Las amigas de Ágata

Las amigas de Ágata esconde una historia bonita, se trata de uno de esos proyectos con energía positiva en el que todo confluye para una trayectoria brillante e inesperada. La película es un trabajo de fin de carrera de cuatro alumnas de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona…, que de pronto empieza a tomar vida (cuando hay profesores que intuyen y apuestan y críticos que acogen y programan), de tal manera que termina presentándose a varios festivales con buena acogida de crítica y público… hasta que consigue ser estrenada en salas de cine. Y el sueño continua. Las amigas de Ágata es una película a cuatro manos (dirección, guion y fotografía), low cost, con cuatro nuevos rostros (cuatro jóvenes actrices que debutan en la pantalla de cine en el largometraje: Elena Martin, Carla Linares, Marta Cañas, Victòria Serra)… y que logra atrapar un momento auténtico. Las amigas de Ágata habla de amistad.

Y quizá ese es el secreto de su éxito… el reflejar en el rostro de las cuatro protagonistas emociones que muchos espectadores hemos vivido: ese momento en el que dejas atrás a los amigos del colegio y empiezas la vida universitaria llena de nuevos rostros. Ese instante en que tus amigos del alma se vuelven extraños, lejanos, y en los que planea una ruptura natural y sin remedio porque has entrado en otra etapa diferente en el que no puedes compartir nuevas experiencias con aquellos amigos que pensabas para toda la vida (y que realmente si pasas ese escollo…, sí que son ya para siempre).

Las cuatro directoras decidieron contar algo que pudieran compartir y por lo tanto aportar ideas y miradas: y realmente las cuatro habían vivido lo que experimenta Ágata, su protagonista, al acceder a la universidad. Ágata ha empezado Humanidades y se sigue viendo a menudo con sus amigas del colegio: Ari, Mar y Carla. Pronto son conscientes de que ese universo íntimo y cómplice que habían construido se está transformando en otra cosa… y los cambios, en un principio, suelen ser dolorosos. La película es generacional (lo notas en la forma de hablar y relacionarse de estas cuatro amigas de 20 años: la importancia de los mensajes de móvil, la forma de ver películas —con un ordenador portátil en la intimidad de una cama—, la música, los ambientes en los que se mueven, cómo hablan, cómo se relacionan con los otros…) pero lo que cuenta es absolutamente reconocible por generaciones anteriores.

La estructura de la película es sencilla: una parte urbana donde vemos las reuniones de las amigas en distintas casas, locales, fiestas y en la calle y otra parte marítima donde ocurre una catarsis emocional durante un viaje que organizan las cuatro amigas a la playa. Las directoras recurren al primer plano y la mayoría de las veces, no siempre, miramos por los ojos de Ágata. Para construir ese universo íntimo y de complicidad… pero que está cambiando y transformándose, las directoras deciden apostar por el primer plano. Como si la cámara no quisiera perderse la expresión ni los sentimientos de ninguna de las cuatro protagonistas.

Y otro de los milagros es la química y complicidad entre las cuatro intérpretes, así como un sentido del humor espontáneo y natural. Cuando las cuatro directoras y las cuatro actrices explicaron en la Cineteca (donde se realizó la presentación de la película en Madrid) su método de trabajo, quedó muy claro que trabajaron mucho los personajes y las situaciones, además pudieron ensayar, para después dejarse llevar libremente por la improvisación. Y el resultado es como si la cámara recogiese una verdad, libre y espontáneamente. Y esos rostros, esos primeros planos, te los crees.

Las amigas de Ágata es de esas películas aparentemente sencillas, que atrapan la vida, pero que analizándolas un poco te das cuenta de que detrás hay mucha reflexión, decisiones sobre la puesta en escena y el uso del lenguaje cinematográfico. Finalmente, cuando entre las cuatro amigas se vive la catarsis, es decir, la verbalización de que su universo íntimo se ha transformado… solo queda que la cámara se aleje de ellas sutilmente…, porque después de la tormenta viene la calma, y la última imagen son cuatro amigas mirando un amanecer frente al mar… Su universo íntimo se expande…

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