La princesa prometida

Libros: No me gustaría vivir en un mundo sin libros. Y, sí, soy todavía de la generación analógica… amo los libros encuadernados, en papel… Disfruto en las librerías y en las bibliotecas. Disfruto pasando páginas. Los dispositivos electrónicos… a mí no me han enganchado, lo reconozco. Me gusta ver mi casa con estanterías sin huecos con libros amontonados. Me gusta regalar un libro del que he disfrutado, pero que se pueda palpar, tocar. Por eso siempre suelo decir que entiendo y me fascina el final de Fahrenheit 451 de François Truffaut… esos hombres-libros, que memorizan para no perder la sabiduría que encierran. Siempre me pregunto qué libro o qué cuentos memorizaría. La elección de ese asunto supondría una gran responsabilidad. Creo que me decantaría por memorizar varios cuentos y alguna que otra novela corta. Así sin pensar, de pronto, sale esta lista (pero si me preguntáis más tarde seguro que sale otra): de Maupassant (La casa Tellier o Bola de sebo), Noches blancas de Dostoyevski, Los muertos de James Joyce, Ancho mar de los Sargazos de Jean Rhys, un recopilatorio de los cuentos de Andersen (donde no faltaría El traje nuevo del emperador) y Barba azul recopilado por Charles Perrault. Si os habéis dado cuenta prácticamente todas tienen su adaptación maravillosa al cine. Ancho mar de los Sargazos todavía no… pero ¡veo tanto potencial!

Me gusta descubrir gracias a una película un libro. O que en una película un libro sea objeto importante en la trama.

Por ejemplo, descubrí la novela de Ian McEwan por la película de Expiación de Joe Wright. O la novela y los cuentos de Carson McCullers por mi atracción hacia Reflejos de un ojo dorado de John Huston. Conocí a William Styron y su novela por La decisión de Sophie de Alan J. Pakula. Hace poco escribí sobre cómo el cine fue el que me puso sobre la pista de las novelas y los cuentos de Somerset Maugham. John Steinbeck se convirtió en lectura de cabecera por lo que me fascinaba Las uvas de la ira de John Ford, Al este del edén de Elia Kazan y De ratones y hombres de Gary Sinise. O, ahora mismo estoy con En algún lugar del tiempo de Richard Matheson, porque antes me descubrieron (sí, mi querida chica del parasol blanco) la película de Jeannot Szwarc. El año pasado mi descubrimiento literario fue Manuel Puig gracias a que siempre me fascinó la película de Hector Babenco, El beso de la mujer araña. Devoro con pasión libros de obras de teatro y muchas me las vi por primera vez “representadas” en el cine. Ya en más de una ocasión he comentado mi pasión por Williams Shakespeare, Tennessee Williams, Eugene O’Neill, Edward Albee… O últimamente Yasmina Reza o Tracy Letts. Y por supuesto no olvido mi pasión por el teatro de Alejandro Casona, Antonio Buero Vallejo, Federico García Lorca, Valle Inclán o, ahora mismo, Juan Mayorga… y un larguísimo etcétera.

En esta semana la casualidad me ha puesto frente a tres películas con libros de fondo. Me interesa muchísimo una película que estrenan hoy mismo: Stefan Zweig. Adiós a Europa de Maria Schrader. Y hace poco me había terminado su biografía de María Antonieta (ya que las biografías era una de sus especialidades). Y también me empapé de sus novelas cortas a raíz de Carta de una desconocida de Max Ophüls. Después he vuelto a El joven Lincoln de John Ford donde muestra a un Abraham que atesora y ama los libros. Y una de las secuencias más potentes de la película empieza con Lincoln cómodamente tumbado leyendo un libro de leyes en plena naturaleza. Y también he revisitado la película de animación de Disney de La bella y la bestia, donde su protagonista, Bella, es un bicho raro en la aldea porque ¡ama los libros y no para de leer! Y eso me hace recordar a Yentl, donde Barbra Streisand también es un bicho raro porque quiere estudiar en los libros… y lee también sin cansancio alguno.

Balzac y la joven costurera china

Con el cierre de los cines Palafox fui a ver una última película donde un abuelo lee a su nieto enfermo un libro que guarda entre sus páginas una historia de aventuras y donde nada es imposible: La princesa prometida de Rob Reiner. Y entonces vuelve a mi cabeza otra película de mi infancia donde un niño entraba en las páginas de un libro: La historia interminable de Wolfgang Petersen.

Y entonces entro en esas películas donde los libros quieren decir conocimiento y libertad. Descubrir otros mundos y otras formas de ver la vida. Así me viene a la cabeza esa secuencia final del protagonista de La vida de los otros de Florian Henckel von Donnersmarck entrando a una librería y comprando un libro… y entendiendo totalmente la dedicatoria del libro. O una película que vi en su momento y me emocionó Balzac y la joven costurera china de Dai Sijie sobre el descubrimiento de tres jóvenes de libros prohibidos en los años setenta en China…

Y esta película nos lleva a otro tema apasionante, los novelistas que se convierten en directores de cine. Pero eso merece otra entrada, ¿no?

Lanzo una propuesta para celebrar este fin de semana de libro: qué libros memorizarías si os vieras en la misma situación que se plantea en Fahrenheit 451…

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