la patrulla perdida

La patrulla perdida fue uno de los primeros éxitos sonoros de John Ford, un director pionero que ya había adquirido los secretos del lenguaje cinematográfico durante su etapa muda. Ahora había que dominar más frentes tras los avances tecnológicos. Y poco a poco el director iba construyendo su identidad cinematográfica. Es curioso ver cómo John Ford durante los años 30 tocó muchos palos y temas (algunos controvertidos y permitidos por el periodo pre-code, aunque Ford nunca eludió tocar temas complejos)… películas de boxeo, de aventuras marinas, bélicas, cine histórico, cine social, drama judicial… hasta que en 1939 rodó La Diligencia y encontró un género (del que no era en absoluto ajeno, recordemos su obra muda: El caballo de hierro o Tres hombres malos), el western, en el que no solo se especializó (pero, por supuesto, siguió tocando otros géneros como el bélico, el de aventuras y el cine social, que muestran que fue un director versátil y que puede ser tremendamente rico el análisis de su extensa filmografía), sino que además dio rienda suelta a su firma de autor. Una firma que había ido construyendo y creando desde su etapa muda y sus inicios en el sonoro. La patrulla perdida es uno de esos pasos hacia la formación de una potente personalidad cinematográfica, pero con cualidades que la convierten en una película fantasmagórica y extraña a la vez.

La película funcionó muy bien tanto con el público como con la crítica, además se estaba consolidando no solo una relación profesional duradera, sino que Ford iba encontrando también entre los actores, rostros que le acompañarían durante años. Si llamo la atención sobre que la película funcionó bien, es que eran tiempos difíciles (¿cuáles no lo son?). No solo se arrastraban los coletazos de la crisis del 29, sino que el mundo estaba convulsionado y se iba camino a una guerra brutal; con este panorama los éxitos cinematográficos eran para géneros que permitían el escapismo… películas donde brillaba el glamour, la elegancia, el romance extremo, donde había risas o donde la música era la gran protagonista. Pero también estaba ese cine oscuro que lograba triunfar y que reflejaba el espíritu del momento: el cine de terror, cine de gánsteres o un drama bélico fantasmal como el que nos ocupa…

La patrulla perdida ilustra también el inicio de una relación profesional duradera que eclosionaría en los años 40 con el nacimiento de Argosy Pictures, entre el productor Merian C. Cooper y John Ford, ambos serían artífices de obras como El fugitivo o Caravana de paz. Y por otra parte el director muestra también ya cómo le gusta trabajar con personas que conoce y con actores con los que forma camarilla y relaciones complejas. Así en este película coral uno de los protagonista es Victor McLaglen, que sería presencia inolvidable en otras películas de Ford como El delator o El hombre tranquilo.

Pero ¿qué cuenta La patrulla perdida en apenas una hora y unos minutos? La historia de una pequeña patrulla británica que va por el desierto de Mesopotamia (en realidad Arizona), durante la I Guerra Mundial, para una misión que solo conoce el oficial al mando. De pronto este muere por un francotirador árabe oculto. Los hombres se quedan en medio del desierto sin saber cuál es su misión ni lo que tienen que hacer; asume el mando el sargento, sin saber muy bien qué hacer. Después de una travesía de incertidumbres logran llegar a un oasis con palmeras y un edificio en ruinas… pero siempre al acecho del grupo se encuentran los francotiradores que les van haciendo perecer uno a uno.

Durante todo el metraje, no se presencia físicamente al enemigo (tan solo un momento al final), sin embargo, su amenaza no desaparece nunca y va minando poco a poco al grupo. La inmensidad del desierto, el oasis, el edificio en ruinas, los disparos por sorpresa, la situación ajena, al límite, y angustiosa en la que los hombres de la patrulla se ven envueltos y con la muerte y la soledad rondando siempre a su alrededor… crea una atmósfera extraña y fantasmagórica que envuelve todo el metraje, con una sensación de trascendencia, de un poder más fuerte, donde los hombres no tienen nada que hacer ante su destino, pero continúan luchando. Todo es extraño hasta las conversaciones y diálogos que mantienen los miembros de la patrulla. Para algunos la desesperación es tal que su comportamiento avanza hacia la locura o el deseo de desaparición. Especialmente llamativo es el proceso de locura que vive el soldado Sanders, un fanático creyente que va perdiendo la razón hasta terminar portando una cruz semidesnudo en el árido desierto. Para un personaje extremo se cuenta con la presencia de Boris Karloff, antes de que los monstruos eclipsaran su versatilidad como actor. A la vez que discuten y se desesperan también hay camaradería, solidaridad y unión… pero de nada sirve ante un enemigo que no les deja tregua (y ahí se ve el clima de una guerra, la patrulla británica odia a ese enemigo que no ve, y no desea ningún acercamiento sino poder eliminarlos, como están haciendo con ellos). Por otra parte además los hombres aquejados por el sol, la incertidumbre, el miedo… toman decisiones o acciones donde no hay sitio para la razón, a todos les invaden las emociones más ocultas. Hay un halo de irracionalidad en toda la película.

John Ford ya aporta imágenes tremendamente cinematográficas así como un uso del paisaje desértico totalmente narrativo y espectacular para contar su historia (como demostraría siempre ante los paisajes del lejano oeste). Así se ve a un hombre solo ante las dunas desérticas, la aparición del oasis en la inmensidad de la nada, o la potente imagen de un hombre caminando con una cruz y otro corriendo desesperado tras él. O para seguir nombrando: una avioneta sobre el desierto o unos sables sobre las tumbas de los soldados o un hombre con el torso desnudo y sin dejar de disparar una metralleta… son imágenes tan icónicas que han inspirado posteriormente a otras películas.

La patrulla perdida muestra el buen trabajo que puede realizar el compositor de una banda sonora, en este caso Max Steiner, que logra aumentar la sensación de fantasmagoría y extrañeza. O la importancia de los sonidos, esos disparos certeros que sesgan vidas. Así como esos diálogos a veces líricos, otros duros, los de más allá sin sentido que va reflejando el estado de ánimo o cómo les invaden los recuerdos, los miedos extremos, las sensaciones o las emociones. Detrás de este remake de una película muda británica (que a la vez adaptaba un relato) se encontraba el guionista Dudley Nichols.

La patrulla perdida descubre el camino o la senda que fue siguiendo un director con firma, John Ford.

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