45 años

“Me preguntaron cómo sabía si mi amor era verdadero. Yo por supuesto contesté que algo aquí dentro no podía ser negado. Dijeron: Algún día descubrirás que todos los que aman están ciegos… Cuando tu corazón está ardiendo, debes darte cuenta de que el humo entra en tus ojos. Entonces no les hice caso y me reí alegremente al pensar que ellos podían dudar de mi amor. Hoy mi amor ha volado lejos, estoy sin mi amor… Ahora mis amigos se ríen de las lágrimas que no puedo ocultar. Entonces yo sonrío y digo: Cuando una llama encantadora muere, el humo entra en tus ojos…” … Esta es la letra de la canción Smoke get in your eyes y cobra un crudo y desolador significado en la película 45 años de Andrew Haigh. Nada tiene que ver cuando la tararea al principio de la película una tranquila y alegre Kate (Charlotte Rampling), que cuando suena al final de la película. El gesto y el significado que adquiere para Kate es totalmente diferente y desgarrador. 45 años es la historia de la descomposición de un matrimonio de cuarenta y cinco años en una semana… por la presencia abrumadora de una figura del pasado.

El director británico Andrew Haigh (que parte de un relato corto de David Constantine y convierte a 45 años en su tercer largometraje) cuenta cronológicamente una semana crucial en la vida de un matrimonio mayor: Kate y Geoff (Tom Courtenay), Geoff y Kate. De lunes a sábado…, día que celebran cuarenta y cinco años de casados. Pero una carta altera toda su existencia…, la unión matrimonial de Kate, pues es su mirada la que prevalece durante toda la película. Toda su vida tranquila en ese paisaje verde y lluvioso, con algo de niebla, se derrumba y da paso al vacío. Para ello Haigh se apoya en desnudar las emociones de sus dos intérpretes y en ir dosificando de manera sutil y brillante la información hasta ir desgranando un elegante y triste drama.

En esa carta, al principio de la historia, informan a Geoff de que ha aparecido en los Andes suizos el cuerpo congelado de Katia, su primera novia, que falleció hace cincuenta años en un accidente. Y a partir de ese momento el recuerdo de ese amor invade el relato cinematográfico. Geoff, que ha estado gravemente enfermo y se encuentra en un estado frágil y vulnerable, sufre una especie de shock emocional ante la noticia… y en su interior sufre un deshielo… y ese deshielo rompe en mil pedazos a Kate que empieza a descubrir otra cara oculta de su matrimonio, de lo que realmente ha significado esa unión… y de cómo esa Katia sumergida ha determinado toda su vida e incluso decisiones de la pareja. Con el deshielo deja de estar ciega, y su amor y seguridad se resquebraja en mil pedazos… dejando una última imagen demoledora de su rostro.

Y parte de este triste y bello milagro no solo es obra de una inteligente dirección y empleo del lenguaje cinematográfico (esa elegante e íntima manera de rodar un descubrimiento de Kate en un trastero), sino de las miradas y la química que se establece entre dos actores con una larga trayectoria en sus espaldas. El recuerdo de Katia es como un fantasma que va desvelando otra cara de la plácida vida en común de Kate y Geoff. 45 años es una historia hermosa… pero llena de humo los ojos del espectador.

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