amor bajo el espino blanco

Amor bajo el espino blanco cuenta el amor imposible entre dos jóvenes, Jing y Sun, en plena Revolución cultural china. Así el realizador Zhang Yimou construye una historia con todas las premisas de Love Story (1970) de Arthur Hiller…, pero por suerte se aleja absolutamente de la sensiblería, cursilería, efectismos y recursos para hacer llorar al espectador de aquella (y aun así no le niego un cierto encanto, pues todos sus defectos los realizaba muy pero que muy bien, además del carisma de la pareja protagonista elegida para sufrir de amor). Por el contrario el director chino crea un historia sensible, delicada, poética y emotiva, con un marco histórico diferente así como el ambiente que rodea a los amantes. El punto de partida es una adaptación de un éxito editorial en China de la autora Ai Mi, que curiosamente empezó a publicar la novela, con el mismo título que la película, en su blog. Parece ser que uno de los protagonistas de la historia le facilitó un diario a la autora… y a partir de ahí surgió la novela.

De nuevo Zhang Yimou hace honor a su fuerza visual y al uso extraordinario que tiene del lenguaje cinematográfico y la puesta en escena. El símbolo del amor entre Jing y Sun será un espino blanco, que se llama el árbol de los héroes, porque en la segunda guerra mundial murieron bajo su sombra soldados chinos… y por eso se cree que sus bayas son rojas… por la sangre de estos. Siempre dicen que irán a comprobar si realmente son rojos sus frutos. Y en realidad es un espino que también simboliza a todos aquellos ciudadanos anónimos, como Jing y Sun, que vieron sus vidas trastocadas por acontecimientos históricos que no les dejaron crecer y desarrollarse con una libertad plena. Ella está señalada, pues su padre está encarcelado por ser considerado de derechas y capitalista, así que no puede cometer ningún error durante su educación para no ser penalizada y además es la esperanza de su madre enferma y sus dos hermanos pequeños para salir de la marginalidad social y política y de la pobreza. Él es hijo de un alto mando militar, con evidentes diferencias sociales respecto a su amada, y joven vitalista tremendamente respetuoso. Para hacer más presente el símbolo del espino, el primer contacto que tiene Jing con Sun es cuando escucha una canción popular rusa, melancólica y bella, sobre un espino blanco, que este canta con su acordeón. Y el último presente que hace Sun a Jing será un palangana con un ramo de bayas rojas de un espino.

Yimou es absolutamente delicado para narrar una historia de amor en la clandestinidad y poniendo en evidencia la represión política, cultura y sexual de la época, así como un maestro en la narración delicada del enamoramiento de ambos. Así con esta película abandona sus películas de acción y artes marciales e inicia, de nuevo, una senda hacia el intimismo. Como es habitual en su cine deja momentos de suma poesía y emotividad… y todos tienen que ver con el romance de los dos jóvenes. Ese momento en que cruzan el río y él le ofrece a ella una rama para ayudarla a cruzar, y que no se toquen las manos, pero poco a poco estas se van acercando. O cuando la madre de Jing les descubre juntos y hace prometer a Sun que no volverá a ver a su hija, y este le pide que por favor le dejé vendar los pies heridos de la amada, y lo hace en silencio y con una lágrima. O esa única noche que pasan juntos en una cama, todo delicadeza, así como esa despedida en el río, sin palabras… Así Zhang Yimou narra una trágica historia de amor y muerte entre dos jóvenes que tratan de superar prohibiciones y dificultades, y disfrutar de los pocos momentos que pueden compartir… como esa fotografía que se hacen juntos y que tendrá un valor y un emotivo significado al final. Y ese amor lo viven bajo una mirada crítica del director a la situación china de aquellos años y con un delicado retrato de la China rural, que ya ha estado presente en otras películas de  la filmografía de Yimou.

Así el realizador construye su particular love story pero con grandes dosis de lirismo y con un tempo calmado, como se cuentan las buenas historias.

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