Florence Foster Jenkins

Stephen Frears ama a sus personajes, los mima. Últimamente esos personajes pueden venir de la literatura o puede rescatarlos de la Historia o de la historia con minúscula. Y los dibuja con sus sombras y sus luces. Y, también últimamente (vuelvo a repetir la palabra)… sus personajes protagonistas son mujeres, y busca el rostro de actrices de trayectorias especiales, brillantes (Judi Dench, Helen Mirren, Michelle Pfeiffer… y Meryl Streep). Todo empezó con Mrs Henderson presenta (2005), donde rescataba la historia de una dama que monta un teatro de variedades en tiempos difíciles. Continuó con La reina donde presentaba un retrato concreto de la reina Isabel: en el momento en que Diana sufrió un accidente de coche. Después acudió a la literatura para una radiografía de una cortesana de principios del siglo pasado en Chéri. Y adaptó un cómic para enseñarnos las andanzas de la joven Tamara Drewe en el mundo rural, en la película del mismo título. Rescató una historia de los periódicos en Philomena, donde una mujer ya mayor buscaba a su hijo robado con ayuda de un periodista… Hasta desembocar en una diva de la ópera… que no sabía cantar pero llegó a dar un concierto en el Carnigie Hall, Florence Foster Jenkins.

Y el tono de todas oscila y se decanta por la tragicomedia, que es el género más cercano a la vida de las personas, pues la vida está llena de glorias y desgracias. En Florence Foster Jenkins, Stephen Frears, con su tono, no solo logra hacer llorar de la risa, sino que emociona, y convierte a un personaje que hubiera sido fácil llevarlo por el camino del patetismo o el ridículo en una mujer absolutamente entrañable, apasionada e ilusionada con muchos motivos para actuar como lo hace. Y es que uno de los grandes aciertos de esta película, además de estar dirigida por un Stephen Frears que sabe contar y se enamora de sus historias, es un fantástico trío protagonista. Los tres intérpretes se hacen dueños y señores de sus personajes. Tres personajes que encierran en una burbuja sus vidas fracasadas y convierten su encuentro en una comunión especial. Florence Foster Jenkins cuenta con una Meryl Streep que da todos los matices necesarios para convertirse en una soprano extravagante, pero llena de encanto. Después su marido, St Clair Bayfield, tiene la cara de un Hugh Grant, que le da toda la elegancia de un caballero, la ambigüedad de un cazafortunas y el rostro de un hombre que realmente ama. Y, por último, Cosme McMoon, el pianista, que es interpretado por el cómico Simon Helberg, con ese rostro siempre al borde de la risa, pero también entre la inseguridad, el fracaso y la ternura.

Stephen Frears dirige con elegancia y clasicismo, y sus personajes se mueven por un ambiente de la época, de pasado. Florence Foster Jenkins se convierte en una heroína vintage. La película ofrece la cara tierna y patética de sus personajes, y de la sociedad que rodea a su diva (una sociedad hundida en la segunda guerra mundial). Su retrato entrañable deja en suspense si ella realmente se da cuenta de su propio patetismo y extravagancia o su patetismo y su entrega por la música es lo que la hace sobrevivir a una vida sin suerte, y lo que no soporta es cuando la quitan la máscara. Florence Foster Jenkins solo cuenta con una ventaja: su economía siempre cubierta y que la permite vivir en lo extravagante.

Y dentro de su tono ligero, como siempre Frears logra meter varias reflexiones: ¿cuál es el motivo de que esta mujer se haya convertido en una figura de culto y que en su momento lograra una gran popularidad…? Y las lecturas son muchas. Cada espectador puede ver una. ¿No es cierto que destacan los mejores, los grandes…, pero también se sabe la vida de los perdedores, de los peores en alguna disciplina? Ellos tampoco dejan indiferentes. Siempre ha habido atracción por el peor director de la historia del cine, por la peor interpretación, por el ciclista más lento, por la peor restauradora de una obra de arte… En la propia película, en un mundo que se derrumba, oscuro, en plena segunda guerra mundial, de pronto aparece esta diva que canta horrorosamente mal y que con pasión e ilusión organiza un concierto para los soldados… O también puede verse como otra cara de ese cuento maravilloso que es El traje nuevo del emperador.

Como colofón y curiosidad, un fenómeno del cine de Stephen Frears. Recordemos cómo dos cineastas rodaron su particular adaptación de la novela epistolar de Choderlos de Laclos. Así por una parte se estrenó Las amistades peligrosas, uno de los mayores éxitos de Frears en 1988, y a continuación Valmont, de Milos Forman. Pues le ha vuelto a ocurrir y esta vez son dos películas las que se inspiran en Florence casi a la vez. Una, claro está, la de Stephen Frears y la otra, del director francés, Xavier Giannoli, Madame Marguerite, con la actriz francesa Catherine Frot.

Florence Foster Jenkins logra que se salga con una sonrisa, pero también con una reflexión sobre los tiempos oscuros, el arte, las relaciones complejas, los perdedores, el dinero no da la felicidad pero ayuda, el carisma, las máscaras, lo extravagante, el poder curativo de la risa y de entregarse a las pasiones…

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