Dalton Trumbo

Trumbo es un biopic del guionista Dalton Trumbo. Una película de corte clásico en lo narrativo, formalmente correcta, con una galería de actores principales y secundarios que son una gozada… y ¡que Hildy Johnson la disfrutó toda entera!, con pasión, por varios motivos: cine dentro del cine, el periodo de la caza de brujas, un personaje principal con mucho carisma, pero rodeado de buenos personajes secundarios, reflexiones de fondo interesantes… Volamos al Hollywood de los años cuarenta… y cómo se van complicando las cosas para los que formaron los diez de Hollywood (la película recorre varios años)… pero no solo a ellos, sino a sus familiares más cercanos, a sus amigos, a los conocidos. La figura central es el guionista Dalton Trumbo. No faltan escenas (otras de mis colecciones favoritas) en la sala de cine: con espectadores viendo el noticiario, disfrutando de Vacaciones en Roma o de The brave, en la sala de pruebas de Espartaco, en la premiere de la misma película…

Como todo biopic que se precie es una dramatización de la vida de un personaje, que se toma alguna que otra licencia. En Trumbo, se opta por un periodo determinado de su vida (desde que empiezan sus problemas en los años cuarenta hasta que sale de la lista negra y puede firmar con su nombre los guiones durante los sesenta) y son varios los personajes que reconoceremos, personajes de la época, y otros que son mezcla de varios personajes históricos.

Hay dos imágenes icónicas del guionista Dalton Trumbo que se reflejan en la película: el guionista frente a su máquina de escribir (distintos modelos según la época), tecleando y tecleando (¡amo esa imagen!) y la otra, reflejada en varias fotografías (existe incluso una escultura que así lo representa), Trumbo trabajando en sus guiones en la bañera, con sus gafas, su cigarro y sus recortes. La película también va mezclando imágenes reales de los interrogatorios del Comité de Actividades Antiamericanas con incursiones de los actores que representan esos personajes en la película. O, por ejemplo, se ven imágenes reales de la película de Espartaco pero en vez del rostro de Kirk Douglas insertan el del actor que lo representa (Dean O’Gorman).

La película muestra muchas de las problemáticas, dilemas, contradicciones e injusticias que se cometieron en Hollywood durante este apasionante periodo, que llegó a su culminación durante la guerra fría. Y Trumbo es un buen principio para aquellos que se acerquen por primera vez al tema y apasionante para los ya enterados e interesados por este periodo. Así habla de cómo Hollywood se dividió en dos: los más conservadores y los más progresistas ideológicamente. Y luego en medio, los simpatizantes de unos y de otros, que tuvieron que posicionarse y enfrentarse a dilemas que les marcarían de por vida. De cómo se llegó al extremo de no solo crear las listas negras, despedir y dejar a personas sin trabajo durante años (no olvidemos que la caza de brujas no se limitó únicamente al cine) solo por sus opciones políticas e ideológicas, sino que algunos de ellos (como Trumbo) fueron encarcelados o tuvieron que exiliarse. Cómo se creo un clima de miedo, de delación, de traiciones, de rechazo, de silencio…, cómo hubo a personas que les obligaron a tomar decisiones o hacer cosas que nunca hubieran hecho si no se hubiera dado ese clima y esa persecución absurda. Cómo unos decidieron luchar desde fuera, perder sus trabajos, dejar su país, su vida, perder su salud… u otros trataron de demostrar desde dentro lo absurdo de la situación y tratar de luchar por romper, dinamitar esa lista (opción que tomó Trumbo). Cómo algunos no resistieron la presión y para recuperar su trabajo hablaron de nuevo ante el comité o desde el primer momento dieron nombres de compañeros…

Así la película crea un Dalton Trumbo (Bryan Cranston) carismático, apoyado por su familia (donde se hace hincapié en su relación con su esposa Cleo y su hija mayor Niki Trumbo). Entre los personajes reales nos encontramos, por ejemplo, con la columnista viperina Hedda Hopper (Helen Mirren) que crea con sus palabras un clima de terror, amenaza y persecución. La estupenda Mirren regala una escena maravillosa cuando se ve desacreditada y vencida al ver por televisión cómo el mismísimo Kennedy va a ver Espartaco y solo tiene buenas palabras hacia la película. Con Louis B. Mayer (Richard Portnow) para representar cómo los productores, por presiones y miedos, aceptaron despedir a sus trabajadores y crear las listas. Con el actor Edward G. Robinson (Michael Stuhlbarg), como representación de aquellos simpatizantes de los diez u otros afectados, que finalmente ante la amenaza de pérdida de trabajo y prestigio, optaron por hablar ante el comité y decir nombres. O también Kirk Douglas, los hermanos King o Otto Preminger: el primero y el tercero no solo dieron trabajo a Trumbo sino que hicieron que recuperara su nombre en los créditos, dinamitando así la lista negra. Los segundos, productores de películas de serie B, dieron trabajo a los guionistas de la lista negra, bajo pseudónimos (uno de ellos con rostro de John Goodman tiene una escena memorable con bate de béisbol contra uno del Comité de Actividades Antiamericana…). Y entre los personajes inventados nos encontramos con el más interesante y carismático: es uno de los amigos de Trumbo con el que establece una relación especial durante la lucha, el guionista Alan Hird (Louis C.K.). Con él se plantea cómo luchar contra la lista negra: Hird es más radical, no quiere saber nada de los que le han hundido ni traicionar sus ideales o su forma de escribir, frente a Trumbo que le anima a dinamitar la lista pero desde dentro, demostrando que es un absurdo… no salirse del sistema sino cuestionarlo. En un interesante artículo del periódico The New York Times explican que en Hird se fusionan cinco guionistas reales: Alvah Bessie, Lester Cole, John Howard Lawson, Albert Maltz y Samuel Ornitz.

Así Trumbo de Jay Roach es una buena disculpa para recuperar, recordar y reflexionar sobre este periodo de la caza de brujas en Hollywood.

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