La doncella

Si se observa el hermoso cartel de La doncella, del director coreano Park Chan-wook, ya aporta claves de lo que vamos a ver en pantalla. Un cuento sensual y sexual con toques de crueldad pero con trazos delicados, de aire victoriano, con gotas góticas y con brotes de belleza como las ramas de un cerezo en flor con una mujer bella colgada… Y es que todo eso y más puede encontrarse en una película que no solo seduce con la historia que cuenta, sino que es imposible no enamorarse de cómo está contada.

Y ya su título es revelador. Si en inglés (The handmaiden) no deja duda de que la doncella del título se refiere a la sirvienta de una delicada joven encerrada en una mansión que esconde secretos, su título en castellano sirve para las dos protagonistas: doncella es Sooke, que entra a trabajar al servicio de la joven millonaria, Hideko. Y Hideko también es doncella…, delicada y virginal. Y alrededor de las dos gira una historia de amor, pasión, sexualidad y venganza (uno de los temas estrella de Park Chan-wook).

El material de partida del director coreano es una novela de Sarah Waters, Falsa identidad, que ambienta la novela en el Londres victoriano. Y Park Chan-wook se va a la Corea de los años 30, colonizada por los japoneses, y también proporciona una mansión-cárcel espectacular (con toques japoneses y británicos) con recovecos secretos y crueles, donde transcurre la mayoría de la historia. Una mansión que nos es presentada bajo la mirada asombrada de Sooke y que transmite también ese asombro al espectador.

Y es que una de las claves de La doncella es la estructura clásica en tres actos y el punto de vista ofrecido en cada una de ellas (la estructura en tres partes también está en la novela). Donde lo que se nos cuenta en la primera parte se transforma en la segunda… y llega a su desenlace en la tercera. Así Chan-wook entra de lleno en la premisa “nada es lo que parece” y en la importancia de la mirada (y punto de vista). La historia a través de los ojos de Sooke es una. La mirada de Hideko nos da otras claves. Y la mirada de ambas nos deja un desenlace… con una especie de epílogo discordante (y que descoloca) y a la vez atrayente entre medias donde en un tenebroso sótano se encuentran los dos personajes masculinos protagonistas.

Pero además su relato cinematográfico (de una cuidada y elegante puesta en escena, donde es todo un virtuoso) contiene una lectura profunda sobre el erotismo y la pasión (otra de las constantes de su carrera cinematográfica, junto a la plasmación con una estética especial de la violencia). Por una parte el encuentro pasional entre las dos doncellas que van desvelando y construyendo una historia de amor, supervivencia, conocimiento y pasión desatada. Ambas mujeres encuentran un camino hacia la liberación de sus complejas vidas a través del sexo (historias ambas de sometimiento y sufrimiento). Y por otra la visión oscura, fetichista y extraña del tío de Hideko que proporciona una dura y cruel educación sexual a su sobrina (y antes a su tía) convirtiéndola en un objeto sexual pasivo y distante. Hideko lee textos eróticos en la distancia (y es protagonista de retorcidas performances) y despierta las fantasías de sus oyentes… alucinados ante la influencia literaria de un Marqués de Sade u otros que arrastran a sus lectores hacia los secretos más ocultos de la sexualidad. Por último, está el cuarto personaje en discordia, un falso aristócrata que es el que introduce a Sooke en la casa para que le ayude en su plan perverso de seducir a Hideko para arrebatarla su fortuna y después confinarla en un manicomio. Y este emplea la seducción y el erotismo para un fin determinado.

Si a todo esto le unimos un empleo mágico de los espacios que crean sendas y recovecos en el avance de la trama, un cuidado exquisito de la atmósfera, una ambientación que traslada al espectador a otra época y entorno, y una sensualidad que envuelve toda la historia, el visionado de La doncella se convierte en un placer. El placer que tiene que ver con los buenos cuentos victorianos con gotas de misterio, crueldad, sensualidad, romanticismo… y que deja en la cabeza imágenes perdurables, además de permitir mirar por el ojo de una cerradura que encierra todo tipo de secretos.

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