loespigadores

Los espigadores y la espigadora es un interesante ensayo cinematográfico en primera persona. La directora Agnès Varda toma su cámara digital y con ella “escribe” una reflexión personal. La cineasta francesa, que rodó sus primeras películas en plena Nueva Ola, parte de la definición de espigar y espigador… y a partir de ahí comienza su viaje. Nos dice que en los diccionarios y libros que consulta sobre dicha labor suele aparecer uno de los cuadros de Millet, Las espigadoras. Durante todo el documental este cuadro estará presente, pero también otro de una espigadora altiva, bella y orgullosa de Jules Breton (junto al cual la propia directora posa como tal, creando una interesante metáfora) y cerrará su ensayo fílmico con un precioso cuadro: Las espigadoras huyendo de la tormenta de Edmond Hedouin. Así entremedias de estas creaciones artísticas, elabora un meditado ensayo que habla sobre aquellos que recogen lo que se derrocha en las sociedades que nadan en la abundancia, dando un nuevo sentido a la figura del espigador (una labor que se veía o se sentía en desuso). Ver ahora este documental también supone encontrarnos con una Varda visionaria, pues su cámara recoge ya a muchas personas que espigan antes de que estallara la crisis, y muchas imágenes que filma serían y son más habituales desde el 2007. Lo que convierte a Los espigadores y la espigadora en una premonición.

Si miramos en nuestro diccionario de la Real Academia Española el significado de espigar se recogen varias acepciones, pero nos interesan las dos primeras: “coger las espigas que han quedado en el rastrojo” y “tomar de uno o más escritos, rebuscando acá y allá, datos que a alguien le interesan”. A partir de la labor de espigar la directora elabora su pensamiento e inicia su viaje por distintos lugares de Francia “rebuscando acá y allá, datos que a alguien le interesan”… convirtiéndose así a la vez en una espigadora. Una espigadora con una voz, unas manos, un rostro y un discurso que va construyendo.

Visita distintos campos cultivados, después de la recogida, empezando por los de patatas, después los viñedos, árboles frutales, tomateras o incluso invernaderos. Luego va extendiendo su radio a todo tipo de residuos, basuras, muebles, electrodomésticos y otros objetos. También se pasa por los supermercados, mercados y restaurantes para ver qué pasa con todo aquello que desechan. Incluso desemboca en el mar hasta los viveros de ostras… Y se va encontrando con diversas personas, hombres y mujeres, que espigan…, que recogen lo que ha caído después de las labores de labranza o que se agachan para aprovechar lo que otros ya han tirado.

Y la directora habla con ellos y descubre personas que espigan por necesidad, a otros que lo hacen porque siguen una filosofía de vida, al de más allá porque crea o enseña con lo que sobra… Además la espigadora Vardá tiene encuentros no solo que la marcan (como ese joven con gafas que recoge y come panes y vegetales que se desperdician en el mercado hasta que descubre que es profesor voluntario de alfabetización en un centro de refugiados) sino también otros que son fruto de la casualidad (cuando se para en un bazar de muebles viejos y encuentra un cuadro que fusiona las espigadoras de Millet con la espigadora de Breton). O un encuentro hermoso es el que tiene en un viñedo con un antepasado de Étienne Jules Marey (que además permite y le parece bien tanto la figura del espigador como el espigar; aunque, como se explica en el documental, en el caso de las viñas y los árboles frutales es más correcto el empleo de la palabra racimar), que experimentó con las imágenes en movimiento siendo uno de los precursores de lo que luego sería el cine… lo que permite a Vardá, con su cámara, convertirse en una espigadora de imágenes.

Los espigadores y la espigadora es un ensayo que bajo una aparente sencillez construye una tesis compleja llena de recovecos y detalles en los que fijarse: desde corazones en forma de patata hasta libros de legislación (para determinar la legitimidad del espigador contemporáneo) o cuadros que recuerdan una labor de antaño que sigue viva…

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