complejidad. No deja nunca el estudio del corazón… La pareja formada por la enfermera Kristina Hedvigson (con una rubísima Olivia de Havilland que de nuevo borda el papel de mujer comprensiva, enamoradiza y poco atractiva para los hombres) y por Lucas Marsh, que tiene una resolución brillante con ese semidiós lloroso que se descubre frágil y humano y que corre desesperado por calles solitarias hasta caer en los brazos de Kristina, pidiendo ayuda. Pero hasta llegar a ese recorrido… el camino no ha sido fácil. Es la historia de un matrimonio que parece abocado al fracaso. Él no se casa por amor, sino por el interés (aunque siempre hay evidencia de que tiene mucho cariño a Kristina y que la admira muchísimo profesionalmente). Y ella se casa cegada de amor, pero también es una mujer inteligente y consciente de los motivos reales… Poco a poco quiere formar una familia… y se da cuenta de que quizá se ha equivocado con creer en Lucas. La transformación de ambos es detallada con sensibilidad especial y convierte su historia en absolutamente creíble… y cercana. Sus caminos se separan, se juntan, se bifurcan; ellos se hieren, se acercan, se admiran, se repelen… y se van queriendo… a su manera. Al final es otra historia de amor, pero contada de manera diferente.

No serás un extraño muestra a un Robert Mitchum como un semidiós que descubre su vertiente humana… y curiosamente ese mismo año se convertiría en el ogro más temible de un mágico cuento de terror, el reverendo Harry Powell en La noche del cazador.

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