Romeo y Julieta en New York

Romeo y Julieta en New York

Razón número 1: Romeo y Julieta en Nueva York

Los ecos del dramaturgo Shakespeare atrapan las calles de Nueva York en los barrios más conflictivos. Romeo y Julieta se llaman Tony y María. No hay familias que se odian, sino pandillas. Y los dos jóvenes amantes pertenecen a bandos distintos y se aman con la misma inocencia y pasión que los amantes de Verona. El destino oscuro sobrevuela sobre ellos… y todo lo enreda, hasta que la muerte acaba con la pasión. Si bien María no se suicida ante el fallecimiento del joven amante, sí termina su inocencia.

West side story nació primero en los escenarios de Broadway de la mano del director y coreógrafo Jerome Robbins junto al compositor Leonard Bernstein, para las letras de las canciones contaron con Stephen Sondheim. Y en 1957 empezó su andadura por las tablas con un éxito creciente. En un principio revivían la tragedia de los dos jóvenes amantes con el conflicto de pertenecer a religiones diferentes (católica y judía), pero después la actualidad de las calles de New York les dio el toque final: era la época de las bandas y los puertorriqueños estaban pisando fuerte en las calles de New York. La llamada al mundo del cine era inminente y detrás de las cámaras, además de Robbins, se puso un artesano eficaz del sistema de estudios, Robert Wise. El espectáculo debía continuar… pero en la pantalla blanca.

Razón número 2: Jets y Sharks

Los Capuletos y Montescos son sustituidos por los Jets y los Sharks, dos pandillas enfrentadas por el dominio de las calles de Nueva York. Tony (Richard Beymer) es el creador y exlíder de los Jets junto a su mejor amigo, Riff (Russ Tumblyn), un Mercutio que vuela en cada baile o a través del brillo de las navajas. Ahora Tony es un joven reformado que trata de ganarse la vida con un empleo, aunque es fiel a su amistad con Riff. Los Jets son hijos de inmigrantes de la vieja Europa (polacos, italianos, irlandeses…). María (Natalie Wood) es la hermana recién llegada de Bernardo (George Chakiris), el líder de los Sharks. Los Sharks son inmigrantes puertorriqueños que están intentando sobrevivir en New York, conquistar su espacio. María llega con la mirada limpia, sin odio.

Los Jets y los Sharks luchan por los espacios y recursos de las calles. Por el dominio de las esquinas, de los sitios de recreo como los campos de juego o los bares… Luchan por sentir que pertenecen a algo. Su odio les hace perseguirse siempre, sin respiro, y enredarse en una espiral de violencia.

Razón número 3: Canciones y melodías

Desde el principio de la película donde aparece una ciudad definida por líneas negras (firma Saul Bass), se realiza ya una presentación de las principales melodías de la película, y ya se sabe que Leonard Bernstein está creando una gran obra. Después las líneas negras pasan a una vista panorámica de New York con una música como de jungla de asfalto hasta que la cámara se acerca a una cancha de baloncesto donde apoyados en una valla metálica nos presenta a los Jets. La tensión es evidente (ya la música ha logrado poner nervioso al espectador), lo primero que se visualiza, con la música y con los bailarines, es la lucha continua por los espacios del barrio. Primero vemos a los Jets que se cruzan con Bernardo y los suyos. Después el odio con violencia, y cómo es un problema que trata de lidiar la policía. Baile y música en las calles. Bernstein cuenta, narra con su banda sonora… Las notas explican, sienten, narran…

Para las letras de las canciones, Stephen Sondheim también tiene claro que tienen que contar y hacer avanzar la trama, que son tan importantes como los diálogos. No son paréntesis ni respiros. Las canciones, unas contienen un fuerte contenido social (Gee, officer Krupke!), y explican la situación de las bandas; otras reflejan las emociones de los personajes en un momento determinado (I feel pretty); y, por último, hay canciones que van dibujando la historia de amor de los amantes (Somewhere). Y cada una de ellas hace avanzar la acción hacia su funesto final. Ninguna sobra ni falta.

... conquistar las calles bailando

… conquistar las calles bailando

Razón número 4: Coreografías

Los miembros de las bandas, los Jets y los Sharks, chicos y chicas tienen apariencia de malotes y además son bailarines profesionales. Y cuentan y vuelan con sus cuerpos desde que salen por primera vez en pantalla. Danzan en las calles y en el baile del gimnasio o en las azoteas. Se pelean… bailando. Tratan de calmarse… bailando. Y consiguen momentos cumbre. Si hay que elegir y definirlos, los Jets tienen su momento de oro, después de la tragedia, cuando tratan de asimilar el horror… en un parking oscuro, Cool. Necesitan calma, calma… mucha calma. Y los Sharks viven su momento más alegre, pero con gotas de cinismo y amargura pues su día a día no es fácil, en la azotea, después del baile del gimnasio, con uno de los números más emblemáticos, America. Los bailarines conquistan las calles y también los decorados. Y precisamente en uno de los decorados más recordados, el del gimnasio, los Jets y los Sharks se enfrentan a través de un baile frenético… que se va difuminando hasta quedar figuras fantasmales, desenfocadas, pues es el momento del amor a primera vista entre los dos jóvenes amantes. El tiempo se ha parado, la música es suave, y los cuerpos de los bailarines de fondo son como balancines tranquilos o juncos salvajes acariciados por el viento, sosegados.

... En la azotea

… En la azotea

Razón número 5: … cine social

Y finalmente fue la realidad social la que dio forma a la idea final de cómo trasladar Romeo y Julieta al mundo contemporáneo. La realidad de las bandas juveniles, que ya tenía antecedentes en el cine de los cincuenta (por ejemplo, otro tipo de bandas es la que refleja Nicholas Ray, con Natalie Wood, por cierto, en Rebelde sin causa o también Marlon Brando era un líder de una banda de moteros en Salvaje), con West side story tiene un nuevo impulso y vuelo. Además innova en demostrar que puede haber tejido y realidad social en un musical. La película demuestra que el cine musical también puede contar historias dramáticas con un fondo de realidad. Un musical con notas sociales, que deja la fantasía a un lado.

La película deja ver la situación insostenible que está provocando la rivalidad de las bandas en el barrio. Como los demás les temen y respetan. Y cómo los policías del distrito tratan de contener la violencia, pero ya se les escapan las formas y los modales (además de ser mucho menos permisivos y con una actitud de rechazo total contra los puertorriqueños…, como dejando claro que han sido los últimos en llegar y armar jaleo).

Por otra parte, se nota que hay intentos de ciertas personas adultas en el barrio de conseguir trabajar con los chicos. Por una parte está el dueño del bar, que trata de entenderlos, y ha sido el que ha dado un trabajo y una oportunidad a Tony. O también el animador social del gimnasio (que solo consigue ser objeto de burla) y que trata a través del ocio conseguir rebajar la tensión sin éxito.

Por último hay dos canciones que explican muy bien los motivos por los que los Jets y los Sharks se sienten protegidos en sus bandas. Una es la famosísima America, interpretada en la azotea por los Sharks. En su letra explica por qué abandonan la isla y qué es lo que se encuentran en el sueño americano, una realidad cruda y dura. Y la otra tiene como protagonista a los Jets y es la magnífica Gee, officer Krupke!, donde explican cómo vienen de familias desestructuradas y cómo los organismos sociales no solo no creen en ellos, sino que los ven como un problema que se van pasando unos a otros. Pero hay una frase magnífica que dice María y ahí está el fondo de mucho de lo que ocurre. Cuando Tony le pregunta por su padre, esta le dice que es igual que Bernardo, y que los dos actúan como actúan por el miedo…

... de la cuna a la tumba, Tony y Riff

… de la cuna a la tumba, Tony y Riff

Razón número 6: Secundarios

Hay una interesante galería de secundarios en West side story. Unos con más protagonismo y otros personajes que solo tienen pinceladas, pero con una identidad importante. Algunos les hemos nombrado ya: el dueño del bar, Doc (Ned Glass), que es de los pocos que trata de entender a los muchachos; o el teniente Schrank (Simon Oakland) junto al policía Krupke (William Bramley) al límite ya de su paciencia y solucionando también con intransigencia y cansancio. Los dos primeros son secundarios de carácter del cine americano. Pero un nombre de oro es Russ Tamblyn como Riff, el jefe de los Jets. Une su naturalidad como actor, totalmente creíble como ese “Mercutio” juerguista pero leal, con su destreza como bailarín con carisma. Empezó en el cine como niño prodigio, era también un gran gimnasta y buen acróbata y terminó siendo un bailarín como demostró tempranamente en Siete novias para siete hermanos y continuó también su carrera como actor dramático en melodramas como Vidas borrascosas. De hecho continua en activo en los nuevos episodios de Twin Peaks (ya salía en los míticos de los años 90). Otro personaje del entorno de los Jets que destaca es una chiquilla de pelo corto y pantalones que quiere ser integrante de la banda a toda costa (Susan Oakes). Los integrantes de los Jets son más individualizados y sus personajes están más perfilados (todos son bailarines pero cada uno da con una personalidad diferente y crean un grupo plural). No pasa lo mismo con los Sharks, pues todos son eclipsados por el líder y su novia (de los que hablaremos en un apartado aparte). El único que destaca algo más como personaje, y no solo como bailarín, es Chino (Jose de Vega) pues tiene la función de llevar el arma y el odio que provocan la tragedia final.

Razón número 7: Bernardo y Anita

Si hubo dos rostros revelación en la película fueron sin duda el jefe de los Sharks y su novia; además ambos consiguieron la estatuilla a los mejores actores secundarios. Bernardo y Anita tenían magnetismo, carisma, viveza, sensualidad… Eran jóvenes y bellos, exóticos y con carisma. La primera aparición de Bernardo con un jersey negro y rojo golpeando duramente una pared de ladrillos es icónica de la película. Y una Anita llena de vitalidad y fuerza es difícil de olvidar. Los actores elegidos fueron George Chakiris (de origen griego) y Rita Moreno (puertorriqueña). Les llegó la gloria y también el olvido. Pese a que los dos siguieron en el cine y en la televisión nunca lograron volver a brillar de nuevo como en West side story.

El final de la inocencia de María

El final de la inocencia de María

Razón número 8: Somewhere y el romanticismo de Tony y María

María era la bellísima Natalie Wood y 1961 fue su año, aunque desde muy niña empezó en el mundo del cine. Y 1961 fue su año no solo por el éxito de West side story y convertirse así en la María soñada, sino también por otro de sus roles más recordados el de Dennie Loomis en Esplendor en la hierba de Elia Kazan. Y Richard Beymer fue Tony, su papel más recordado. También comenzó siendo un niño en Estación Termini pero nunca llegó a destacar como estrella cinematográfica. Actualmente sigue en activo, y como Russ Tamblyn, aparece en los episodios de los 90 y en los actuales de Twin Peaks.

Pese a que ninguno de los dos bailaba (ni lograron un nivel adecuado para que estuvieran junto a los demás bailarines) ni tampoco confiaron en sus voces para cantar y ambos fueron doblados, sí logran ser un acierto como Julieta y Romeo. Natalie Wood es buena actriz y sabe dotar a su María no solo de calidez e inocencia, sino también de dolor. Es un personaje que evoluciona. La María del vestido blanco del principio nada tiene que ver con la María final del vestido rojo. Tony solo cuenta con su presencia física y atractivo lo que le hace creíble como un exlíder que trata de regenerarse, de ser un buen tipo, que lucha por no volver a la violencia y a los puños. El rostro de Richard Beymer hace vulnerable al personaje.

Pero sin duda el acierto es que el no bailar como los demás les aísla del resto y permite que ambos protagonicen secuencias donde van construyendo una triste historia de amor. Como en la tragedia de Romeo y Julieta no falta la escena del baile ni la del balcón. Pero luego protagonizan dos momentos muy hermosos antes y después de la tragedia. Antes de la tragedia: el encuentro en la tienda donde trabaja como costurera María. Allí se permiten soñar en un futuro y no solo eso sino celebrar una especie de ceremonia, de boda, donde ambos sellan su amor. Después de la tragedia: cuando ya Tony ha matado a Bernardo, va al encuentro de María para explicarle qué ha pasado y entregarse a la policía. Ahí en ese momento hay una confirmación de que su amor es indestructible y sellan que van a luchar por construirse un futuro, por salir adelante, por escapar del barrio y del odio. Entonces los dos cantan una de las canciones más bonitas de la película, Somewhere, que aparece también tristemente al final. Los dos cantan por encontrar otro lugar, por tener tiempo, para ser felices y realizarse, donde poder perdonar y olvidar. Y eso es lo que han hecho los dos a lo largo de la película habitar otro lugar y otro tiempo distinto donde amarse…

Razón número 9: María y el odio

“Todos le habéis matado, y a mi hermano y a Riff, pero no con balas, sino con odio. Ahora yo también puedo matar porque he aprendido a odiar…”… Y María cae al suelo rota del dolor con la pistola y su vestido rojo. Su sueño ha terminado, su inocencia también. Y ella habla de la perpetuación del odio, pero cuando cae derrumbada, sabe que ese no es el camino, que así no encontrará ese lugar donde quería habitar con Tony. Y con su mirada de suplica a Jets y Sharks les pide que se den cuenta de que el juego ha terminado y el odio también. Entonces terminan cogiendo del suelo a Tony tanto Jets como Sharks.

Razón número 10: Créditos y graffitis

Y cuando la tragedia ha terminado y ha quedado la calle vacía… ocurre otro milagro. Unos créditos finales bellísimos (detrás de ellos está Saul Bass) con la música de Bernstein y empiezan con Somewhere… dando la sensación de que se ha visto algo muy hermoso pero irremediablemente trágico, y en un escenario duro, en las calles de Nueva York. Todos los nombres de los artífices de la película van apareciendo como graffitis en los muros del barrio y las distintas melodías que han recorrido la película acompañan el paseo especial por los muros con huellas de los Jets y los Sharks… y todos los que hicieron posible West side story.

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