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El blog de Hildy Johnson

Simplemente, un blog "de cine"

Las flores de la guerra

Regreso a casa y Las flores de la guerra conforman un díptico del cineasta Zhang Yimou que parte de argumentos que surgen del universo literario de la escritora china Geling Yan. Y aunque no conozco sus novelas, sí me resulta interesante señalar, después de haber indagado en la Red, que es una escritora exiliada, después de la matanza de de Tiananmen, y que actualmente vive en Berlín. También que su vida le ha servido como fuente de inspiración de su obra: su padre fue una de las víctimas de las purgas en tiempos de la Revolución Cultural y ella se convirtió en una niña marcada que formaba parte del Ejército Popular de Liberación y que tuvo que luchar para no ser siempre relegada por su herencia intelectual paterna (si habéis visto Regreso a casa os sonará de algo este pasado)… Así Yimou ha encontrado en las líneas de dicha autora (que no es precisamente una voz del Gobierno chino) claves para continuar con su trayectoria cinematográfica y la plasmación de su mundo visual. También ha supuesto la vuelta del director al intimismo de sus primeras obras y a ese leit motiv de la mirada femenina sobre el mundo. Si en Las flores de la guerra parte de un acontecimiento histórico brutal para vomitar un melodrama épico-íntimo, con Regreso a casa se mete de lleno en la intimidad de una familia que ve afectada su vida por la situación política e histórica. La primera va de lo épico a lo íntimo y la segunda navega en la privacidad de unas vidas marcadas por la Historia.

Mientras como espectadora me metía de lleno en Las flores de la guerra, no pude evitar recordar en cada fotograma el universo vertido en Siete mujeres de John Ford (así como el final y el sacrificio de la doctora Cartwright) o pensar también en ese número 13, si trece fueron las víctimas de esta historia concreta, dentro de todas las atrocidades que se cometieron en Nanking; ese número también es el de las 13 Rosas de la guerra civil española… y me viene a la cabeza la frase de una de ellas, Julia Conesa: “Que mi nombre no se borre en la historia”. Y hago una pequeña variación: que las víctimas de todo conflicto bélico… no se borren en la historia. Y curiosamente unas son rosas y las otras son flores de la guerra.

En la película de Yimou trece son las estudiantes católicas, niñas, que se refugian en una iglesia de Nanking, tras la fatídica fecha del 13 de diciembre de 1937, cuando el ejército imperial japones invadió la ciudad china… y se produjo toda una masacre contra la población civil. Como en, desgraciadamente, muchos otros conflictos bélicos una de las “armas” de terror empleados por los miembros del ejército japonés fue la violación masiva y continuada de las mujeres, además de después, en muchos casos, matarlas de manera violenta. A esa misma iglesia van a parar doce (completar ese número es clave…, y uno de los momentos donde el papel de un personaje se justifica plenamente y consigue toda su identidad e intensidad dramática) prostitutas que también buscan refugio. Y todas buscan desesperadamante la manera de salir de la ciudad… y su llave será un occidental: un americano que se dedica a maquillar y preparar a los muertos. Un tipo cínico y desencantado con espíritu de aventura al que le interesa el dinero, el alcohol y las mujeres… y parece que poco más.

Las flores de la guerra

La película tiene un halo onírico-poético porque parte de los recuerdos (voz en off) de una mujer que en aquel momento fatídico tenía unos 13 años. Y su mirada todo lo transforma. Pero no es el único punto de vista en esta historia y esa mezcla de miradas las combina perfectamente Zhang Yimou. El occidental con rostro de Christian Bale transforma su mirada de cínico a mirada comprometida ante el horror que le rodea. Y parece que su personaje encuentra sentimientos que tenía sepultados bajo una coraza, cuando decide esconderse bajo una sotana de sacerdote para intentar frenar el destino despiadado de las mujeres que se refugian en la iglesia. El oficial chino que protege todo lo que puede y hasta al final (y porque quiere que la muerte de sus compañeros no haya sido inútil) a las estudiantes y se convierte en un francotirador invisible, que vela por ellas. Y el de la prostituta que lidera al grupo del burdel, una joven que se identifica con las estudiantes y con su todavía inocencia ante la vida, porque ella también lo fue. Esa mirada determina el sacrificio o si se quiere la solución de que uno de los dos grupos de mujeres se salve… (porque como demuestra la película en la secuencia del campanario, de otra manera podría haberse desarrollado el destino de estos dos grupos de mujeres). Y después hay un gran ojo multicolor, desde donde espían todos los personajes que se refugian en la iglesia, el gran rosetón… Desde ahí, por ejemplo, ve la estudiante-portavoz cómo avanza el grupo multicolor de las prostitutas cuando acuden a refugiarse…

Las flores de la guerra

Como siempre Zhang Yimou, y sirviéndose de esa mirada que se basa en el recuerdo, ofrece un mundo visual, que es impactante y bello a pesar de la crudeza y la violencia, que combina lo épico, con lo íntimo y poético. Un Yimou que juega con los colores para expresar y con la luz, pero que también toca las cuerdas del melodrama para desenterrar momentos de clímax emocional. Así se sirve también de una galería de personajes con identidad propia que juegan momentos fundamentales en la trama. Y aquí me gustaría señalar cómo Yimou trata a los dos grupos femeninos como si fueran dos personajes compactos, dando tan solo identidad individual a algunas de las mujeres (por ejemplo, la estudiante protagonista que narra la historia, la prostituta líder o las dos prostitutas que huyen y que su horrible destino anuncia lo que les espera a las mujeres). Los grupos son los que tienen identidad y personalidad, los que interactúan, contrastan en su forma de vestirse, moverse y comportarse, evolucionan y se funden finalmente en un solo grupo en una escena deslumbrante. Ellas son las flores, individuales, pero que forman un ramo. Sin embargo, son los hombres los que tienen una identidad individual, y no de grupo. Cada uno es un jardinero con un papel fundamental en el destino de las flores. Así desfila el trabajador de Tánatos, el americano, y le ofrece una de esas escenas premonitorias a la vez que hermosas: acicala a las prostitutas que se dirigen a una muerte segura, y para realizar su trabajo las tumba a todas (pues es así como está acostumbrado a maquillar y a peinar a sus “clientes”). O ese oficial chino que se convierte en francotirador y protege hasta el final a las estudiantes, con una muerte segura, pero tratando de llevarse por delante a una partida de japoneses que iban a provocar toda una masacre en la iglesia. O uno de los personajes más bonitos, el del adolescente adoptado por el fallecido párroco (y que justifica la presencia del americano al principio de la película) que se toma como batalla personal proteger a las estudiantes…

Zhang Yimou parte de un acontecimiento histórico concreto y en una narración épica para meterse lentamente en la intimidad de un recinto determinado donde se desarrolla un conflicto entre dos grupos de mujeres que desemboca en el sacrificio de uno para que el otro pueda salvarse… Unas flores se marchitan, para que las otras puedan seguir viviendo.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

4 Comments

  1. Luis S. dice:

    Qué bien que menciones a John Ford en un texto sobre Yimou. Ya hace años el crítico Á. Fernández Santos comparó alguna vez al director chino con el gigante Ford.

    Mis favoritas de Yimou creo que serían “El camino a casa”, “¡Vivir!” y “Semilla de crisantemo” (quizá la más violenta que recuerdo suya).

    Gracias, un saludo.
    Luis S.

  2. Qué bueno, querido Luis, leerte. Qué interesante lo que cuentas en el comentario sobre Fernández Santos. Yo no pude evitar acordarme todo el rato de la última película de Ford al observar cómo iba progresando la trama de Las flores de la guerra y el ambiente y espíritu que reflejaba la película. Ver Regreso a casa ha despertado en mi las ganas de ver la filmografía del director chino.
    Era un cineasta que tenía en olvido. No había visto sus últimas películas y apenas tenía vagos recuerdos de sus primeras obras. Así que voy a intentar disfrutarlo y acabar con este vacío. Y me apunto tus tres favoritas del director.

    Besos
    Hildy

  3. Victor dice:

    Me alegra mucho que recuperes esta película que no fue muy bien tratada en su momento. Se la acusó de abusar de un concepto que no entiendo denominado poesía de la violencia. Yimou traza como bien dices un desgarrador, épico y lírico drama en el que muchas veces juega en la cuerda floja jugándosela.
    Las escenas de violencia están a un punto del exceso tipo John Woo pero no traspasa esa línea…y el drama está muy bien contado y mejor visualizado….es un auténtico placer estético. Y Crhistian está de lujo…borda el papel. Otra cosa es que tal vez no todas las chicas, ya que es imposible tenganm el protagonismo merecido…pero la dialectica de las novicias y las meretrices da para mucho. Gran texto para una gran película. Un abrazo

  4. Mi querido Víctor, qué alegría leerte. Y como siempre tu comentario es rico en ideas y matices. Estoy de acuerdo contigo en que no fue muy bien tratada Las flores de la guerra en el momento de su estreno. Sí, es un drama para analizar en su contenido y en la forma de plasmarlo. Y Christian Bale es de esos actores a los que no pierdo de vista… Y ya son años. Lo vi y se me quedó grabado cuando era niña en El Imperio del Sol… y hasta ahora.

    Beso
    Hildy

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