matar a un ruiseñor

Razón número 1: una caja de secretos

Porque desde los títulos de crédito de Matar a un ruiseñor te sumerge en una atmósfera especial; no solo es la melodía delicada de Elmer Bernstein, sino las imágenes y el sonido de fondo. Las manos de Scout Finch (estoy segura que son las de ella) abren una vieja caja, mientras tararea una canción. Esa caja que todos tuvimos en nuestra infancia con tesoros maravillosos. La cámara se acerca a los objetos ocultos, que las manos infantiles van tocando: primero coge una cera y va pintando en un folio el fondo, del cual va surgiendo el título de la película. Después la cámara sigue recorriendo los tesoros, un viejo reloj sin agujas, un imperdible, unas monedas, un portaminas, una canica… Después de nuevo vemos las manos de la niña que realiza un dibujo infantil, una especie de pájaro…, vuelta a la caja para coger más pinturas, y una de las canicas se desplaza, hasta chocar con otra. De nuevo volvemos a una panorámica de toda la caja, donde además claramente se ven unos muñequitos tallados de una niña y un niño. Y la niña sigue dibujando unas ondas, quizá una representación del cielo o una nube, y de vuelta a la caja, donde hay recambios de plumas estilográficas, la canica, el reloj, más canicas, puede que una especie de pequeña armónica, un silbato… Y la niña terminando su dibujo. Tira la cera a la caja y oímos su risa ante su creación terminada… y de pronto rasga el papel. ¿Hay manera más hermosa de introducirte en el universo infantil y en el punto de vista que se va a tomar?

Razón número 2: Atticus Finch

El Atticus Finch de Gregory Peck es prácticamente un icono de un hombre de bien. Atticus Finch es un hombre alto, de aspecto impecable, siempre con traje, gafas, cierto aire de despistado, tremendamente educado con todos sus vecinos, respetuoso… Es abogado de vocación y amante del trabajo bien hecho. Vive en una pequeña localidad, Maycomb (no existe en los mapas), en Alabama. Es viudo y cría y educa a sus dos hijos pequeños, Jem y Scout. Cuenta con la valiosa ayuda de una mujer de servicio, Calpurnia, o también de su vecina, la señorita Maudie. Precisamente es esta vecina la que le explica a Jem que “Hay hombres en este mundo que han nacido para cargar con las tareas desagradables de los demás, tu padre es uno de ellos”.

A Atticus Finch le pide el juez de la localidad que se encargue de la defensa de un hombre negro, Tom Robinson, acusado de violar a una joven blanca, Mayella Ewell. Y Finch, aunque sabe que no es un caso fácil, en el año 1932, con los estragos de La Depresión a cuestas y en una localidad sureña donde la segregación racial es plena… se encarga de la defensa. Y además está convencido de la inocencia de su cliente y por tanto se esmera en la defensa y protección de la seguridad de Tom.

En un delicado documental que dirigió Cecilia Peck sobre su padre, esta muestra cómo el actor, en sus últimos años, recorría un montón de teatros para charlar con el público sobre su carrera cinematográfica y se plasma cómo su papel de Atticus Finch no solo era de los más recordados y amados, sino que era una figura de referencia.

Razón número 3: universo infantil

Uno de los aciertos de Matar a un ruiseñor de Robert Mulligan es su recreación del universo infantil de los hermanos Finch, en compañía durante los veranos de su amigo Dill. Los juegos infantiles, sus miedos, sus secretos, su curiosidad insaciable, sus preguntas, sus peleas, sus travesuras, sus razonamientos, sus rabietas, la relación con su padre… y, sobre todo, su valioso punto de vista enriquecen una película compleja. Scout (maravillosa Mary Badham) se convierte en la narradora de la historia y la recreación de sus recuerdos prevalece sobre los demás, dando no solo un aire nostálgico a la narración sino que también la empapa de una mirada sin prejuicios que trata de dilucidar y comprender la realidad.

Razón número 4: ponerse en el lugar del otro

“Si consigues aprender una sola cosa te llevarás mucho mejor con tus semejantes, nunca llegarás a comprender a una persona hasta que no veas las cosas desde su punto de vista”. Como dice Scout no había nadie que le explicara mejor las cosas y de manera más sencilla que Atticus. Y en una de sus charlas su padre le dice las palabras que encabezan este apartado. Unas palabras que cobran todo su valor cuando somos conscientes de que Atticus las lleva a rajatabla en su vida diaria y unas palabras que tanto Jem como Scout van entendiendo mejor, mientras van creciendo, no sin darse cuenta de que no son tan fáciles de aplicar.

A veces ver las cosas desde el punto de vista del otro, ponerse en su piel, no solo no es fácil sino que supone enfrentarse a la duda, al dolor, al sufrimiento, a la incomprensión de los demás e incluso al enfrentamiento… pero permite adentrarse en la complejidad de cada uno y entender (que no comprender) sus comportamientos o darse cuenta de las desigualdades, de las injusticias y de cómo se puede dañar para siempre la vida de alguien. Pero sobre todo ponerse en la piel del otro, supone conocimiento, información, reflexión, dudar, debatir, construir, dialogar…, cambiar.

Tom Robinson paga muy caro ponerse en el lugar de Mayella Ewell… y sentir compasión por ella. Algo que explica en el juicio… y que es absolutamente incomprendido por la mayoría de los oyentes blancos.

matar a un ruiseñor, Boo Radley

Razón número 5: alrededor de Boo Radley

Si hay un personaje presente en toda la narración, además de Atticus, es Boo Radley… primero alimenta la fantasía e imaginación de los niños. Es una presencia misteriosa que representa sus miedos y, después según va avanzando la historia, se va transformando en la emoción, la incertidumbre ante lo desconocido, el enfrentarse a lo que no se conoce… para ir convirtiéndose en una sombra oculta y amiga, en un amigo invisible vigilante que intercambia obsequios con los niños…

El tratamiento de Boo Radley es otro de los grandes aciertos de la película de Robert Mulligan. Él es el rey de las fantasías de los hermanos Finch, junto a su amigo Dill. Una fantasía que se va transformando ante su mirada sin prejuicios (y que culmina en una Scout que se pone en el lugar del otro y entiende). Boo va pasando de ser un monstruo terrorífico a un amigo invisible. Y de amigo invisible a un hombre imprescindible, cuya presencia salva a los hermanos de tener un triste final.

Los niños viven rodeados por los rumores, secretos y leyendas maliciosas que corren sobre Boo Radley. Este vive encerrado en una casa del pueblo, cercana a la de los hermanos Finch. Nunca se ve al personaje. Los rumores de la gente cuentan historias terribles sobre él y cómo su familia (sobre todo su padre) le tiene encerrado. Para los niños es toda una aventura de terror: atreverse a cruzar el patio e intentar ver “al monstruo”, que un día se materializa en una terrible sombra. O acudir a los juzgados para intentar ver los sótanos donde encerraron a Boo y “lo torturaron”, unos sótanos con murciélagos. Pero poco a poco, sobre todo cuando Jem recupera sus pantalones perdidos (en una de sus visitas terroríficas) y cuando este ve en el hueco de un árbol, una medalla…, su percepción va cambiando. Hasta el día que le enseña a Scout la caja con los objetos secretos, y le explica que todo lo ha encontrado en el hueco del árbol (que momentos antes ha tapiado el padre de Boo). El último obsequio que los niños han recibido son unas bonitas estatuillas talladas que les representan.

Finalmente Boo (que supuso el debut de Robert Duvall) se convierte en un personaje real cuando Scout narra su última y emocionante aventura en el bosque… que apenas puede ver, pues está dentro de ese incómodo disfraz de jamón…, pero lo que observa y lo que sus razonamientos posteriores le hacen comprender es que Boo no es una fantasía, sino un hombre de carne y hueso.

Boo Radley es un hombre con problemas de salud mental (marginado, encerrado, condenado e incomprendido) que solo puede comunicarse con los hermanos Finch…, esos curiosos niños que siempre merodean por el jardín de su casa.

Razón número 6: la complejidad de un concepto, ¿quién es el ruiseñor?

Y es que ante todo Matar a un ruiseñor plantea complejos dilemas morales y cuál es la ética adecuada para enfrentarse a ellos. Además estos dilemas morales culminan en un juicio donde los hermanos Finch se enfrentan de manera amarga al concepto de justicia y su aplicación. Y hay una mirada en absoluto complaciente. Dura.

A continuación del trágico final de Tom Robinson, Scout narra su aventura en el bosque y la aparición de Boo. Los dos hermanos son atacados salvajemente por el padre alcohólico que había acusado a Tom de la violación de su hija. Bob Ewell es un hombre alcohólico, racista, violento…, ignorante, humillado, azotado por la crisis, y pese a su victoria pírrica en el juicio, sabe que quedó al descubierto en la sala (y no precisamente muy positivamente), por eso sigue buscando venganza. Cuando trata de dañar a los hermanos, aparece Boo que se enfrenta a él…, esta pelea culmina con el fallecimiento de Ewell.

Atticus Finch se encuentra ante otro dilema: denunciar los hechos. Cree que tanto su hijo Jem como Boo pueden ser acusados por la muerte de Ewell (Scout da la sensación de que no pudo ver bien lo que realmente ocurrió… o quizá sí que vio demasiado, no hay más que mirar la expresión de sus ojos), pero también defendidos (es un caso claro de legítima defensa). Sin embargo, el sheriff le dice a Atticus que él va a contar que Bob Ewell cayó accidentalmente sobre su propio cuchillo…

¿Es justa la situación que vivió Tom?¿Su juicio?¿Su muerte (disparado cuando trata de huir desesperado)? ¿Es justo someter a juicio a Boo Radley? ¿Merece Bob Ewell que se cuente que su muerte fue accidental, ocultando la verdad de los hechos? ¿Puede Atticus Finch mostrarse, por una vez, cansado y aceptar la solución del sheriff? Todas estas preguntas quedan planteadas al ver una película construida de una manera compleja y que genera una reflexión continua.

La metáfora que circula por la película es una de las explicaciones de Atticus a Scout (en la novela la completa la vecina amiga). Y no es fácil, como nada de la película. Atticus le dice a la niña que es pecado matar a un ruiseñor, y ella le pide que se lo explique. Este le cuenta que los ruiseñores no hacen daño a nadie, no perjudican a los campos, solo cantan… Al final, Scout le dice a su padre que está de acuerdo con el sheriff, que llevar a juicio a Boo sería algo parecido a matar un ruiseñor. Y en el fondo un Atticus cansado sabe que toda la población de Maycomb (cada uno de una manera diferente) mató a un ruiseñor, a Tom Robinson.

Razón número 7: Harper Lee y Horton Foote

La película de Mulligan adaptaba uno de los grandes éxitos del momento: la novela del mismo título de Harper Lee (recientemente fallecida). Lee consiguió una enorme popularidad por Matar a un ruiseñor, novela de ficción pero con gotas autobiográficas. La novelista escribió sobre lo que conocía y se inspiró en sensaciones, emociones, vivencias y recuerdos de su infancia. Por ejemplo, el tercer niño, Dill, recrea a su gran amigo Truman Capote.

Hace poco fue todo un acontecimiento literario la publicación de un manuscrito, anterior a Matar a un ruiseñor, titulado Ve y pon un centinela. Este manuscrito (que todavía no ha caído en mis manos) es como una primera versión de la novela de Lee y cambia la perspectiva del personaje de Atticus Finch y la percepción de la realidad de Scout, presentando una cara más oscura en la personalidad del padre.

Para adaptar la novela de Lee a un guion se acudió a Horton Foote, dramaturgo y guionista, con una sensibilidad especial para plasmar la complejidad del Sur de Estados Unidos (como demostraría también en su guion de De ratones y hombres de Gary Senise o en su única novela también llevada al cine, La jauría humana), que supo extraer la esencia del libro de Lee para que después Mulligan plasmara su universo visual. En una entrevista que se realizó al guionista y que recoge el libro de Plot, Backstory 3, cuenta que no le gustaba adaptar porque le parecía una gran responsabilidad sobre todo si le gustaba la obra. Y no quería leerse la novela ni hacer la adaptación. Sin embargo su mujer sí lo leyó y le dijo que tenía que pararse a leerlo. Lo hizo y creyó que sí podía hacer algo (¡vaya si lo hizo!). Tanto el productor, Pakula, como el director, Mulligan, le habían pedido la adaptación a Harper pero esta no quiso. Así que pensaron que sería bueno un encuentro entre Foote y Lee… y así ocurrió. Foote dice “pasamos una velada juntos y nos quedamos como enamorados. Ese guion fue una experiencia muy afortunada”.

matar a un ruiseñor, Tom Robinson

Razón número 8: años 30, la depresión y los derechos civiles

Otro de los muchos aciertos de la película pasa por fijarnos en su año de estreno, 1962. Los años 60 fueron de pleno rendimiento en el movimiento de los derechos civiles. Y tanto la novela como la película daban una visión sobre el fenómeno de la segregación racial y sobre los derechos civiles pero no desde el punto de vista de la población negra, sino de una minoría de la población blanca que estaba siendo consciente de la injusticia y la desigualdad que generaba un sistema enfermo que era capaz de mantener la segregación racial.

Así en la película se escucha una voz adulta de mujer que pertenece a Scout, que podemos suponer que va a dar su mirada infantil desde su perspectiva adulta. Podemos suponer que esa Scout adulta se sitúa en el tiempo a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta (precisamente el nuevo manuscrito encontrado sitúa a esta Scout adulta en los años 50). Y nos narra los años de su infancia, entre dos veranos, en los que a su padre le encargaron el caso de Tom. Sus recuerdos empiezan en el año 1932 donde la población de su localidad todavía está azotada por la crisis económica. Es un momento histórico trágico e inestable, de cambio y contradicciones. La Scout adulta también se encuentra en un momento histórico inestable, de cambio y contradicciones…, quizá por eso afloran sus recuerdos infantiles y su intento de comprender y analizar lo que está ocurriendo en el momento presente.

Razón número 9: padres e hijos

Otro motivo para amar Matar a un ruiseñor es cómo refleja la relación entre Atticus Finch y sus hijos Jem y Scout. Y como los tres se protegen, se cuidan entre ellos, tienen sus códigos y sus claves para dialogar y comunicarse. Una de las primeras cosas que nos llaman la atención y fascinan es cómo los niños se dirigen a su padre por el nombre de pila, Atticus.

La película regala momentos impagables de los tres juntos o de cada uno de los niños con su padre. A través de la mirada de los niños y de cómo escuchan a su padre, vamos descubriéndole como persona y sus distintas facetas.

Hay momentos emotivos y completamente reales, como cuando Jem es testigo de un acontecimiento desagradable y su padre le dice, triste: “Hijo mío, hay muchas cosa feas en el mundo, me gustaría que no las vieras, pero no es posible”.

Los niños son intuitivos y no quieren marcharse cuando ven que varios hombres de la localidad han rodeado a su padre, que custodia, él solo, la puerta de la celda de Tim Robinson. Y asisten y ven desde arriba, con la población negra (la situación del público en la sala es otra muestra de la segregación racial), cómo su padre trabaja en la sala de tribunales y, sobre todo, Jem es consciente de lo que es injusto (Scout todavía solo intuye). O los dos le miran sorprendidos cuando su padre solo, con una escopeta (que nunca quiere usar y que se niega a regalar una a su hijo Jem), se enfrenta y mata a un perro rabioso. Esta última escena es otra de las escenas simbólicas de la novela y la película que tiene miradas y análisis interesantes y complejas, yo me quedo con la de un hombre (Atticus) que se enfrenta a la incomprensión y el racismo exacerbado que habita en Maycomb (perro rabioso).

Y es todo un disfrute asistir a las conversaciones entre padre e hija, así como este inculca entre otras cosas a su Scout, el amor por la lectura así como fomentar su capacidad para razonar las cosas.

Razón número 10: … Alan J. Pakula

Por último, es interesante descubrir la faceta de productor de Alan J. Pakula, que luego produciría sus propias películas como director. Pakula está detrás de muchas de las películas de Robert Mulligan. Después se convertiría en un director con películas tan notables como Klute. El último testigo o La decisión de Sophie.

De nuevo Foote cuenta en la entrevista antes mencionada que Pakula, además de facilitar su encuentro con Lee, hizo su propia aportación al guion (y ahí ya se veía una mirada cinematográfica de un futuro director de cine). Cuenta cómo el productor le dijo: “Mira, deja de preocuparte por el marco temporal de la novela e intenta centrarla en las estaciones de un año: otoño, invierno, primavera y verano” y Foote explica que ese consejo fue una gran ayuda “para la arquitectura del guion”.

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