Comanchería

Cuando el personaje de Alberto (Gil Birmingham), el compañero del ranger Marcus Hamilton (Jeff Bridges), a punto de jubilarse, contesta a uno de sus continuos insultos-juego (curiosa relación la que tienen establecida), expresa de manera inteligente y totalmente irónica la historia de su pueblo, su parte india, y de los colonos blancos. Habla de cuando confinaron a su pueblo a las reservas, y cómo llegaron los colonos blancos, los pioneros, a arrebatarles las tierras. Y cómo ahora a los descendientes de esos colonos les arrebatan también sus tierras las grandes corporaciones bancarias y también son expulsados de ellas sin esperanza alguna. Así en esta escena de Comanchería, de David Mackenzie, que recorre pueblos fantasmas y muertos de Texas, retrata el final de una historia injusta y dura. Pero pone de relieve también que muchos de esos colonos también eran víctimas que buscaban oportunidades y nuevas tierras, y que ahora, que siguen siendo víctimas, se las arrebatan sin miramiento alguno (como ellos no pensaron que antes pertenecieron a otros y que estaban colonizando, quitando, arrebatando). De esta manera vamos a otro momento de la película donde Tanner Howard (Ben Foster) en el casino se enfrenta verbalmente con un comanche, y este le dice que comanche es “enemigo de todos”. Y Tanner le dice que él es también comanche, enemigo de todos. Y entonces quedan indios y colonos, unidos en su papel de víctimas ante estamentos superiores que sin miramientos arrebatan sus vidas y sueños.

Comanchería es un western donde no faltan vaqueros del siglo XXI tratando de no perder sus ganados tras las llamas, donde los forajidos y ladrones de bancos siguen siendo perseguidos por los sheriffs o rangers, pero no hay épica sino una comunión de desencanto. Un desencanto que acarrea cada habitante de esos pueblos fantasmas, y una violencia que se desata en cada instante, más cuando llevar un arma es algo demasiado común, y dispararla más. Comanchería es el reflejo de un Oeste desencantado (sin esperanzas), empobrecido, furioso y hasta arriba de deudas, donde los bancos ahorcan y no dejan respiro, donde sigue imperando la ley del más fuerte y yo disparo antes de que me disparen a mí… que de pronto golpea en el rostro del espectador y pone de frente a aquellos que han podido dar la victoria al discurso lleno de odio de Trump. Porque no hay esperanza, solo furia, y pueblos que se hunden.

El reverso de Comanchería sería Cimarrón, de Anthony Mann, pues aquella epopeya (que llevaba a la pantalla otra novela de Edna Ferber) contaba la historia de esos colonos que se lanzaron a la carrera despiadada (en la que algunos encontraban la muerte) para colonizar nuevas tierras, arrebatadas antes a los indios. Esa historia que cuenta brevemente Alberto. Y cómo ya algunos de ellos se posicionaron también al lado de los indios o se dieron cuenta de que estos tenían tanto derechos (o más, estaban antes allí) como ellos a las tierras y a prosperar. Ya había uniones donde todos eran comanches, enemigos de todos, y llevaban una vida de lucha por sus derechos y dignidad.

Comanchería

Comanchería cuenta la odisea de dos hermanos perdedores, Tanner y Toby Howard (qué fuerza en la pantalla revela Chris Pine), que se rebelan contra su pobreza perpetua y contra las cadenas que forjan los bancos alrededor de sus posesiones familiares. Y cómo los persiguen los rangers, Marcus y Alberto, que arrastran también sus infiernos particulares sobre sus hombros. Durante esta odisea, sin épica, se vislumbran los lazos que les unen, el pasado que les ha llevado a ese presente desolador, los motivos de sus acciones… y el destino que lleva cada uno de los cuatro personajes protagonistas en la frente. Así David Mackenzie matiza con gotas de cine negro este neowestern. Pues todos sus personajes arrastran fatalismo así como los lugares desolados que transitan. Y vemos, por ejemplo, cómo Tanner se precipita (ninguno de los personajes protagonistas tiene nada que perder… y sí quizá un cartucho que ganar) hacia su último refugio particular porque sí tiene, por fin, un sueño… Pero para cumplir ese sueño, no puede dejar obstáculos, y hace lo que le han enseñado toda la vida, convertirse en enemigo de todos, empuñar su arma y disparar a diestro y siniestro.

Y es que Comanchería es un viaje sin épica a la consecución de un sueño de dos perdedores que se rebelan contra su desventura perpetua… y el viaje inverso de dos rangers que van desgranando que tienen más puntos en común de los que creen en un principio con sus perseguidores. Y de fondo, desde las radios de coche, canciones que recuerdan que la vida no es fácil, ni justa, ni grata…

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