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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Fuego en el mar

Un doctor de familia (para todo) es el que une dos mundos en Fuego en el mar del realizador Gianfranco Rosi. Por una parte la vida dura, pero de un tempo lento, apacible, incluso monótono de una isla de pescadores, Lampedusa. Y por otro ese fuego en el mar que provoca cada embarcación de inmigrantes localizada donde viajan cientos de personas en unas condiciones lamentables, y en muchos casos siendo necesario el rescate…, y que a muchos de ellos les cuesta la vida. Y es que Fuego en el mar es pura y dura metáfora de una realidad. Así se lo cuenta una abuela a su nieto: en la segunda guerra mundial, cuando los barcos tiraban bengalas… decían que parecía que había fuego en el mar. Cuando el mar era un campo de batalla. Pero ahora en el siglo XXI ese fuego en el mar no se ha extinguido y en sus aguas navegan y se hunden miles de sueños de personas que solo buscan un futuro mejor.

Y es ese doctor que trata día a día con los isleños y que atiende con paciencia a ese niño llamado Samuele (que a pesar de estar en un mundo de nuevas tecnologías… tiene como juguete favorito un tirachinas de fabricación propia)… quien cuenta cómo tiene pesadillas muchas noches por lo que tiene que ver en su día a día, por las condiciones en las que llegan hombres, mujeres y niños… Ese mismo doctor narra también cómo se distribuyen en los barcos (para venir en malas condiciones también hay clases sociales) y cuáles son las tarifas que tienen que pagar para arriesgar su vida y alcanzar una tierra que promete un bienestar que no tienen en sus países de origen.

Gianfranco Rosi construye un discurso pero a base de imágenes, realidad y metáforas visuales bien por contraste, por la fuerza de ciertas imágenes o bien por los rostros que cuentan historias. Lampedusa con sus habitantes en tierra parece un lugar donde el tiempo se ha parado, la modernidad se intuye o se palpa en algunos objetos, pero no es evidente. Sus gentes son humildes y sobreviven su día a día. El niño Samuele juega, pero también se prepara para una vida dura. Los ancianos pasan sus días en casa. El pescador sale cuando puede a la mar… El locutor de radio dedica viejas canciones italianas y escucha las peticiones de sus oyentes, pero también da las noticias y las tragedias de la mar. El fuego en el mar se ha convertido en algo cotidiano…

Cada noche o cada día llegan gritos de socorro de embarcaciones donde hay cientos de personas hacinadas y que algunas llegan ya muertas. Entonces empieza todo el proceso de rescate y Rosi se acerca a unos rostros que sufren…, uno de ellos incluso expulsa una lágrima de sangre. Más allá otro canta su situación y su largo viaje lleno de sufrimiento, por desierto y mar. Al lado una mujer desgarrada llora sus pérdidas. Otros caminan como fantasmas. Y algunos abandonan el barco envueltos en bolsas.

Y es ese niño Samuele, niño de tierra que se marea en la mar, quien con su problema óptico deja otra metáfora. Esa Europa nuestra con el ojo vago, que sabe lo que ocurre pero no mira. Y la cámara de Rosi que se convierte en ese ojo sano que se esfuerza por mirar una realidad que necesita una respuesta.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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