Este es un regalo (un decálogo cinéfilo) y un deseo de unas felices fiestas, que además van a dar paso a un nuevo año, 2017, donde la vida sigue… y quizá, solo quizá (adoro este adverbio), pueda ser un poco más hermosa. Por lo menos ahí seguirán las películas…

Paterson

1. Hacer del día a día un poema cotidiano

Y esto es posible tal y como demuestra el Paterson de la película de Jim Jarmusch (que a su vez crea un poema visual urbano). Un conductor de autobús que vive su día a día y rutina, pero con una mirada muy especial. Lo cotidiano se convierte en verso. Cada gesto tiene su variación, y significado. Tiene un cuaderno secreto donde extrae poesía de una caja de cerillas, de un recuerdo de infancia, del sonido del agua cuando cae de una cascada o del amor que siente hacia su compañera de vida, Laura.

2. Extraer la belleza… de un mundo cada vez más hostil

Parry, el sin hogar, protagonista de El rey pescador vive rodeado de hostilidades. Un mundo duro, que no solo no lo mira o lo rechaza, sino que lo deja continuamente al margen con su locura. Sin embargo, él se empeña día a día en extraer la belleza. Un día paseando con su amada (una tímida editora de novelas baratas) en su primera cita, Parry coge un alambre del suelo (chatarra, basura)… y con sus manos nerviosas le regala una preciosa y pequeña silla. O en un manicomio o en una sala de urgencias donde solo hay desolación, él reúne a todos, con grandes dosis de energía y entusiasmo, para que canten I like New York in june, how about you?

3. Rodearse de gente que nos ama bien.

Para poder desahogarse, contar algo que nos preocupa, enfadarnos y reconciliarnos, para encontrarse totalmente cada uno en su salsa, para saber que se nos quiere bien con nuestras virtudes, pero también todos nuestros defectos…, para compartir fiestas y lágrimas, para disfrutar de buenos momentos alrededor de una mesa… como hacen los amigos de Peter. En total confianza.

También se puede contar con familias que te pueden volver loco, pero a la vez sabemos que son absolutamente necesarios en nuestras vidas. Pues están unidos a nuestros recuerdos y a nuestro presente. Y los amamos. Así le pasa a Loretta con su familia italoamericana deliciosamente imperfecta en Hechizo de luna. Y, mientras, el abuelo advierte de que la luna llena es hermosa, pero ejerce una extraña influencia sobre el temperamento de los seres humanos. Ay, no ignorar a la luna es otra buena máxima.

Y sin abandonar ese Hechizo de luna, Ronny Cammareri, el enamorado de Loretta, ofrece la clave del amor sin adornos ni idealizaciones… pero de qué manera tan bonita: “No me importa arder en el infierno, ni que tú ardas en el infierno, el pasado y el futuro son… estupideces para mí, veo que no son nada, veo que no están aquí, lo único que está aquí eres tú y yo… El amor no es como nos lo contaron, yo tampoco lo sabia, pero el amor no hace que todo sea hermoso, lo echa todo a perder, te parte el corazón, lía todas las cosas. No, no estamos aquí para hacer que todo sea perfecto. Los copos de nieve son perfectos, las estrellas son perfectas… nosotros no, ¡nosotros no! Estamos aquí para echarnos a perder y para partirnos el corazón y para amar a la gente que se equivoca. ¡Sí, los libros de historia son mentira! Y ahora ¿quiere subir conmigo y meterte en mi cama?”.

4. Leer, crear, imaginar, viajar (como se pueda)… y nunca acabar

Leer, ver películas, escribir, crear otros mundos, mirar un cuadro o una fotografía, tocar una escultura, admirar un paisaje, imaginar y fantasear… abre puertas y ventanas. Todos estos actos llenan la vida de instantes de felicidad y plenitud, además proporciona salvavidas para sobrellevar el día a día. Algunos personajes creados incluso toman vida y reclaman el derecho a elegir su final, como Harold Crick, un agente de Hacienda, en Más extraño que la ficción. Crick se rebela contra su viaje hacia la muerte, después de una vida gris, que le reserva su creadora. Y apuesta por hacer pequeñas locuras y variaciones en su vida que nunca se había permitido, incluso enamorarse. O Walter Mitty (pero el cinematográfico en sus dos versiones), otro hombre gris… pero con un rico mundo interior que le permite volar, y finalmente tomar las riendas de una vida que no le agrada. En el Mitty de Ben Stiller la mujer amada coge la guitarra y le canta Space Oddity de David Bowie… para que el amado viaje si es necesario al espacio exterior y alcance sus sueños…

5. Vivir como uno quiere y dejar vivir así a los demás

Vive como quieras y deja que cada uno desarrolle sus pasiones y que sea como es, con todas sus peculiaridades. El único límite es respetar al otro… Y eso lo tocaba Frank Capra con una armónica en la maravillosa Vive como quieras, pura filosofía cotidiana para una buena vida. Ahora esta postura, como demuestra Martin Vanderhof y toda su prole de familiares y amigos, no es fácil.

6. No perder la capacidad de ilusionarse…

De hacer cosas, de conseguir metas, de alcanzar sueños, de avanzar por la vida…, no querer renunciar a lo que nos ilusiona para seguir caminando con ganas. Y seguimos con Frank Capra y esta vez con su personaje de George Bailey que promete a la amada que va alcanzar la luna con un lazo y va a bajarla del cielo para ofrecérsela y que siempre la ilumine. Que siempre mira una maleta y sueña que pone una etiqueta y otra, y otra, y otra…

Todo hacerlo con pasión, con ilusión, con emoción… que hasta lo más disparatado pueda llegar a puerto. Y así actúa el Ed Wood de la película de Tim Burton. Él quiere hacer películas pese a todos los obstáculos (y a que es un pésimo director) pero lucha, lucha y lucha y se cree lo que hace. Y al final logra la hermosura de un Bela Lugosi enfermo y solitario que se emociona ante la belleza de una rosa…

7. Mantener un espíritu crítico y ojos abiertos

No perder de vista un espíritu crítico constructivo, los ojos abiertos, saber que la vida no es de color de rosa, indignarse, protestar, luchar, reflexionar…, pero para construir un mundo mejor y más justo, más digno. Creer que es posible un cambio, aunque haya mazazos por el camino. Los dos últimos personajes de Ken Loach tienen tatuada en la piel esta máxima. Tanto James Gralton como Daniel Blake… y un corazón que late. Los dos combaten por una vida digna para ellos y para los demás. Y a veces esto no depara un final feliz, pero sí deja huellas… para el futuro.

8. Cuidar los espacios que nos rodean…

El mundo en que vivimos, el medio ambiente, pero también contribuir a la creación de espacios para estar, para compartir, para reunirse, para hablar, para charlar, para aprender, para divertirse… La propia casa, los centros culturales, los parques, las librerías, las bibliotecas, los restaurantes, los polideportivos, los cafés, los huertos urbanos, los cines, los colegios públicos… Los espacios colectivos son importantes como ese club de barrio que muestra Juan José Campanella en Luna de avellaneda. Y son espacios que muchas veces se ven rodeados de intereses que quieren hacerlos desaparecer, porque no gusta que cada uno tenga su espacio, su lugar…, para desarrollarse como personas libres. Y hay baches que superar cada día como aquellos a los que se enfrenta Daniel Lefebvre para sacar a flote su escuela infantil en un barrio marginal. Pero Bertrand Tavernier muestra que siempre hay una posibilidad de que Hoy empieza todo.

9. Saber que uno puede equivocarse una y otra vez, pero también levantarse todos los días

Asumir que no somos perfectos, que hacemos daño (aunque no queramos), que nos equivocamos una y otra vez, que tenemos defectos, manías… Pero saber que podemos levantarnos, que hay segundas oportunidades y que se puede encontrar una solución. Que podemos echar una mano y también nos pueden echar otra mano. Que podemos perdonar y nos pueden perdonar. Que se puede intentar alcanzar momentos de tranquilidad, de aguas en calma. Y como dice Escarlata O’Hara acostarnos pensando que mañana será otro día… y levantarnos con nuevas energías. De nuevo nos encontramos con George Bailey que pierde las esperanzas, incluso piensa en quitarse la vida, pero por un milagro cinematográfico (esos sí se pueden creer) descubre que durante su vida ha sembrado buenas relaciones, buenos amigos, y que cuando menos se lo espera, estos pueden tender una mano…

10. Mirarse al espejo y aprender a quererse

Y para lograr todas las máximas anteriores hay que mirarse al espejo, como la María de West side story, y cantar bien alto: I feel pretty. Quererse a uno mismo no es fácil, pero es un buen propósito para un año nuevo. Cuántos patitos feos, cenicientas o bestias (la de Cocteau es la más bella) han logrado quitarse caretas y caretas, desprenderse de vestidos con cenizas, y de fierezas, para sacarse lo mejor de sí mismos…

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