Viaje de ida

Un brindis…

Viaje de ida o la despedida de un hombre y una mujer que pronto se convertirán en sombras, en fantasmas de lo que fueron. Un barco que parte de Hong Kong hasta San Francisco, con parada en Honolulu. Ella, con una enfermedad sin cura. Él, condenado a muerte. Pero los dos crean un espacio íntimo donde estar e imaginar, donde no saben nada el uno del otro, solo que se han encontrado, que se aman y que siempre estarán juntos… puede que celebren el fin de año en México. Los dos se conocieron por unas copas de cristal y apenas una hora después la cámara se acerca a una barra y a dos copas rotas, como el ritual que siempre hacían los amantes. Pero en esa hora ha transcurrido toda una historia de amor fou, más allá de la muerte.

Una historia de amor en la época pre code y rodada por uno de los muchos artesanos que trabajaban en el sistema de estudios… y que, de pronto, dejaban perlas. En este caso Tay Garnett que dieciséis años después de Viaje de ida rodaría la obra cinematográfica que le haría inmortal, puro cine negro, El cartero siempre llama dos veces. Viaje de ida es todo un descubrimiento de la sensibilidad de los artesanos de Hollywood.

La cámara de Garnett empieza bailando en un bullicioso garito de Hong Kong y va a parar a un camarero que prepara con profesionalidad un cóctel para ofrecérselo al protagonista, Dan (William Powell), que cuando apaciblemente va a probar un placer, como una premonición, sufre un empujón y se derrama el contenido. Y entonces se da la vuelta Joan (Kay Francis)… y ya nada importa. Es un encuentro de esos casuales, pero que dejan huella. Entonces poco a poco nos vamos enterando de las circunstancias que rodean a los dos personajes. Él, de los bajos fondos, le espera la horca. Ella, de clase alta, pero sin esperanza de vida. Y ambos vuelven a encontrarse a bordo de un barco y deciden aprovechar el presente y olvidar su paradero (aunque ninguno de los dos lo tiene fácil). Deciden ilusionarse y volver a enamorarse. Y en Honolulu disfrutar de un atardecer de ensueño o mirar un anochecer desde la cubierta del barco. En un principio ninguno sabe nada del otro… y se van enterando por terceros o por cartas que llegan en momento inoportuno. Pero entre ellos jamás hablan de sus destinos. Jamás se reconocen como fantasmas…, entre ellos crean un futuro.

Y los personajes secundarios son todos del mundillo de Dan: el policía cumplidor pero harto ya de la ley (Warren Hymer), la estafadora que se hace pasar por duquesa (Aline MacMahon) y el timador buscavidas (Frank McHugh). Los tres se convierten en cómplices de una historia que saben que está condenada. Y mientras se crea una historia de fantasmas, nace una de carne y hueso entre el poli bonachón y la estafadora cansada de la mala vida… para demostrar, en paralelo, que la vida sigue.

… Y es que en las largas travesías, como en la de Viaje de ida, pueden encontrarse dos desconocidos y amarse… aunque sean solo sombras. Y siempre beber, por supuesto, en copas de cristal.

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