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Regreso a casa permite varias maneras de enfocar su análisis: un rostro de una actriz que cuando aparece, bien sonriendo bien llorando o desorientada, transforma y traspasa la pantalla blanca. Ese rostro corresponde a Gong Li, actriz china y musa de las primeras película del realizador Zhang Yimou. Otra mirada es situarla dentro de la trayectoria del realizador, un regreso a las historias intimistas pero visualmente potentes de sus inicios, siempre con Gong Li como protagonista. Zhang Yimou es un realizador brillante, pero su carrera y su obra cinematográfica ha ido evolucionando de tal manera que no solo se mira su valía a la hora de manejar el lenguaje cinematográfico, sino también su papel como realizador dentro de su país, China. A Zhang Yimou se le han criticado varias de sus últimas obras cinematográficas (las realizadas sobre todo durante el siglo XXI), sin negar su maestría y su fuerza visual, por considerar que es el director oficial chino… (por ahí se podría realizar un interesante ensayo con el visionado exhaustivo de toda su obra, para determinar si exactamente esta afirmación es cierta totalmente. Sus primeros films contenían una crítica al gobierno chino hasta que el realizador fue virando a un cine épico y de evasión), que tiene el beneplácito del gobierno. O por último dejarse llevar por la sensibilidad a la hora de contar una triste historia de amor con una secuencia final muy hermosa y melancólica, con la nieve cayendo (curiosamente, la nieve es el nexo de unión también con la última y bella escena de otro magnífico melodrama chino, realizado por un director que está alejado de la China oficial; me refiero a Más allá de las montañas de Jia Zhang Ke).

Y es esta última mirada la que convierte Regreso a casa en imprescindible. Cuenta cómo la Historia, con mayúscula, afecta la relación entre una pareja: los profesores Feng Wanyu (Gong Li) y Lu Yanshi (Daoming Chen), separados durante la Revolución Cultural China. Lu Yanshi se convierte en preso político y es separado durante años de su mujer y su hija pequeña Dan Dan (Huiwen Zhang), a la que apenas conoce. Como introducción a esta historia intimista, Yimou regala un prólogo bellísimo que narra la ruptura brutal de los lazos de esta pequeña familia, que además de dar con el tono de la película, muestra el dominio del lenguaje cinematográfico de Yimou (la tensión, el suspense, la emoción y el reflejo de ese amor al que separan a la fuerza…) y la magia del rostro de Gong Li. Ese prólogo cuenta cómo Lu Yanshi ha tenido oportunidad de huir y cómo trata de encontrarse con su esposa, pero la hija adolescente con ambición y ganas de que le den el papel protagonista de un ballet (para ella su padre es prácticamente un desconocido que además impide su ascensión en su pasión, el baile) cambiará de nuevo el destino de sus padres… Años después acaba la Revolución, y el padre regresa a su hogar… pero su esposa no le reconoce, padece una amnesia muy severa. Ella siempre espera que el esposo vuelva, sin darse cuenta de que está a su lado. Y la hija vive con la culpa, el dolor y el rechazo materno… A partir de este momento la película es la lucha intensa de Lu Yanshi para que su esposa le reconozca y por conseguir reconstruir su pequeña familia… La Historia con mayúsculas ha influido ya en la ruptura de un amor (ha arrasado con la memoria, el recuerdo…) y ahora se cede protagonismo a la historia íntima de un regreso a casa…

Y entonces Zhang Yimou narra una hermosa historia de amor, donde Lu Yanshi lucha por el reconocimiento de la amada. Y la amada no pierde nunca la esperanza de que su amado regrese en tren. La última carta que recibió la citaba el día 5 (sin especificar qué mes o qué año) en la estación de tren… y ella siempre es fiel a la cita. Mientras, la hija se convierte en testigo de esa historia de amor imposible y aprende a mirar y querer de otra manera a su madre y a su padre… Y los días y el tiempo pasan: la espera y la memoria son los ingredientes de esta nueva vida, de este regreso eterno y continúo. El hogar, el espacio privado es importante; los carteles en las paredes para recordar ciertos pasos que dar a esa mujer que olvida; ese piano que tiene que volver a sonar, esa puerta que nunca se cierra con llave; las esperas en la estación con la pancarta con el nombre del esposo; esas fotografías con el rostro de amado recortado… o ese baúl que llega un día con un montón de cartas del esposo, esas cartas que nunca pudo enviar… Zhang Yimou cuida los detalles, y con los primeros planos de sus actores cuenta y mucho, a veces no hace falta que hablen. El director maneja un melodrama íntimo, emocionante y catártico… y convierte Regreso a casa en una cinta extremadamente bella y sensible. Hasta tal punto que a Hildy Johnson le ha provocado las ganas de repasar las películas del director y ver aquellas que nunca vio…

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