Diggers y Lou. Dos directoras, una película americana y otra australiana, las dos de cine independiente. Dos historias cotidianas…, mientras la vida va pasando… Dos buenas sorpresas, que esperan que las carreras de estas directoras tengan una continuidad y tristemente, de momento, parece que esa continuidad no llega. En una un Paul Rudd bien acompañado muestra que hay más vida tras sus roles para comedia, y en otra John Hurt sigue siendo grande.

Diggers (Diggers, 2007) de Katherine Dieckmann

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Años setenta, Long Island, un grupo de cuatro amigos pescadores de almejas, una forma de vida en extinción. Su día a día. La historia arranca cuando a los hermanos Hunt y Gina (Paul Rudd y Maura Tierney) se les muere, de repente, su padre, también pescador, y la cotidianidad de ambos se rompe. Esta ruptura es acompañada de una crisis de identidad que les hace remover y plantearse sus vidas. Pero sin grandes sobresaltos ni tempestades. Así sus vidas toman nuevos rumbos.

Katherine Dieckmann cuenta con su cámara como si la vida fuera un largo y tranquilo río, como las aguas que surcan con sus barcas los cuatro amigos cada día. Una vida con sus días: algunos con pequeñas sorpresas, otros con algún que otro obstáculo, el de más allá con risas, y el de más acá con pequeños dramas cotidianos. Días de vinos y rosas, de dificultades o de nuevos retos. De ganas de cambio o de todo sigue igual pero me gusta.

Alrededor de Hunt y Gina… se encuentran los amigos pescadores de toda la vida. Jack, el ligón de toda la vida… pero buena gente. Cons, el colgado filósofo. Y Lozo el grandote padre de familia que lidia como puede con sus dificultades y responsabilidades. También están Julie, la esposa de Lozo y buena amiga de Gina, y Zoey, la neoyorquina que entra en la vida de Hunt como un torbellino.

Dieckmann pasea su mirada por la vida de estos hombres que se ganan la vida de una manera que ya tiene sus días contados. Con tranquilidad, sin estridencias. Les acompaña en la intimidad de sus viviendas, faenando, en los locales de ocio donde pasan sus horas de tiempo libre. En los momentos en los que ríen o también en los que discuten.

La directora imprime una autenticidad que se palpa a lo largo del metraje, momentos que emocionan, otros que dejan una sonrisa perpetua, personajes reales y creíbles, gracias a unas interpretaciones llenas de matices de un grupo de actores entregado (junto a Rudd y Tierney, Ken Marino –también guionista–, Ron Eldard, Josh Hamilton, Sarah Paulson y Lauren Ambrose). Todos giran alrededor de Hunt, ese pescador al que le gusta sacar fotografías de “naturalezas muertas” con su polaroid y que de repente, tras la muerte del padre, se plantea si es ahí donde se quiere quedar… sin apenas cambios o remolinos en el río de la vida…

Lou (Lou, 2010) de Belinda Chayko

lou

Delicada historia que cuenta la relación especial que se establece entre una niña de doce años, Lou, y su abuelo paterno con alzheimer, Doyle (John Hurt). Opera prima de Belinda Chayko que cuenta con sensibilidad y calma una historia que emociona. Una niña y sus dos hermanas pequeñas que viven con su inestable y abandonada madre, una joven veinteañera con ya demasiadas responsabilidades. Una madre que trata de sacar adelante la casa y a sus hijas pero que también le apetece volver a ser amada y divertirse. Ante sus problemas económicos decide acoger al padre de su chico, que las ha abandonado, porque puede proporcionarle una ayuda monetaria. El anciano es un viejo marino que fue abandonado por su mujer Annie. Su llegada supone un pequeño tsunami emocional.

… en un lugar aislado, lleno de luz en una Australia hermosa y profunda pero a la vez solitaria e inhóspita, donde la vida pasa y la pequeña Lou trata de sobrevivir y madurar a grandes zancadas frente a las dificultades cotidianas. Donde la niña, que silenciosamente está enfadada con su madre porque esta parece que va a la deriva y porque no entiende que su padre las haya abandonado, intenta soñar y ser feliz, sentirse amada. El equilibro de su vida se ha roto y se siente continuamente en la cuerda floja, como su madre. La llegada del abuelo primero la vivirá como amenaza pero después conectará con el viejo marinero que sigue queriendo profundamente a la esposa que lo abandonó. Doyle confunde el rostro de su nieta con el de la mujer que una vez amó, su Annie. Así ambos establecerán una relación compleja donde podrán crearse un mundo especial que les hace huir de su dura realidad.

Belinda Chayko logra una historia luminosa y sensible de unas vidas tristes y con un futuro gris. Consigue una emoción especial que brilla sobre todo por la química y la complicidad que se establece entre la niña (Lily Bell Tindley) y el abuelo (maravilloso John Hurt). Una niña y un abuelo que sueñan con barcos que les llevarán a islas lejanas donde posiblemente puedan ser felices… No hacen falta apenas palabras, las imprescindibles, para plasmar una relación compleja, intensa, fuerte y bonita. La llegada del abuelo con su memoria rota, irá construyendo y recomponiendo la vida sin rumbo de su nieta.

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