El nuevo mundo

No sería mala idea analizar las películas de Terrence Malick fijándose tan solo en el empleo de las voces en off en sus historias. Esas voces que vomitan reflexiones sobre las imágenes y van creando ondas rítmicas, como las que crea una piedra que se lanza a un lago. Voces que ahondan todavía más en el universo visual de este cineasta-poeta. Y lo que es cierto es que o se conecta o no se conecta con su mundo, su mirada…, con su manera de contar. En El nuevo mundo el cineasta da su visión de la colonización de América centrándose en un personaje histórico: Pocahontas. Y las voces en off, que hunden al espectador en la subjetividad de los sentimientos, cuentan los secretos más íntimos de Pocahontas, John Smith y John Rolfe.

Y esta vez Terrence Malick (que surgió de esa cantera de directores que dio el Nuevo cine americano durante los años setenta) crea un poema rotundamente romántico y se permite reconstruir personalmente una leyenda con raíces históricas. Así al personaje de Pocahontas lo convierte en una mujer pura, inocente, sin maldad, y con características, primero, de diosa benigna y pagana y, después (pues será bautizada), de una santa…, que vivirá entre dos amores que marcarán su vida: el aventurero John Smith y el colono John Rolfe. No dejaría de ser otra mirada interesante al cine de Malick el analizar cómo en sus películas influye la religión y la filosofía, así como el culto a la Naturaleza contra el carácter destructor y violento del hombre. Así ese nuevo mundo es una América habitada por los indios, que bajo la mirada de Malick son idealizados como seres humanos puros y bellos que armonizan con la Naturaleza, que son colonizados por hombres de hierro de tierras lejanas que llevan la destrucción, la codicia, la locura, la avaricia, la violencia, la barbarie, la suciedad, la enfermedad y la guerra además de una “civilización” que rompe la armonía… Pero fruto de ese choque violento también surge el amor entre Pocahontas y John Smith. Ella es una princesa, amada por los suyos. Él es un aventurero rebelde y ambicioso. Pero de ese choque entre ambos surgirá un amor intenso que hace que creen su propio paraíso…, los días que pasan en la selva, conociéndose, cuando él ha sido secuestrado (y gracias a Pocahontas se le ha perdonado la vida) por los indios.

Y en esta primera parte Malick despliega el mundo ideal de los indios, como puede comprobar Smith durante su secuestro, y la vida dura de unos colonos que llegan a una tierra desconocida y donde empezar desde cero no es nada fácil, además de arrastrar todos los defectos de las sociedades del otro lado del océano. Al final el brote de violencia es inevitable, a pesar de los gestos siempre pacíficos de una princesa que trata de aunar los dos mundos. Finalmente será arrastrará al mundo de los colonos, y ella se entregará a John Smith hasta tal punto que rozará la locura, sobre todo cuando cree que su amado ha fallecido (porque este lo quiere así…, para no tener que frenar sus ganas de conquista). Pero Pocahontas pese a su pérdida de identidad, conservará una pureza que la permitirá adaptarse a ese nuevo mundo de los colonos y construir, pero con la melancolía ya en el rostro, otra historia con John Rolfe. Con él ya no hay pasión, pero sí la construcción fuerte de una relación estable, tranquila. Una relación civilizada, ambos construyen y siembran. Y esta es la segunda parte de la película. La asimilación de Pocahontas de su nueva situación, sin perder del todo su esencia y su conexión con la naturaleza. Esto la convierte en un ser extraño pero a la vez atrayente, seductor.

Sí, habrá un último encuentro con John Smith. Una conclusión, una reflexión. Se darán cuenta de que su paraíso lo vivieron en la selva pero que ahora sus caminos no pueden volver a unirse. Los dos han seguido caminos diferentes. Como dice John Smith… ese momento, ese nuevo mundo lo dejó pasar…

Y para esta reconstrucción personal de la leyenda, Malick no solo nos mece entre los ecos de las voces en off, sino que envuelve con unas imágenes bellísimas que nos sumergen en el mundo de un personaje casi místico, Pocahontas. A veces la mira Smith, otras Rolfe, otras veces los suyos y otras veces ojos ajenos. Incluso ella misma nos devuelve su propia mirada. Y es que Terrence Malick ha encontrado en el director de fotografía Emmanuel Lubezki, los matices que dan ese toque especial y lírico a su mundo visual… Además está vez se acompaña de la melodía de James Horne que logra que viajemos a ese nuevo mundo… entre dos enamorados que aprenden a comunicarse y a mirarse… en una selva.

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