Pre code RKO

Antes de que entrara en vigor el código Hays o el código de censura en 1934 (su redacción fue en 1930), Hollywood mantuvo un combate férreo entre seguir las medidas de la censura o continuar rodando libremente: sin necesidad de ser políticamente correctos o mostrando un abanico amplio de dilemas morales, sociales, políticos… Así durante este periodo, conocido como pre code, se rodaron películas que reflejaban que todavía el sexo y la dropodependencia no eran temas tabú o que una escena violenta o un desnudo podía enseñarse en la pantalla blanca. Además era un periodo fructífero y experimental en Hollywood: acababa de llegar el cine sonoro y por lo tanto el lenguaje cinematográfico y la puesta en escena estaba en pleno proceso de evolución hacia una nueva época, que dejaba atrás la perfección alcanzada con el cine silente. La incorporación del sonido ampliaba las posibilidades para el séptimo arte, pero también abría un periodo de adaptación y de aprendizaje de las oportunidades que ofrecían el sonido y la imagen juntos. Por otra parte, el público tenía hambre de cine, un hambre que aumentó ostensiblemente con el crack del 29. El cine era una posibilidad de ocio, que no era muy cara y que el público, de momento, se podía permitir… y permitía que ese mismo público pudiera evadirse en la sala de cine de la oscura y aciaga realidad o, por otra parte, sentirse reflejado e identificado y crear otros héroes anónimos o ánimos para la lucha.

El sistema de estudios estaba ya perfectamente afianzado y el cine, como industria, producía películas y películas para calmar ese hambre de cine de un espectador ávido de emociones que quería abandonar por una hora y media una vida gris. Así el periodo pre code es no solo rico sino sugerente tanto en el aprendizaje como en el estilo de ciertos directores, además también facilita el descubrimiento de una galería interesante de actores. Algunos evolucionarían más allá de periodo pre code, otros se quedarían en el camino, demasiado marcados por los temas tratados durante esta breve e intensa época, y otros eran ya estrellas consagradas del cine silente. Los aficionados al cine clásico y a este periodo estamos de enhorabuena ante la iniciativa de varias distribuidoras de ofrecer títulos pre code, con subtítulos en castellano, y copias medianamente decentes. Y las sorpresas y los interesantes análisis que se pueden llevar a cabo tras su visionado merecen la pena. Por mi parte, Hildy Johnson ya llevaba años intentando recopilar dvd de este periodo, pero ahora la oferta es interesantísima y bastante más amplia. Así en uno de mis múltiples y amados paseos por las estanterías de dvd, adquirí el pack rojo Pre-code RKO. Antes de la censura.

Las películas que se pueden disfrutar en el pack son: La diosa de Montmartre (1931), de Paul L. Stein; Esposas solitarias (1931), de Russell Mack; El obrero y la millonaria (1931), de Lloyd Bacon; La última acusación (1932), de George Archinbaud y, por último, La pasión de Vergie Winters, de Alfred Santell. Y una vez vistas todas, muchos aspectos son destacables de cada una de ellas.

Primero una libertad para reflejar distintos tipos de relaciones de parejas en todas sus variantes, sin prejuicios y sin moralinas. Relaciones tóxicas, no tóxicas, apasionadas, conservadoras, libres…, sin seguir un patrón dictado. Y eso las vuelve ricas. Otro tema interesante es la libertad tanto visual como en los diálogos para mostrar y hablar de la sexualidad. Por otra parte no hay reparo alguno en enseñar el desnudo (sobre todo el femenino), como se refleja en La diosa de Montmartre. También se muestra con naturalidad cómo las infidelidades y los adulterios no son castigados, al contrario sus protagonistas son las heroínas de la película (y sus personajes se construyen de tal manera que el público se pone totalmente de parte de ellas), como se puede ver en La pasión de Vergie Winters. Y con esa misma naturalidad se habla de la prostitución, como demuestra La última acusación. O dentro de ese abanico de relaciones vemos en El obrero y la millonario, como más allá del conflicto de clases, se plantea la posibilidad del chico florero y mantenido (en vez de la fórmula siempre explotada, aún hoy, de la mujer florero), que finalmente se rebela.

El obrero y la millonaria

También naturalidad para encarar la hipocresía social y la dificultad de seguir los comportamientos sociales establecidos, como refleja de manera divertidísima, como comedia vodévil y de enredos, Esposas solitarias. O también cómo no oculta la posibilidad de la corrupción política y de los problemas sociales en la interesante La última acusación o de nuevo en La pasión de Vergie Winters.

Por otra parte, este pack deja ver y conocer a una galería amplia de actores y actrices que construyen el universo pre code. Por ejemplo, una de sus reinas es la olvidada y bella Constance Bennett (presente en La diosa de Montmartre), que fue protagonista de otras obras importantes de cine pre code, como Tentación, Hollywood al desnudo o Lecho de rosas. O podemos ver cómo un jovencísimo y hermoso Joel McCrea era uno de los sex symbol del periodo pre code, presente en el pack en El obrero y la millonaria y en La diosa de Montmartre. El galán John Boles y su bigotillo eran el rostro del hombre por el que las heroínas toda su vida se convertían en las otras y él era el adúltero por excelencia que llenaba la vida de sus amantes de sacrificios y pesares… pero también de amor. En el pack está presente en La pasión de Vergie Winters, que es una historia con muchos elementos comunes a otro de los grandes éxitos del actor, La usurpadora (también pueden encontrarse rastros de otro melodrama mil veces repetido, La mujer X, en su vertiente de madre sufridora). Esposas solitarias ofrece la posibilidad de ver a un divertido Edward Everett Horton, uno de los grandes secundarios de la comedia americana, como total protagonista y rey de la función. Y en La última acusación (también conocido como El fiscal) un John Barrymore pre code…, que mostraba que su adaptación al cine sonoro era perfecta. El actor aprovechaba varios problemas de su vida real, la adicción al alcohol y su inestabilidad emocional, para construir un personaje totalmente creíble y natural. Y en esta película conocemos también a Helen Twelvetrees, una estrella olvidada y trágica del pre code. También nos encontramos con Ann Harding en La pasión de Vergie Winters, otra heroína habitual en el cine pre code.

La última acusación

Y, por último, el disfrute que ofrecen estas películas como cintas que se encontraban en plena experimentación del cine sonoro, así el lenguaje cinematográfico se seguía enriqueciendo, y el sonido se convertía en un aliado importante para contar historias. Así en La pasión de Vergie Winters nos encontramos con un mitin público de un político, donde cada personaje (con voz en off) piensa en asuntos totalmente ajenos, pero que enriquecen la narración y la comprensión de las relaciones entre personajes. En La diosa de Montmartre consigue una ambientación especial y una puesta en escena espectacular en la filmación de una fiesta llena de alcohol y sensualidad. En La última acusación se sigue haciendo hincapié en el empleo inteligente de las elipsis y se cuenta así mucho… y en las Esposas solitarias el uso de las puertas y las escaleras es todo un alarde y se producen escenas de divertimento puro…, aunque estos elementos alcanzaban la elegancia y sofisticación total en las comedias de Ernst Lubitsch; otros también aprovechaban, en clave de vodévil, todas sus posibilidades. Cómo filmar una cena o comida y que se cuenten visualmente, y con el diálogo, cosas interesantes tanto para la trama como para la descripción de personajes se puede ver en El obrero y la millonaria.

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