julieta

No es de extrañar que en un principio Julieta fuera a llamarse Silencio. Los tres relatos de Alice Munro que Almodóvar convierte en su película Julieta son Destino, Pronto y Silencio. Y precisamente este tercer cuento es el que le sirve para arrancar su película (el encuentro de Julieta con una amiga de su hija, Antía) y el que se convierte en el motor del conflicto desarrollado. Así también el silencio es lo que destroza a madre e hija durante años. Pero lo realmente sobresaliente de Almodóvar es que logra ser fiel a los relatos de Munro, pero lo que hace es ofrecer su mirada personal del subtexto que siempre sobrevuela sobre los relatos de la escritora. Lo que quiere Almodóvar es entender a la Juliet y a la Penélope canadienses de Munro, con sus Julieta y Antía españolas. Lo que la magistral Munro deja entre líneas, Almodóvar quiere plasmarlo, entenderlo, hacer su propia interpretación personal de los tres relatos protagonizados por Juliet, toda una vida. Así Julieta se empapa a la vez del universo cinematográfico almodovariano, no pierde su identidad, y ofrece además uno de sus melodramas más redondos y contenidos (… y silenciosos), pues parte de muy buen material literario que además ha sabido emplear con matices y cuidado.

La esencia y acontecimientos narrados de los tres relatos se vierten en Julieta: el viaje en tren (Destino), la visita a casa de los padres de Juliet (Pronto) y la separación entre madre e hija (Silencio). Tres acontecimientos que pueden parecer en un principio banales pero que sin embargo cuentan una vida y su tragedia: conocer al hombre de su vida (el pescador todo sexualidad y masculinidad, Xoan) tras un suceso traumático, conocer verdades que duelen, sufrir la ausencia y el abandono así como cargar con un sentido de culpa. Y el director en su afán de entender, comprender y querer a sus personajes, esa madre y esa hija, se permite regalarles otro final posible…

Pero Almodóvar crea una estructura perfecta y redonda para unir los tres relatos: cuando se produce el encuentro entre madre y amiga, este se convierte en catártico para Julieta, que vuelve a sufrir una ruptura en su vida pero esta vez para romper su silencio. Se pone a escribir una especie de carta-diario a su hija para explicar y poner en orden todo su pasado. En ese encuentro se derrama todo el conflicto: la amiga de Antía cuenta a una alucinada Julieta que se ha visto hace nada a su hija en el lago Como y que era madre de tres hijos. Y de pronto se nos va desvelando que Julieta lleva doce años sin saber absolutamente nada del paradero de Antía… Y de la relación madre-hija construye todo un melodrama familiar, que va en crescendo y con momentos trágicos y catárticos.

Su Julieta se desdobla en dos actrices (Adriana Ugarte y Emma Suárez), el rostro bello y frío pero también sin los surcos de la vida se funde con el rostro bello, frágil y sufridor con mucha vida a sus espaldas, sufrimiento y matices. Y la secuencia que visualiza esa transición es todo un alarde: en un cuarto de baño nos cruzamos con la Julieta joven golpeada por la tragedia (Adriana Ugarte) a la que cubren el rostro con una toalla para descubrirlo y encontrarnos con el rostro de una Julieta dolorida, muerta en vida (Emma Suárez). Y Almodóvar sabe crear imágenes visuales que golpean al espectador: ese tatuaje de un corazón con un barco y las iniciales de J y A (que es el centro del cártel que anuncia la película)… se convierte en un recurso crucial para visualizar la tragedia. Es el tatuaje que lleva en el brazo, Xoan, el pescador.

… es un melodrama tan contenido que apenas si la banda sonora de Alberto Iglesias, delicada, altera al espectador, no olvidemos que el silencio es la clave de la película… y esta tan solo estalla al final del relato cinematográfico con la voz desgarrada de una de las cantantes fetiches del director, Chavela Vargas (Si no te vas). Por otra parte las señas de identidad de Almodóvar están presentes: casas-localizaciones con un cuidado diseño (ay, pon una casa almodovariana en tu vida), un empleo del color para la narración cinematográfica (el rojo, el rubio del pelo de la protagonista…, el color tierra de las esculturas), cameos representativos del universo del director, personajes secundarios estrella (como una Rossy de Palma de ama de llaves puñetera, una triste y delicada Susi Sánchez, una luminosa Michelle Jenner o una fría y dura Nathalie Poza…, todas en personajes del universo Munro, bajo la óptica de Almodóvar), puntos suaves de humor en lo trágico (como respiros)…

Julieta consigue el equilibrio entre el mundo secreto, íntimo e inmensamente rico de Alice Munro con el desbocado, pero esta vez mucho más contenido, mundo melodramático de Almodóvar… Es una buena y placentera recomendación perderse entre las páginas de la autora y los fotogramas del director.

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