Las furias

Las furias es el debut de Miguel del Arco en el cine. El hombre del teatro deja esta vez los escenarios y se sube a la pantalla blanca. Y desata toda una lluvia catártica, una tragedia familiar que termina de manera singular: la familia como cárcel y liberación. Los Porto Alegre se reúnen un fin de semana en la casa veraniega y empieza la tormenta, se desatan las furias y después… la calma. Es curioso, porque podría haber empezado el post igual que el de Agosto (adaptación cinematográfica de la obra de teatro de Tracy Letts, que también ilustra una reunión familiar tormentosa): “Ya lo dijo Tolstoi en Ana Karenina, ‘todas las familias felices se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera’”… y es que muchos de los actores que construyen los personajes de los Porto Alegre también tienen su recorrido en otras familias trágicas de ficción (bien del mundo del teatro, bien del mundo del cine). Lo hermoso es que Miguel del Arco ha dado rienda suelta a sus inspiraciones, y si conoce bien los mecanismos del teatro y se nutre además de la mitología, la tragedia griega y shakesperiana, se empapa también del melodrama cinematográfico desatado. Y crea una película tan especial como Las furias, con voz y personalidad propia, que deja además al descubierto un abanico de buenos actores.

Y volviendo a Agosto no viene mal recordar que cuando se representó en los escenarios de la tierra… una de las protagonistas fue Carmen Machi, que aquí es Casandra, que está casada con un hombre que la ama, pero que se encuentra derrotado y trata de disimularlo (Pere Arquillué). Casandra es hermana de Héctor y Aki. Aki tiene el rostro de Alberto San Juan, una especie de Panero que anda suelto con el desencanto y la locura a cuestas, y este actor ya fue también miembro de una familia cinematográfica especial en La isla interior de Félix Sabroso y Dunia Ayaso. Héctor (Gonzalo de Castro, que ha trabajo en los escenarios con Del Arco, como muchos de sus otros compañeros de reparto), el hermano perfecto y optimista, vive junto a Ana que tiene el rostro de Emma Suárez, que a su vez protagonizó una de las películas con familia más incómoda, a lo Canino de Lanthimos, La mosquitera de Agustí Vila… Así que referencias a familias trágicas y con punto extraño, en cine y teatro, no faltan.

Los padres de los Porto Alegre son Leo (José Sacristán), un famoso actor de teatro, que ahora arrastra el alzheimer y el olvido pero que, sin embargo, es capaz de recordar aquellos monólogos que recitaba sobre los escenarios, y no pierde el vínculo con su nieta. Y Marga (Mercedes Sampietro), una profesional de la psicología, que curiosamente le cuesta expresar sus emociones y no sabe comunicar lo que la pasa a sus seres más cercanos. Marga tiene una ayudante con la que no la cuesta hablar, Julia (Barbara Lennie). Teatro y Psicología. Cine y Psicología. Una película de imágenes, pero también de personajes. Los tres hermanos tienen nombre de personajes mitológicos… y se comportan como tales. Y es que la mitología conocía bien la personalidad de los seres humanos…

Primero conocemos a Las Furias… y a continuación en un vídeo casero vemos las imágenes de la familia Porto Alegre, después de una representación teatral. Y ya vemos muchos lazos y desuniones. Y en ese vídeo, la más pequeña, María, la hija de Casandra, cuenta alentada por su abuelo la historia mitológica de Las Furias… y cómo estas pueden despertar…

Y llegamos al momento presente y esa familia rota vuelve a reunirse durante un fin de semana… por un malentendido (quizá varios, todos tienen algo que contar, pero no se atreven). El pistoletazo de salida lo provoca Marga que no sabe cómo dar una noticia a sus hijos y juega al equívoco. Todos tienen secretos ocultos, culpas, incomunicaciones, silencios y situaciones difíciles. Aquella niña, María (Macarena Sanz), es ahora una adolescente a la que le acaba de dar un fuerte brote psicótico… y muchas veces vemos a través de su mirada distorsionada, furiosa. Porque toda la familia está al borde de un brote psicótico… y hacen faltas varias catarsis en cadena… y el caos absoluto… para que llegue una calma: son familia y son cárcel, pero también es ese círculo en el que se sienten seguros y capaces de perder los estribos, y no ser abandonados.

Así Miguel del Arco se desata y coge el testigo sin miedo a llegar a una catarsis melodramática y cinematográfica. De llevar el dolor hasta el delirio, sin rozar el ridículo, pero casi al borde, como se hacía tan maravillosamente en los melodramas de los 50, a lo Douglas Sirk o Vincente Minnelli… pero también con el desgarro y la distorsión de un Robert Aldrich.

Sí, Las furias de Miguel del Arco deja sus imperfecciones a un lado y te arrastra al delirio de los Porto Alegre y a una lluvia que lo limpia y lo calma todo.

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