Su mejor historia

… en la sala de cine

La señora Miniver, película americana de 1942, de William Wyler contaba la historia de los Miniver una familia británica que trataba de sobrevivir día a día, sin desfallecer, a los bombardeos alemanes. La señora Miniver intentaba mantener el hogar y la unidad familiar, pero también esperaba el regreso de su esposo y su hijo del frente de batalla. Cuando la gente veía La señora Miniver en las pantallas de cine, no se sabía todavía cómo iba a terminar la Segunda Guerra Mundial, pero había una identificación con la familia Miniver y con su esperanza y resistencia. Y en el seno de esta película: una reflexión compleja sobre el cine como instrumento de propaganda, pero también como arma para mantener la esperanza en los espectadores. La complejidad viene de que es un cine pensado, dirigido y con un mensaje que transmitir, pero también hace reflexionar sobre qué resortes hacen penetrar en el corazón y la cabeza del espectador y convertir la visión de la película en un momento catártico. Entre los guionistas de esta película había una mujer, Claudine West.

En el mismo año, en Gran Bretaña, el dramaturgo Noel Coward (y de co director un principiante David Lean) narró el hundimiento de un barco británico y los recuerdos íntimos de los supervivientes. Sangre, sudor y lágrimas (In which we serve) fue una película de corte propagandístico importante en aquel momento. Y al año siguiente el peculiar binomio Michael Powell y Emeric Pressburger creó una hermosa y compleja película, pero dentro de esta corriente de películas (para elevar la moral del pueblo británico en tiempos de guerra), Vida y muerte del coronel Blimp donde contaban la historia de Blimp, un anciano en plena Segunda Guerra Mundial, que recordaba toda su vida entre guerras. Eran tiempos donde los británicos necesitaban ir al cine en sus ciudades y pueblos bombardeados y encontrar motivos para seguir adelante. En ese año 1942 una guionista galesa, Diana Morgan, formaba parte del equipo de profesionales que pusieron en pie otra película propagandística de calidad, Went the Day Well?, del director Alberto Cavalcanti. La película adaptaba una obra de Graham Greene y transcurría en una aldea británica. Y precisamente esta guionista de los Estudios Ealing sirve de fuente de inspiración para crear a Catrin Cole, la protagonista de Su mejor historia, de la directora danesa Lone Scherfig.

Su mejor historia (que es una adaptación de una novela) es una película de cine dentro del cine, donde Scherfig realiza un canto de amor al séptimo arte, y donde su protagonista, como últimamente en su cine, es una mujer que se hace un hueco en un mundo de hombres. En este caso es una secretaria que consigue empleo como guionista y se ve inmersa en la creación de una película de propaganda para elevar la moral al pueblo británico en el año 1942. Las instituciones estatales quieren una película con “autenticidad y optimismo”… y necesitan a Cole para “escribir monsergas”, es decir, para reflejar el punto de vista femenino en los diálogos. Así Lone Scherfig crea una película con aires de cine clásico y gotas certeras de tragicomedia y romanticismo.

Su mejor historia es un triple homenaje. Un hermoso homenaje a esas mujeres guionistas, algunas muy olvidadas, que crearon diálogos y personajes inolvidables en películas británica o estadounidenses (como hemos podido ver en los ejemplos de Claudine West y Diana Morgan). De esta manera, Lone Scherfig logra inspirarse en aquellas comedias de los cuarenta donde su eje central era la guerra de sexos y la incorporación laboral de la mujer en espacios masculinos. Ahí entra una Catrin Cole al despacho masculino de dos guionistas… y ella es la tercera en discordia, que logra encontrar su hueco y su valía. Catrin Cole ante la máquina de escribir en un espacio masculino, como Hildy Johnson ante la máquina de escribir y también en un espacio masculino en Luna nueva.

Un segundo homenaje de Su mejor historia a lo que supone la construcción de una película y la labor de equipo hasta el resultado final. La elaboración del guion (la magia de crear “una estructura”), el rodaje en exteriores y en estudio, las dificultades, las interferencias (sobre todo en el cine propagandístico donde todo el mundo quiere meter la nariz), la camadería especial que se establece entre personas muy diferentes… y todo el esfuerzo hasta que se logra proyectar la película. Así vemos como nace la historia de crear una película sobre dos gemelas y su tío, que con su pequeño barco, salvan a soldados de la playa de Dunkerque. La futura película se titulará The Nancy starling.

Y un tercer homenaje a los espectadores de la sala de cine. A lo que provoca en el espectador ver una película. Al ritual de la sala de cine. Lo que hace que se acuda a un refugio muy especial y que nos identifiquemos con personajes e historias. Tom Buckley (Sam Claflin), el otro guionista importante en esta historia, le cuenta a la protagonista que no tuvo una infancia fácil, y que uno de los sitios que le servía para sobrevivir, era la sala de cine. Por eso durante Su mejor historia salen varias secuencias en la sala de un cine.

Su mejor historia además es delicada a la hora de contar la relación que se establece entre los dos guionistas, habla también de la guerra y de cómo hay que vivir el día a día, la cotidianidad, a pesar de los bombardeos. Refleja el dolor, la destrucción, la muerte, pero que la vida sigue. Explica cómo se fueron muchos hombres a la guerra y eso supuso cambios sociales, como la incorporación de la mujer en el mundo laboral o donde los hombres mayores encontraron la manera de demostrar que eran muy útiles para la marcha de la sociedad. Cuenta con personajes con carisma, como ese actor vieja gloria que recuerda tiempos pasados, pero necesita seguir trabajando (Bill Nighy). O ese joven soldado, puesto como imposición, que actúa fatal y es uno de los protagonistas de la película (Jake Lacy).

Y así Lone Scherfig no solo consigue el equilibrio entre la tragedia y la comedia, sino que devuelve la magia de disfrutar de una película en la sala oscura.

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