filmish

Filmish es un buen ensayo gráfico sobre el séptimo arte y, efectivamente, como dice su subtítulo permite que el lector haga un viaje muy especial. Este libro ha supuesto una grata sorpresa y se disfruta todavía más según se va repitiendo su lectura una y otra vez. Edward Ross, su autor, utiliza su álter ego para llevar al lector de la mano a través de sus reflexiones-viñeta. Por una parte, sigue el camino abierto y la forma de hacer crítica de Mark Cousins (y su imprescindible, tanto libro como serie documental, La historia del cine: una odisea) y, por otra, busca nuevos caminos para ejercer la crítica o la divulgación cinematográfica (otro ejemplo sería el libro sobre cine negro de David Thomson, Sospechosos). Así este cómic muestra un viaje apasionante, viñeta por viñeta, al mundo del cine. Edward Ross realiza siete paradas en Filmish. Y en cada una lanza interesantes reflexiones que ilustra, no podía ser de otra manera, con películas y con pensamientos de teóricos del cine.

La primera parada es “El ojo” donde habla no solo de la cámara como ojo, sino de las posibilidades de la mirada. Cómo el cine puede “iluminar” la realidad del día a día o cómo puede crear ilusiones ópticas… O cómo puede existir una mezcla de realidad y ficción. Pero avanza un poco más, y explica cómo desde Hollywood se diseñó una determinada manera de mirar el mundo con un estilo invisible que crea “un mundo sellado herméticamente que va revelándose de forma mágica, haciendo caso omiso de la presencia del público” (Laura Mulvey). Pero esto plantea otras cuestiones: cómo desde el Hollywood clásico, dominado por hombres tanto delante como detrás de las cámaras, se determina una mirada y un punto de vista que afecta, por ejemplo, a cómo se refleja el mundo femenino en la pantalla blanca. Pero por supuesto habla también de la mirada y la resistencia… y cómo se han ido escapando otras miradas y puntos de vista.

El siguiente tramo es “El cuerpo”. Y aquí el viaje gráfico nos lleva a las distintas representaciones del cuerpo humano. Desde el mundo de las estrellas y el glamour hasta el monstruo de las películas de terror o ciencia ficción. Y cómo estas representaciones tienen su explicación y su motivo para existir. El cuerpo humano como instrumento para el actor cinematográfico. Cómo lo empleaba Buster Keaton para sus películas o cómo en la era digital se une el físico del actor con técnicas virtuales (y no sale en el libro… pero el futuro de los actores puede asemejarse al que propone Ari Folman en su película El congreso). Y plantea otro punto interesantísimo: cómo el cine ha contribuido a la percepción de cómo tiene que ser un físico normal. Esto crea un mundo no real pues se ha obviado la diversidad multicultural o ha determinado la construcción fílmica del cuerpo de la mujer, normalmente como objeto del deseo, o la construcción fílmica del cuerpo del hombre, como héroe de acción. Sin embargo, de nuevo la resistencia a lo largo de la historia del cine: la fascinación por cuerpos que se salen del concepto de normalidad. O también reflejar la lucha entre la mente y el cuerpo o las relaciones y mutaciones posibles del propio cuerpo (… llegando claro está a las primeras películas de David Cronenberg).

Después Edward Ross sigue su viaje apasionante por “Los decorados y la arquitectura”. Y explica la magia del cine para crear universos extraños, provocar una nueva mirada sobre paisajes que ya conocemos o variar la percepción del mundo cotidiano. La importancia que tiene el espacio por donde se mueven los personajes de las historias que miramos. Los escenarios, paisajes y decorados no solo ambientan sino que pueden estar cargados de significado. Así un decorado puede explicar todo lo que no se dice, el espíritu de una época, o una ciudad puede convertirse en un personaje más (y es más puede comportarse como un ser humano, tener alma y corazón).

Una parada apasionante es la de “El tiempo”, como señala Ross, Tarkovski decía que “por primera vez en la historia de las artes, en la historia de la cultura, el hombre encontró la manera de hacer una impresión del tiempo”. Y es que si hay algo que ha fascinado a muchos directores ha sido cómo reflejar el tiempo e incluso romper sus límites. Saltos temporales estremecedores o el reflejo exacto del tiempo, que en momentos límite, se convierte en algo angustioso. Cómo se relacionan los creadores con el tiempo… ¿es posible contar trescientos años de historia en un plano secuencia? ¿Es posible contar una historia al revés? ¿Cómo enfocar los viajes en el tiempo? Los viajes en el tiempo hablan de bucles del destino tan apasionantes como el de El Muelle y su maravilloso y libre remake Doce monos. Pero a la vez el cine atrapa el tiempo y puede convertirse también en testimonio o reconstruir un pasado de formas muy complejas. También puede atrapar el tiempo de la memoria y los recuerdos.

El siguiente paso es “La voz y el lenguaje” y cómo el cine es consciente de la fuerza de la voz humana y del lenguaje… La vida de las palabras. Y cómo las palabras también pueden servir para distorsionar y manipular. Cómo un actor puede conquistar su personaje por la forma en que le haga hablar. O cómo una historia puede estar dominada por el uso que se haga de las voces (uno de los últimos ejemplos lo encontramos en Anomalisa de Charlie Kaufman y Duke Johnson). A veces un personaje tan solo es una voz (quién no recuerda Her de Spike Jonze… y ese sistema operativo que tiene la voz de Scarlett Johansson). Y de nuevo Ross habla de la posibilidad de resistencia y de que, de pronto, aparezcan de las formas más increíbles, voces disidentes.

También hay una parada en “El poder y la ideología” porque el cine, en su corta historia, ha demostrado que es un potente instrumento para comunicar ideas. Así hay una historia del cine que cuenta cómo las películas han reflejado valores morales, ha mostrado normas de comportamiento y creado expectativas sociales. Por eso desde los sistemas políticos u otras instituciones poderosas (como el ejército o la Iglesia) han intentado transmitir sus mensajes a través del cine y llegar así a un importante número de ciudadanos. Muchas películas esconden una ideología, basta escarbar un poco. Por otra parte, hay épocas y momentos donde hay una ideología dominante y se refleja en el cine. Y según esa ideología hay unos héroes y unos villanos con unas características determinadas. El villano suele representar lo que se sale de la norma, lo alternativo. Pero también el villano ha servido para crear ciertos estereotipos dañinos que en ciertos momentos provocaron la deshumanización del enemigo, con todo el peligro que eso conlleva (véase el cine nazi). O también se ha visto como el ejército de los Estado Unidos ha influenciado mucho en cómo se presenta dicho ejército en el cine así como su papel en las guerras (no hay más que leer el libro de David Robb, mencionado en Filmish, Operación Hollywood. La censura del pentágono). Las ideologías también crean distintas formas de censura (código Hays, por ejemplo, que dictaba la moralidad de las películas), pero también permiten recovecos para saltársela.

Para terminar el viaje con una última parada en “La tecnología y la tecnofobia” y una curiosa paradoja: el cine y la tecnología siempre han ido de la mano pero, sin embargo, Ross lanza una pregunta: “¿Por qué un medio surgido de la tecnología responde a las innovaciones con discursos que rebosan terror tecnológico?”. Así traslada el lector a un viaje por un cine aterrorizado con el progreso y las nuevas tecnologías, pero también explica las nuevas posibilidades y el nuevo panorama que están creando esas nuevas tecnologías en el propio séptimo arte.

Filmish, sin duda, mueve a la reflexión y es un ensayo gráfico que tiene más vida después de sus lecturas.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.